12 de enero 2012 - 00:00

El arca italiana que no cesa de navegar en escena

Manuel González Gil: «la obra es una parábola contra el autoritarismo. Todo eso se le escapó a la dictadura. Nosotros salíamos riéndonos porque los censores no se habían dado cuenta».
Manuel González Gil: «la obra es una parábola contra el autoritarismo. Todo eso se le escapó a la dictadura. Nosotros salíamos riéndonos porque los censores no se habían dado cuenta».
«Es curioso lo que me pasa con El Diluvio que viene, fue la única obra por la que pagué entrada tres veces, porque me enloqueció. Eso fue en 1979, y cuando me tocó dirigirla volví a sentir la misma emoción», así lo afirma Manuel González Gil, responsable de la puesta que esta semana llega al Teatro El Nacional luego de su debut en Mar del Plata, el verano pasado.

El célebre musical de De Pietro Garinei & Sandro Giovannini con música de Armando Trovaioli, gran jazzista romano, es casi un cuento de hadas. Dios le encarga a un cura de pueblo que construya un arca para que la humanidad no se extinga por obra del diluvio. Pero antes de cumplir su objetivo, el padre Silvestre deberá resolver varios conflictos relacionados con el abuso de poder del alcalde y con la falta de solidaridad de sus vecinos. Encabezan el elenco Juan Durán (Padre Silvestre); Natalie Pérez (Clementina); Julia Calvo (Consuelo); Pablo Nápoli (Don Crispín, el alcalde); Juan Bautista Carreras (Totó, el tonto del pueblo); Teresita del Río (Hortensia, esposa del alcalde). Dialogamos con González Gil.

Periodista: Aunque se base en un episodio bíblico y tenga a un cura por protagonista, «El diluvio...» es una obra para todo público.

Manuel González Gil: Es un cuento inocente y hermoso, con una música maravillosa y picos emotivos como no he visto en ningún otro musical. Es absolutamente familiar y al mismo tiempo tiene picardía y humor. Hay varios momentos -cuando arman el arca entre todos o en el final cuando Dios comparte la mesa con la gente de ese pueblo- en que la gente se sorprende y emociona. Cuando yo la vi era una obra de culto, un grito libertario contra la dictadura militar. Puede parecer una obra religiosa pero es muy cuestionadora del poder y de ciertas normas católicas que no se ajustan a la palabra de Dios y que hoy deberían revisarse.

P.: Por ejemplo el celibato del padre Silvestre, que le pone freno a su amor por Clementina, o su empeño en que la prostituta Consuelo suba al arca con su novio cuando todo el pueblo se opone...

M.G.G.: Sí, entre otros temas. Para mí la obra es una parábola contra el autoritarismo y el poder verticalista. Todo eso se le escapó a la dictadura. Nosotros salíamos riéndonos del teatro porque los censores de turno no se habían dado cuenta de lo que se decía en el escenario. Hoy su mensaje sigue vigente y fue una buena idea de la producción no aggiornar la obra, tomarla como un clásico y conservar sus aspectos artesanales. Incluso descartamos la luminaria robótica que suele usarse en los musicales. Acá hay mucho seguidor, como en la versión original, y eso le da una magia muy especial al espectáculo.

P.: Este año tiene unas cuantas obras en la cartelera marplatense: «Cuando Harry conoció a Sally», «Los 39 escalones», y ahora reestrenó «Un amor de tango» en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires...

M.G.G.: Son obras que perduran... La única que estrené este año fue «Extraños en un tren» (Teatro Güemes, Mar del Plata) con el Puma Goyti y Ludovico Di Santo. Es una muy linda obra de suspenso. Mi versión es más fiel a la novela de Patricia Higsmith que a la película de Hitchcock. La autora se había enojado mucho con él por algunos cambios argumentales: desaparece una relación homosexual y hay un crimen que finalmente no se comete, porque los códigos morales de Hollywood no admitían que un asesino quedara en libertad sin haber pagado su culpa.

P.: ¿Algún otro proyecto para este año?

M.G.G.: Voy a dirigir dos obras en México. Lo último que hice fue «Filomena Marturano» que todavía sigue en el Teatro de los Insurgentes, la sala más importante de México. Acá la dirigí con Bettiana Blum y Hugo Arana. Un productor mexicano la vio y me propuso hacerla con Rebecca Jones y Juan Ferrara dos grandes actores que también trabajan en telenovelas. Tal vez haga una versión de «Cuando Harry conoció a Sally»... Estamos viendo.

P.: Hay mucho director argentino trabajando en México.

M.G.G.: Es cierto, vi la versión de «Toc, Toc» que dirigió Lía Jelín y «Un dios salvaje» con dirección de Javier Daulte. También Daniel Veronese montó varias de sus obras en el D.F.

P.: Pero a usted siempre le piden productos más comerciales.

M.G.G.: Parece que es mi destino. Ya ni reniego de eso. Es mi realidad. Le cuento algo, yo trabajo mucho en el teatro «El galpón» de Montevideo y cada vez que me llaman, yo digo: «De nuevo están necesitados». A mí me resulta muy gracioso, cada vez que necesitan un éxito para balancear la boletería, ahí están: «Manuel, por favor, ya hicimos mucho Brecht ¿nos podrías traer otra obra?».

P.: Usted conoce muy bien los gustos del público...

M.G.G.: Ellos piensan eso, pero yo no creo que sea así. Por suerte son más las veces que la pego que las que no.

Entrevista de Patricia Espinosa

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