29 de diciembre 2008 - 00:00

El dos por cuatro y la libre asociación

Históricamente, el tango y la psicología no se han llevado muy bien; o, dicho de otro modo, la mayoría de las letras de los tiempos más gloriosos del género, con las madres santas y las minas infieles, parecieran haber sido escritas para el regodeo y el escarnio de cualquier psicoanalista principiante.
Sin embargo, en los últimos tiempos son ya unos cuantos los ensayos que miran más seriamente nuestra típica música rioplatense desde el análisis psicológico, y ahora nos encontramos con una mujer que decidió juntar tango y diván desde el título de su álbum. Y a mostrar, en consecuencia, otros personajes, otros paisajes emocionales y otros modos de pensar la vida. Mujer de este tiempo, porteña de Barracas, formada en el teatro y el canto, productora de programas de televisión y creadora de espectáculos de escena, Gabriela Elena es una rareza en el pequeño mundillo tanguero. Por esa postura conceptual de sus textos, que se acercan más a la balada de cantautor que al tango -al menos en sus más férreas convenciones-. Y porque tampoco es cosa menor que se haya atrevido a presentar solamente doce títulos de su cosecha. Con más o menos suerte, Elena ofrece aquí tangos, valses, milongas, habaneras y candombes y los interpreta con una buena voz y con la convicción de quien confía en lo que dice. La respalda un grupo con varios instrumentos que nunca deja de sonar camarístico y en el que sobresalen permanentemente las guitarras de Pedro Furió.

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