3 de septiembre 2014 - 00:00

El dólar resucita (por defecto de otros)

El dólar regresó triunfal a la primera plana de las finanzas. Empujó ayer al euro a un mínimo anual -1,31- que no se observaba desde septiembre de 2013. En Japón sobrepasó los 105 yenes por unidad, su techo de enero. Y avanzó a su cotización más elevada desde julio de 2013 contra una cesta de las principales monedas. No sólo las divisas le abrieron paso: los precios de las materias primas también le rinden pleitesía. El oro -lejos ya de la fantasía de plantearle competencia en el terreno monetario- se desmoronó el 1,7%. Y el petróleo, pese a todo el revuelo que azota a Libia y Medio Oriente, se enterró el 3,1%. ¿Quiere alguien imaginar cómo podría ser el mundo cuando la Fed empuñe la suba de tasas? ¿Es la "debilidad del precio de la soja", como se preguntó el ministro Kicillof en el Consejo de las Américas, un anticipo de lo que está por venir? Lo de ayer puede tomarse como un corto publicitario. Dirigido, eso sí, por un amateur inexperto. Janet Yellen tomará otros recaudos para evitar que se le destruya tan pronto el decorado.

¿Renace el dólar en el mundo? ¿Vuelve a ceñirse el aura de moneda fuerte, una corona (que nunca buscó) que no ostentaba desde el cambio de siglo? ¿Su valuación irá in crescendo a medida que la Fed despliegue el regreso a la política monetaria convencional? ¿Qué más convencional, después de todo, que una suba de tasas y los estertores concomitantes?

Es muy posible, pero no hay que dejarse engañar tampoco por la mise-en-scéne de una semana muy especial. No está de más recordar cuál era el afán del BCE entre abril y junio: detener el avance del euro a cómo diese lugar, en lo que lucía como una rauda marcha hacia el umbral de 1,40.

No asistimos, no todavía, a una genuina muestra de fortaleza del dólar. Sube más por defecto (de otros) que por mérito propio. Y los niveles extremos de sentimiento, primas de volatilidad y posicionamiento, todos ellos, sugieren la exageración de una sobrecompra en el cortísimo plazo. La Fed juega un papel pasivo en esta dinámica. La apuesta fuerte tiene que ver con el BCE y, en menor medida, con el Banco de Japón. Se espera muchísimo de Mario Draghi mañana. Desde recortes de tasas (una tasa EONIA negativa sugiere una poda de 15 bps) y la ampliación de los pases para financiar el crédito privado hasta la menos probable sanción de un programa de expansión cuantitativa -el QE basado en activos privados- y la remotísima probabilidad de un QE soberano. Habrá que conceder todo eso para que el euro se zambulla por debajo de 1,30. El dólar trepará quedándose en su sitio; será la verba de Draghi la que obraría el milagro. En Japón la historia es similar: para licuar los contratiempos, se aguarda otra cucharada de estímulo a tono con el espíritu expansivo de las Abenomics. El declive del yen es el termómetro de las expectativas.

Gran Bretaña es un caso diferente. La economía no perdió el pulso. No está claro quién izará las tasas primero si el Banco de Inglaterra o la Fed. En EE.UU. el informe ISM de manufacturas arrojó ayer la lectura más robusta desde marzo de 2011. En las islas, la industria aflojó el ritmo pero la construcción aportó la segunda medición más alta desde que se llevan registros (la primera data de enero). Si la libra cayó ante el dólar no es porque haya perdido esta pulseada, es culpa de Escocia y el referendo por la independencia (el próximo 18). Los resultados de la encuesta más reciente de YouGov -53% a 47%- ratifican que son más los que prefieren permanecer en el Reino Unido, pero la brecha se acortó. Y los nervios pasan factura. Pero se comprende que si la votación confirma los sondeos, la libra volverá por sus fueros.

Un dólar más firme, accionado por las expectativas privadas, equivale a un endurecimiento de las condiciones monetarias internacionales (el dólar es la principal fuente de liquidez global). La Fed -que no tiene un objetivo cambiario- podrá convalidarlo. O no. Yellen tendrá la última palabra. Pero cómo no advertir que la resurrección del dólar le podría servir por partida doble: como un precalentamiento útil antes de la suba de tasas, y para calmar la ansiedad molesta de los halcones.

Dejá tu comentario