27 de diciembre 2012 - 00:00

Egipto, ante el peor fantasma: la apatía

El Cairo - Tras el referendo sobre la Constitución, Egipto encara ya las próximas elecciones en las que se elegirá un nuevo Parlamento. Sin embargo, los egipcios se sienten frustrados: acudir a las urnas no ha modificado su día a día.

En la plaza Tahrir, mujeres armadas con tijeras se concentraron para mostrar su descontento. Allí, donde miles de egipcios marcharon durante la «primavera árabe» para pedir la salida de Hosni Mubarak, se manifestaron contra la Constitución de los islamistas que ha sacado adelante contra viento y marea el presidente Mohamed Mursi. Decenas de ellas se cortaron el cabello como muestra de la pérdida de derechos con esta nueva carta magna.

A partir de ahora en Egipto rige una ley fundamental, por la que autoridades del islam tienen más influencia sobre asuntos sociales y de Estado. Una mayoría del 63,8% dijo sí a la Constitución. Liberales, partidos de izquierda, cristianos y numerosas mujeres temen una aplicación estricta de la «sharía», la ley islámica.

Pero no sólo entre la oposición, sino también entre la mayoría de los egipcios cunde la frustración, dos años después de la marcha de Mubarak. Así lo han dejado claro los resultados del referendo: si en las elecciones legislativas y presidenciales la mitad de los 50 millones de censados acudió a las urnas, ahora sólo lo hizo uno de cada tres.

Y dentro de dos meses hay una nueva cita electoral. Como el Parlamento fue disuelto hace unos meses, ahora habrá que elegir un nuevo Legislativo. La Justicia invalidó las anteriores elecciones, porque algunos afiliados a partidos se presentaron para los mandatos directos, reservados a candidatos independientes. Los observadores estiman que la participación será aún menor, y los Hermanos Musulmanes podrían llevarse un chasco.

En su cuenta de resultados, Mursi tiene muchos problemas y pocas soluciones. Los ingresos por el turismo y las inversiones directas desde el extranjero han caído considerablemente desde febrero de 2011. Las agencias de calificación de riesgo han bajado la nota de Egipto y la debilidad económica ha conducido a que también se reduzcan los ingresos por el canal de Suez, una de las principales fuentes de ingreso de dinero del país.

Además, mientras no haya un Parlamento, tampoco se puede avanzar en las reformas. El Gobierno, por ejemplo, quiere volver a ingresar dinero en las arcas recortando las subvenciones a la energía, lo que seguramente conducirá a nuevas protestas.

Por otra parte, la seguridad en el país desde la caída de Mubarak también ha empeorado de forma drástica. En la península del Sinaí campean a sus anchas milicias islamistas y bandas de contrabandistas, a pesar de varias operaciones militares.

Los islamistas tendrán un rival más fuerte en los próximos comicios, ya que la oposición que hasta ahora estaba dividida ahora ha unido sus fuerzas. El que fue secretario general de la Liga Árabe, Amro Mussa, el activista de la izquierda Hamdin Sabahi y el Premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei se preparan para la campaña electoral. Es poco probable que los Hermanos Musulmanes, los salifistas y otras formaciones islamistas consigan juntos el 70% de los apoyos registrados en los pasados comicios.

Otros egipcios destacados parecen haberse apartado por completo de la primera línea política. El empresario cristiano copto Naguib Sawiris, un político liberal, se ha retirado a su empresa de telefonía móvil Mobinil tras una denuncia por blasfemia.

La bloguera Alia al Mahdi, conocida en Egipto como la «bloguera desnuda», fue vista recientemente en Suecia. Por ahora no tiene previsto regresar a su país. Según ella misma confesó al canal de noticias Al Arabiya, tiene miedo de terminar en la cárcel. Al Mahdi provocó hace un año una fuerte controversia en Egipto por publicar unas fotos desnuda en internet. El hecho de romper ese tabú hizo que recibiera amenazas de muerte.

Agencia DPA

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