Periodista: "El rey del Once", su undécima película, se estrena el once de febrero. ¿Es como para jugarlo?
Daniel Burman: Me gustan los números, pero creo que es la décima.
P.: ¿Contando "Niños envueltos"?
D.B.: Así sería diez y media. Todavía me falta.
P.: ¿Por qué en varias de sus obras el protagonista se llama Ariel?
D.B.: Porque me resulta fácil de escribir. Cuando uno debe escribir varias veces un nombre, mejor que sea fácil. Le digo eso, pero debe haber alguna otra razón.
P.: Acá, como "El abrazo partido" y "Derecho de familia", un hijo se enfrenta a la imagen paterna.
D.B.: Un tema que siempre me atrajo. La relación padre-hijo, la construcción de la figura paterna. Las razones por las que, a veces, el peso de un padre ausente tiene más importancia que un padre presente. Pero no quisiera que supongan algo autobiográfico en mis historias.
P.: Pero el Once pertenece a su vida.
D.B.: Es el barrio de mi infancia. Me gusta y siempre vuelvo. Acá muestro la agitación del día, la tranquilidad que hay en la noche, y algunos lugares queridos como la escuela "Manuel Quintana" donde estudié, la esquina de "La Babel", que ya tiene sus años, la Galería del Sol, tan modernas y maravillosas que nos parecían cuando chicos esas galerías donde uno entra por una calle y sale por otra. Y la sinagoga de la calle Paso, donde voy cada tanto. De algún modo, la comunidad y el barrio se confunden. Son nuestra fortaleza y el origen de nuestras contradicciones, como una bóveda que nos asfixia y nos contiene.
P.: A propósito, en una escena nocturna un personaje va caminando y, de pronto, alegremente lo sorprenden, lo meten en la sinagoga y le pegan un baño, sumergiéndolo nueve veces seguidas. ¿Cómo es eso?
D.B.: Un baño de purificación y renacimiento, que los muy ortodoxos practican antes de una fiesta.
P.: ¿Pero meterlo así, de prepo?
D.B.: Puede pasar, a mí nunca me lo han hecho. Y para la historia resultaba una escena lógica. Con otras normas, la mujer también tiene un baño de purificación para recibir al marido. El ritual embellece ciertas circunstancias de la vida.
P.: Desde otra perspectiva, usted también muestra la belleza de ciertos corazones. ¿De dónde salió Usher Banilka?
D.B.: Era comerciante, pero poco a poco la actividad solidaria fue ocupando toda su vida. Desde hace años conduce una organización de ayuda a los pobres, judíos o no judíos. Eso lo he visto, a nadie le preguntan su religión. Está en Anchorena y Zelaya, Fundación Pele Ioetz, por el título de un viejo libro de moral. Conocí a Usher a través de un amigo común, me fui metiendo, y me pasó algo que reproduzco en la película. Me pidieron que consiga unos zapatos número 46 con velcro en vez de cordones, les llevé unos mocasines y me los devolvieron. Yo no lo podía creer. Pero el beneficiario había pedido zapatos con velcro, y ellos, cuando dan algo, lo hacen atentos a lo que el otro pide. Trabajan mucho en eso. ¿Desde qué lugar damos algo? ¿Miramos a los ojos al que nos pide algo? ¿Realmente lo estamos escuchando?
P.: ¿O le tiramos un hueso y seguimos de largo?
D.B.: Esta gente le presta atención. Algo más: lo hace sin esperar nada a cambio, ni siquiera que le agradezcan. Uno ahí percibe eso que se llama "el misterio del bien".
P.: ¿El Usher que aparece en la película es el auténtico?
D.B.: No podía ser otro. Le imaginé una situación, un hijo, y aceptó aparecer, lo mismo que el flaco Hércules, que vivió en la calle y ahora es la mano derecha de Usher. No sé cómo se llama, todos le dicen Hércules. Actúan Alan Sabbagh, Julieta Zybelberg, Elvira Onetto, Uriel Rubin, Dan Breitman, Adrián Stoppelman, Elisa Carricajo, pero muchos otros son auténticos voluntarios y beneficiarios de la Fundación. En el fondo, hicimos una película siempre al borde de la ficción, montada sobre la realidad. Por ejemplo, el almuerzo lleno de viejos que vemos en la sinagoga es real, se hace una vez por mes. Los filmamos con mucho respeto. Ellos ya la vieron, la han disfrutado mucho.
P.: Ultima pregunta: ¿la película también podría verse como una parábola sobre la gente que descuida a los suyos por atender demasiado a los demás?
(Pero Burman no responde. Ya se está despidiendo, porque se le hace tarde para ir a encontrarse con sus hijos).
| Entrevista de Paraná Sendrós |


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