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El espíritu de Catulo revive con sensualidad
«Catulli Carmina», en esta versión, es una feliz conjunción de música, canto, danza, poesía y teatro.
Dos obras de diferente estilo y temática dialogan en el escenario unidas por el carácter lúdico que le imprimió a esta propuesta el coreógrafo y director Carlos Trunsky. El programa se inicia con una vivaz dramatización coreográfica de «El aprendiz de hechicero» de Paul Dukas (en su versión para 2 pianos). Pero el protagonista de este espectáculo ya no hechiza escobas para que lo ayuden a cargar agua, tal como indica el texto de Goethe que inspiró a Dukas este poema sinfónico de 1897 y que luego Walt Disney llevó al cine con el Ratón Mickey.
Trunsky trabajó con un imaginario muy diferente, centrado en un niño que juega con su propia silueta proyectada en una pantalla. Con un amplio vocabulario de gestos infantiles y movimientos acrobáticos, el bailarín Darío Rodríguez transforma su danza en una pantomima que propicia varias lecturas. El juego se inicia como un alegre homenaje al mundo del cine, a través del teatro de sombras. Pero la aparición de un doble (Gastón Sánchez) vuelve más peligroso este despliegue de espectros que trae consigo violencia y amenazas de muerte, hasta que la realidad irrumpe con un desenlace sorpresivo.
«Catulli Carmina» de Carl Orff (segunda parte del tríptico musical al cual pertenecen el célebre «Carmina Burana» y «El Triunfo de Afrodita») reúne varios textos del poeta latino Catulo, incluido el famoso «Odi et amo». Estos emergen en exuberantes contrapuntos entre el coro masculino y femenino, o dan lugar a enfrentamientos ácidos entre viejos y jóvenes.
Las voces del Ensamble Lírico Orquestal son de exquisita calidad sonora. Su canto parece golpear en el pecho de cada espectador, como ocurre con otras composiciones de Orff. Los solistas Sebastián Russo (Catulo tenor) y Cecilia Layseca (Lesbia soprano) brindan una interpretación rica en matices.
La joven Compañía de Danza del IUNA, transmite el entusiasmo y la sensualidad que exige este material erótico.
Los versos de Catulo -primero enardecido, por la inconstante Lesbia, luego furioso por su traición y finalmente abatido por su alejamiento- bordean a menudo la procacidad. Este rasgo queda algo diluido por el subtitulado en español. Las expresiones más pedestres quedaron en el camino pero, esa premura sexual tan propia de Catulo, está presente en la coreografía: ya sea en las maniobras lascivas de Lesbia (Lucía Pulles) o en los movimientos pélvicos de los varones.
«Catulli Carmina» es una feliz conjunción de música, canto, danza, poesía y teatro, acorde a esta cita del programa de mano: «El sexo no es amor. El amor no es sexo. Pero lo mejor de ambos mundos surge en el instante que se encuentran». No es una frase de Catulo, la escribió Madonna en su libro «Sex»).


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