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El conflicto reflota choques en Líbano
Un miliciano del Ejército Libre Sirio busca refugio en medio de enfrentamientos en un barrio de Alepo, epicentro del conflicto.
Los choques, descriptos como los más violentos desde el fin de la guerra civil libanesa (1975-1990), dejaron al menos 100 heridos y fueron protagonizados por hombres armados de los distritos de Bab al Tabane (sunita) y Yebel Mohsen (alauita, la rama del islam a la que pertenece el dictador sirio Bashar al Asad).
En los combates se usaron fusiles automáticos, ametralladoras, granadas antitanque y morteros. Unidades militares adicionales llegaron a la zona de Trípoli para intentar restablecer el orden.
Las Fuerzas Armadas libanesas instaron ayer a los líderes políticos a «no exacerbar las divergencias y asumir sus responsabilidades nacionales durante este período crítico». En un comunicado, el alto mando militar pidió a los dirigentes de las distintas tendencias políticas y religiosas «no inmiscuirse en la situación en el terreno».
Asimismo, advirtió contra las tentativas de «arrojar pólvora al fuego y explotar la situación regional tensa para un ajuste de cuenta en la escena interna, lo que perjudicará a todas las partes». «Se suponía que un cese del fuego entraría en vigor esta tarde, pero eso no pasó», dijo un residente.
Los libaneses temen que la violencia siria se propague a su territorio, lo que quedó reflejado en la portada de los diarios locales que coincidieron en advertir que «el pantano sirio está a punto de tragarse al Líbano», tal como resumió un artículo.
Los delegados de la Coalición del 14 de Marzo (prooccidental) reunidos en Trípoli declararon que Damasco está detrás de los enfrentamientos y exhortaron a los alauitas de Yebel Mohsen a «no inmolar a sus hijos por los intereses de Al Asad».
El primer ministro del Líbano, Najib Mikati, quien mantiene una posición neutral respecto al conflicto sirio, calificó los sucesos de Trípoli, su ciudad natal, como «un desatino».
El norte del Líbano, cuyo centro administrativo es Trípoli, es el principal baluarte de los partidarios libaneses de los rebeldes sirios. Desde allí se envían armas al Ejército Libre Sirio (ELS) y se introducen hombres armados, a los que Damasco llama «mercenarios y terroristas».
Agencias Reuters, ANSA, DPA y EFE, y Ámbito Financiero


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