29 de agosto 2016 - 00:00

El Gismonti más “clásico” entusiasmó a sus fieles

Los seguidores de Egberto Gismonti festejaron con devoción cada tema, aunque en su variante solista perdió cierto factor sorpresa propio de un músico popular y no dispone de la técnica depurada de un intérprete clásico.

VIRTUD. Lo de Gismonti es un estilo en sí mismo y seguramente es lo que lo hace conservar en nuestro país y en otros lugares una importante lista de seguidores.
VIRTUD. Lo de Gismonti es un estilo en sí mismo y seguramente es lo que lo hace conservar en nuestro país y en otros lugares una importante lista de seguidores.
Habitualmente caracterizado como un músico en el que se mezclan la música popular brasileña, lo clásico y el jazz, el formato solista con el que Egberto Gismonti ha venido las últimas veces a nuestro país y que repitió ante una sala sinfónica llena este fin de semana, lo emparienta más con un músico clásico, aunque él prefiera definir lo que hace como "erudito-popular".

Gismonti, en cualquier caso, es una "rara avis". Si se lo mira con ojos de repertorio clásico, lo suyo es de un romanticismo tardío, en cualquiera de los dos instrumentos (la guitarra de diez cuerdas y el piano de cola) y con las particularidades en cada caso. Esto significa que aportaría muy poco a lo dicho por Schubert, Schuman, Chopin, Sor o Tárrega.

Cuando toca su guitarra, tiende a la técnica de un clásico, amplificando el instrumento por micrófonos y no por línea, con su pierna izquierda descansando sobre un banquito y con un estilo preludiado y arpegiado propio del "guitarrismo" más tradicional; y su "escapada" hacia lo popular aparece en algunos golpes sobre la caja, en la rítmica de algunos pequeños pasajes o en la cuidada desprolijidad de toque que elige para el sonido de las cuerdas. Cuando se sienta al piano, las referencias a autores ilustres y antiguos son evidentes. Vuelve a esas cuestiones de lenguaje donde es obvia la referencia al siglo XIX o más atrás. Bach o el brasileño Heitor Villa-Lobos, jamás dejan de sobrevolar todo lo que hace. Y sólo sobre el final se suelta más hacia sus temas propios más conocidos y más festivos.

No es fácil contarlo a Gismonti sin desmerecerlo. En verdad, lo suyo es estilo en sí mismo y seguramente esté allí su mejor virtud y la que lo lleva a conservar en nuestro país y en otros lugares una importante lista de seguidores fieles que le festejan con devoción cada pieza. Con decenas de discos y de músicas escritas e interpretadas en todos los formatos, desde que optó por esta variante solista de actuación ha perdido, es cierto, cierto factor sorpresa propio de un músico popular y no dispone de la técnica depurada de un intérprete clásico. Para mal y para bien. Para entusiasmo de sus incondicionales y para cierto tedio de los que preferíamos al Gismonti más lírico, más jazzero, más folklórico de otros tiempos.

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