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“El policial negro americano siempre es un fuerte disparador”
Krimer: «Aunque no trato directamente lo que ocurrió entre el Gobierno y el campo en 2008, es un marco que hace que la protagonista no se pueda escapar de la casa».
Krimer lleva publicado seis libros entre los que está «El cuerpo de las chicas» que fue ganador del Premio Emecé de Novela 2009. Dialogamos con la escritora sobre su nueva obra.
Periodista: ¿Considera que usted es una de las escritoras que surgieron a partir de talleres literarios?
María Inés Krimer: Yo pasé por un taller literario, pero no creo que un taller literario forme a un narrador, aunque tampoco le haga mal. Creo que pasar por el taller de Guillermo Saccomano lo más valioso que me dio fue lectores. Encontré ahí mis primeros lectores. Son personas a quienes todavía entrego las primeras versiones de mis libros. Gente en la que mido el texto. Tengo una primera impresión de si provoca interés o no, cual es el grado de impacto que tienen determinadas escenas, si funciona el personaje. Yo pienso en la literatura como una actividad solidaria, tengo en claro que del otro lado siempre hay un lector. El taller, además de un orden de lecturas y de una cierta mirada crítica respecto de lo que hacen los demás y lo que hago yo, me dio lectores, y a uno le importa saber qué le pasa al otro con el texto. He asistido a lecturas de cientos de textos a lo largo de los años, y comprobé que hay una reacción del cuerpo del lector cuando se enfrenta a algo que le interesa, a algo que le llama la atención. Generalmente es una inclinación hacia delante, hay otro tipo de respiración, se siente mucho más el silencio. Si el texto no funciona se advierte la dispersión, laxitud, mirar para otro, estar esperando que termine. Siempre he estado atenta a ese primer impacto. Hay una vacilación inicial en el grupo, una tensión que es de orden físico.
P.: ¿Qué la hizo pasar de la abogacía a la literatura?
M.I.K.: Siempre he sido una lectora consecuente. Muy anárquica en mi juventud, y un poco menos en mi vida adulta. Trabajé como abogada hasta los 40 años, hasta que me vine a Buenos Aires. Y estando en Buenos Aires, tenía un gran deseo de largarme, de probarme con un texto, y se dieron las circunstancias. Además sentí que iba a ser muy complejo para mí volver a empezar profesionalmente. Pero, básicamente, era una cuestión de deseo. Cuando empecé a escribir todos los días sentí que no podía parar, que el texto me iba como empujando. Económicamente más o menos lo pude dibujar, y ahí siguió la historia.
P.: De «La inauguración» se ha dicho que es una novela realista, que es una novela de espera, que es un policial. ¿A qué género considera que pertenece su novela?
M.I.K.: Es una mezcla de géneros, posiblemente porque de todas las cosas que he escrito es la historia más lejana en cuanto a mi experiencia personal. Siempre he trabajado con personajes medianamente cercanos a mi historia, a personas que conocí. Posiblemente por trabajar en este libro con un personaje y una historia que sólo conocía por cosas que había escuchado, por estar informada, es que me solté más a jugar con los géneros. El origen de la historia fue anclarme en el policial negro. Me gusta mucho David Goodis, Jim Thompson, Horace McCoy del que su «¿Acaso no matan a los caballos?» me parece un policial alucinante. Me gustaba mucho jugar con una historia que transcurriera en un ámbito cerrado, y contado desde la víctima, que quien trabaja bien eso es Goodis. Cuando hice los primeros intentos me di cuenta que un registro meramente realista no lo iba a poder sostener, posiblemente por la lejanía del personaje. Como tomar la vos de la protagonista es una convención literaria, decidí irme a los bordes de otros géneros. Así es que está la novela de espera, acaso como homenaje a las novelas que a mí más me gustan. Soy una gran admiradora de «El desierto de los tártaros» de Dino Buzzati. También está presente el género fantástico, en algunas escenas, cuyo roce me permitía correrme del verosímil realista. Disfrute mucho en eso.
P.: ¿Cuál es el núcleo desencadenante de «La inauguración»?
M.I.K.: Una chica atrapada en un ámbito provinciano vinculado con la trata de personas. La historia transcurre en los cinco días en que ella está atrapada en una casa, mientras en el afuera se está preparando la inauguración de la Exposición Rural del pueblo. Me gustó poner ese camioncito que pasa todo el tiempo anunciando la inauguración, que es un elemento muy de Osvaldo Soriano. A la vez es un elemento de mi registro personal, yo soy de Paraná, y a las siestas el paso del camioncito era un acontecimiento para los chicos, generalmente anunciaba la llegada del circo, la inauguración de la Rural o algún tipo de acontecimiento. Perforaba el silencio de la siesta, y ha quedado como una marca en mi imaginario.
P.: En ese afuera de la chica secuestrada, está el conflicto entre el campo y el gobierno.
M.I.K.: Comencé a escribir «La inauguración» en 2006. Tuvo varias versiones. Es de mis textos el que más fui modificando en el transcurso de los acontecimientos de la historia argentina. En el 2008, cuando estaba en una de las tantas reescrituras, uno de esos amigos lectores me preguntó: ¿cuándo pasa esta historia? Le dije, ahora. Y ese ahora me hizo que volviera a mi casa y me pusiera a trabajar con lo que sucedía con la 125. Y así aparece en el afuera de la que pasa con la chica, que me parece que terminó de ampliar la historia. Me interesa trabajar la relación historia individual con la historia colectiva. Y aunque no trato lo que ocurrió entre el gobierno y el campo en 2008, es un marco que hace que ella no se pueda escapar de la casa, y en el afuera hubiera a la vez una especie de círculo, de cerrazón que ahogaba más lo que estaba pasando adentro.
P.: Su protagonista es un muchacha que a vivir una situación de violencia, pero que viene de otras violencia, y de cometer un delito.
M.I.K.: Juan Sasturain dijo que era una especie de la Miss Blandísh de Chase, pero cabecita. A mi me interesaba que ella no fuera una víctima. Obviamente que lo es desde la perspectiva del lector. Me atraen la situaciones al límite que necesitan generar otros recursos. Entre mis favoritos en literatura de encierro es Primo Levi. Una de las cosas que cuenta que más me impresionaron eran los intercambios que había en los campos de concentración, que la gente se pasara recetas de cocina, detalles que no tienen que ver con lo sórdido sino con lo humano. En la casa absolutamente sórdida donde esta atrapada la chica hay detalles que son muy de lo cotidiano, que es lo que nos pasa a las personas cuando estamos en situaciones límites donde no se tiene qué comer y aferrarse a recetas de cocina. En el caso de mi protagonista no tener elementos de higiene y estarse pasando una planchita por el pelo, o estar tabulando con una modelo top. Eran contrastes a la sordidez de lo que estaba ocurriendo. Y hay una ambigüedad entre la mujer que la cuida y la muchacha, una relación de dominante y dominada que por momento pareciera cambiar.
P.: ¿Planeó que la novela se desarrollara por imágenes y con un ritmo cinematográfico?
M.I.K.: Acaso eso se debe a que esta contada estrictamente desde las acciones, y desde la protagonista. Como narradora me costaba meterme en la subjetividad del personaje, por eso elegí apoyarme en el policial para que las acciones estuvieran todo el tiempo por delante. Eso le da una impronta muy visual, muy cinematográfica. Quería que la escenografía también contara, que no fuera decorativa sino un elemento de la narración. Los detalles iluminadores permiten ahorrar muchas palabras.
P.: ¿Qué le pasó cuando le avisaron que había ganado el Premio Letra Sur 2011?
M.I.K.: Había concursado dos veces en el Premio Clarín, y salí dos veces finalista. Intenté con algunas editoriales sin éxito. Cuando este año apareció el Premio Letra Sur me resultó muy simpático que tuvieran en cuenta al narrador y pidieran una sola copia. El azar se pudo a mi favor para que pudiera hacer una última reescritura. La entregué el último día del concurso. Cuando meses después me avisaron que había ganado fue una fiesta. «La inauguración» es mi sexto libro publicado, y tengo uno que entregué a principios de año para la colección policial Negro Absoluto, que pertenece a la saga de la detective Ruth Epelbaum que empezó con «Sangre Kosher». Ahora estoy en un nuevo proyecto que no tiene que ver con el policial ni con mis otras novelas porque me gusta mucho cambiar de registro. Por ahora sólo tengo el personaje que es una asesora de la Cámara de Diputados.
Entrevista de Máximo Soto


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