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El mercado comienza a superar el miedo
Humala ya estuvo en un balotaje para tomar las riendas del país andino hace un lustro y fue derrotado. Hoy el descontento de los peruanos pobres, que aún no sienten los beneficios del auge económico del país, es una de sus cartas ganadoras.
El postulante nacionalista y la hija del expresidente Alberto Fujimori, Keiko, protagonizarán un mano a mano el primer domingo de junio, un duelo que algunos analistas han llegado a llamar un voto por «el mal menor».
Aunque nada puede darse por hecho con un electorado tan fluctuante como el de Perú y se pronostica una segunda ronda muy reñida, el militar retirado llega esta vez mejor parado.
«La segunda vuelta será muy ajustada, pero que gane Humala tiene un 60% de probabilidades», dijo Erasto Almeida, de Eurasia Group, en un reporte, contradiciendo los pronósticos de muchos analistas económicos.
El hecho de enfrentar a una rival bien vista por Wall Street, pero que despierta tanto amor como odio entre los peruanos, puede ayudar a Humala.
Y el haber moderado su discurso antimercado y las posturas radicales que le costaron las elecciones de 2006, cuando los peruanos le dieron la victoria al actual presidente, Alan García, podría convencer a algunos votantes indecisos.
«En una segunda vuelta es más factible Humala que Fujimori, es mi impresión», dijo Andrés Rozental, exvicecanciller de México y especialista en asuntos internacionales.
¿Cuánto ha cambiado el candidato de izquierda? Algunas de sus promesas contrastan con el plan de gobierno publicado en el portal de su Partido Nacionalista Peruano.
Por ejemplo, el candidato dijo que respetará los contratos de firmas privadas, pero su plan de gobierno busca nacionalizar recursos como el gas y los minerales, y dice que la explotación por parte de firmas extranjeras no puede seguir.
Además, aunque Humala señaló que respetaría todos los pactos comerciales que hacen de Perú una de las economías más abiertas de la región, en su proyecto asegura que revisará todos los tratados que se opongan a la voluntad soberana.
Humala, hijo de un abogado marxista, también prometió en sus actos de campaña prudencia macroeconómica, mantener la independencia del Banco Central y equilibrio fiscal.
«Lula tampoco cambió mucho la parte formal de la plataforma del PT (Partido de los Trabajadores) cuando hizo su campaña y cuando ganó la elección; entonces yo no pondría demasiado énfasis en esa parte que me parece es más formal», dijo Rozental.
De todos modos, las contradicciones alimentan dudas, mientras rivales aseguran que votar por él es poner en riesgo el progreso de la economía que viene creciendo en los últimos años a una tasa anual promedio de más del 7% y que cuenta con el «grado de inversión» de tres calificadoras.
«Aunque una victoria de Fujimori sería quizás el resultado más amistoso con el mercado, las comparaciones entre Humala y Hugo Chávez ya son cosa del pasado», dijo un reporte de la casa de análisis inglesa Capital Economics.
En una esquina del ring, Fujimori, de 35 años, encarna el recuerdo del Gobierno de su padre, que acabó con la hiperinflación y con un conflicto con la guerrilla, pero se ganó el rechazo de muchos por su autoritarismo y corrupción.
En la otra esquina, Humala, de 48 años, cosecha temores en el mundo financiero por su postura de izquierda, pero es la opción más clara para llevar la bonanza peruana a los pobres, que llegan a un tercio de la población.
Ambos tienen una fuerte base en el voto rural y no tanto en las ciudades. Pero la diferencia con 2006 es que Humala no es el único con un nivel de rechazo muy alto.
«Puede que sea la favorita (Fujimori) entre los segmentos altos y medios de la población», dijo Benito Berber, de Nomura Global Economics, en un reporte. «Sin embargo, comparado con la última elección presidencial, Keiko podría tener un voto de rechazo levemente mayor que García», agregó.
Economistas internacionales no creen que Humala, de triunfar, vaya a cambiar radicalmente el rumbo económico. Incluso el analista Mauro Leos de Moodys dijo que aún con su victoria no peligra la calificación crediticia del país rico en minerales.
Para Rozental, «hay más temor adentro que afuera». «Me da la impresión de que (Humala) no representaría tan brusco cambio visto desde afuera como podría haber sido si no hubiera habido la experiencia de Lula», acotó.
Agencia Reuters


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