El hombre blanco -privilegiado desde la fundación de Estados y desde hace medio siglo asentado en la clase media- va en vías de diluirse en una nación que experimentó un auge migratorio, donde se está dando un cambio generacional a favor de los "millenials" y de paradigma económico que alimentó su enojo con la clase política tradicional.
Una encuesta publicada este mes por la cadena NBC muestra que el 54% de los blancos de EE.UU. están "enojados", por encima del 43% de los latinos o el 33% de los afroamericanos que, pese a tener los mayores índices de pobreza y población carcelaria, son los que más respondieron positivamente a la pregunta "¿sigue su sueño americano vivo?".
Ese sueño, según el cual si se trabaja duro se prosperará, era una certeza para los blancos estadounidenses del "baby boom" de posguerra, el tronco de la población votante, muchos de los cuales ahora empinan a Donald Trump ante las presidenciales de final de año pese a los que restan importancia a su fenómeno.
"Los republicanos eligieron explotar el miedo y asustar al votante más mayor, que ve que el mundo en el que vivía ya no gira en la misma dirección y las cosas no son como le habían dicho que serían", explica en entrevista Simon Rosenberg, estratega de campaña y fundador de NDN, un centro de estudios políticos progresista.
Rosenberg, que investigó en profundidad los cambios demográficos por los que pasó Estados Unidos en sólo dos décadas, opina que pese a todo hay que "ser comprensivo" y entender las frustraciones que llevaron a una parte importante del electorado blanco a aplaudir la xenofobia de Trump.
La del hombre blanco es una tragedia silenciosa. Según un estudio presentado este invierno boreal por el economista y Premio Nobel Angus Deaton, la incidencia de la depresión, la drogadicción y los suicidios entre los blancos de mediana edad (más de 45 años) y sin estudios universitarios en Estados Unidos es la más alta de todo el mundo desarrollado.
No sólo eso. En Estados Unidos, en esa parte de la población se dio un aumento del índice de muertes por alcoholismo, abuso de opiáceos o suicidios cuando en todos los demás grupos demográficos y los otros países desarrollados la tendencia fue a la baja.
La magnitud de los datos, extraídos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), sorprendió a los sociólogos, mientras que Deaton dijo que esta epidemia de muertes y enfermedades "sólo tiene un paralelo contemporáneo, y es la aparición del sida". Generalmente, los estudios sobre ingresos por raza agregan los de todos los hogares blancos, pero dentro de esa categoría existe una que se vio tan afectada como las minorías por la recesión de 2009: los blancos sin formación universitaria y empleos de bajo valor agregado que se despertaron del tan repetido "sueño americano".
En parte, son esos blancos afectados por la recesión los que alimentaron al movimiento conservador del Tea Party en 2010 y, pese a que existen diferencias, son los que llenan los mítines de Trump para escuchar de sus labios el enfado que sienten.
"Estoy enojado por muchas razones, pero no voy a estar enojado mucho más tiempo. Cuando arreglemos esto seremos felices", indicó en Iowa Trump, un showman que consiguió conectar con el malestar de los blancos.
Ese enfado y frustración fue fruto de la ruptura de un valor básico del individualismo estadounidense, ser autodependiente, algo cada vez más difícil en una economía globalizada y cambiante.
Por el momento, el Partido Republicano, que capitalizó ese descontento con un viraje más conservador que le granjeó el control del Congreso, se dejó tentar por las frustraciones del electorado blanco de mediana edad y baja formación.
| Agencia EFE |


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