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El Ballet del Colón celebró con brillo su 85 aniversario
Imagen de «Séptima Sinfonía», magistral creación sobre la partitura de Beethoven de Vittorio Biagi, quien comparte con Balanchine el excelente programa de homenaje a los 85 años del Ballet del Colón.
Con un programa mixto, segundo espectáculo del Ballet Estable del Colón desde la reapertura del edificio, el ensamble dirigido por Lidia Segni celebró sus 85 años de vida. Para el festejo fueron elegidos dos coreógrafos cuyos lenguajes ofrecen un contraste estilístico que sirve además para mostrar diferentes facetas de la compañía: George Balanchine (1904-1983) y Vittorio Biagi (nacido en 1941).
Del gran creador ruso pudieron verse dos estrenos en Argentina, en reposición de Victoria Simon, representante del «George Balanchine Trust»: las «Variaciones Donizetti» y «Tema y variaciones», sobre la «Suite» opus 55 de Tchaikovski.
La primera de estas obras, estructurada en base a fragmentos de la última ópera del compositor italiano, «Dom Sébastien», es un fresco coreográfico, con toques de humor, para once bailarines. Aquí se lució la pareja principal conformada por la experimentada y siempre impecable Karina Olmedo y el vigoroso Juan Pablo Ledo, quien mostró virtuosismo y precisión.
En «Tema y variaciones» se pudo apreciar una sincronización mucho mayor tanto en lo que respecta a los bailarines mismos como a su interacción con la música; no es un detalle banal en uno de los coreógrafos que más milimétricamente trabajaron sobre las partituras elegidas. Gabriela Alberti, tal vez la integrante más puramente clásica del Ballet, realizó un excelente trabajo junto a su joven partenaire Federico Fernández.
La «Séptima Sinfonía» de Biagi es una magistral creación sobre la partitura de Beethoven, con un planteo escénico neto y funcional: practicable, rampas y un disco naranja sobre cámara negra. El lenguaje del coreógrafo italiano, discípulo de Béjart, no busca «traducir» en movimiento la partitura de Beethoven sino captar su esencia «apoteóticamente coreográfica», como bien lo apuntó Wagner.
Aunque sus solos tuvieron lugar en el segundo movimiento, corresponde mencionar en primer término a Nadia Muzyca y Federico Fernández, dupla de intérpretes que saben aunar perfección técnica y expresividad, y que hicieron del hermoso «adagio» diseñado por Biagi un momento de conmovedora poesía. Una pareja igualmente carismática, la integrada por Natalia Pelayo y Edgardo Trabalón, dio vida al «scherzo». No puede dejar de mencionarse tampoco la excelencia de Alejandro Parente en el primer movimiento ni la breve intervención de la pequeña Rocío Ruiz, alumna del Instituto Superior de Arte del Colón, en el cuarto. Todo el cuerpo de baile realizó una labor notable para esta pieza que a 36 años de su estreno en la Argentina continúa teniendo vigencia.
El director chileno Francisco Rettig condujo con pericia a la Orquesta Filarmónica en tres partituras de grandes creadores (cada una con sus propias dificultades), brindando el mejor marco musical posible a un espectáculo lleno de color y alegría, sustentado en el talento y la vitalidad de los integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón.


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