16 de enero 2014 - 00:04

El reto de llevar a un poeta a otra lengua: un testimonio

Con el poeta Juan Gelman, fallecido en México el martes a los 83 años, como con otros escritores de vida política, ocurre que ésta suele teñir la mirada de sus contemporáneos, pero lo que queda al final es lo que escriben. Por eso, vale la pena acercar al lector el testimonio crítico de Lisa Bradford, traductora de tres de sus libros, y una de las mejores conocedoras de la obra del poeta. Investigadora y profesora de literatura graduada en la Universidad de California-Berkeley (EE.UU.), Bradford vive y enseña en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tradujo al inglés los libros "Carta abierta" (Between Words: Juan Gelman's Public Letter), "Citas y comentarios" (Commentaries and Citations) y "Com/posiciones" (Com/positions).

Dice Lisa Bradford de Juan Gelman, cuya obra hay que leer más que exaltar al autor por hechos pasajeros: “Como traductora de su obra, confieso la reacción amorosa por sus palabras y la delicia de volcarlas al inglés para así extender el placer a una nueva cultura.”
Dice Lisa Bradford de Juan Gelman, cuya obra hay que leer más que exaltar al autor por hechos pasajeros: “Como traductora de su obra, confieso la reacción amorosa por sus palabras y la delicia de volcarlas al inglés para así extender el placer a una nueva cultura.”
Mientras la primera luna de 2014 se llenaba, murió Juan Gelman, y esa noche una inundación de hermosas imágenes llenaba mi cabeza. En 1975, Eduardo Galeano me regaló una copia de la Obra poética de Juan Gelman "para ver cómo salen los poemas en inglés". No salieron. Tardaron años en salir, años de entender la profundidad, sensibilidad, musicalidad, en fin, su vida de sus poemas.

En 2008, empecé de nuevo, con "Carta abierta", que constituye desde mi punto de vista, el apogeo de su expresión por su mezcla de belleza y tristeza, de silencios y gritos. A partir de este emprendimiento, tuve la suerte de entrevistarlo en Buenos Aires en 2009, donde hablamos más de caballos que de literatura. El corazón de Juan se podría representar con el caballo, Kessel, "Hermoso el caballo que se amó, sus patas de irse lejos", que cuidaba en el ejército, caballo que también usaban para hacer la pasta para ladrillos, y, que, por quebrarse una pata, tuvieron que sacrificar. Aunque se lo enterró, el día siguiente no estaba ahí. "Había una villa cerca...", según me contó.

Y me seguía escribiendo, por mis caballos, por mis poemas, mucho más que por las traducciones que seguía haciendo de su obra: "Com/posiciones", "Citas y comentarios", "Cólera buey", y ahora, "Hoy".

Como traductora de su obra, confieso la reacción amorosa por sus palabras y la delicia de volcarlas al inglés para así extender el placer a una nueva cultura. Por su filosofía respecto del lenguaje, ha sido una tarea tan hermosa como difícil. Hablando de las palabras nuevas que inventaron Cervantes y Garcilaso, Gelman dijo en su discurso de recepción del Premio Cervantes: "La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma. Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía".

La primera idea de esta cita, "la lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma", atañe también a la creatividad del traductor, y el segmento inicial del título de mi versión del libro "Carta abierta", "Between Words", responde a esta expansión, ya que esta locución no representa solamente la posición de tirantez traductoral de una transmisión intercultural, sino, y de manera más significativa, caracteriza una estrategia predominante de la lírica gelmaneana: "between words" son palabras de un mundo doble, que dan a luz criaturas que devienen vocablos "maduros" pero que están, a su vez, eternamente en tránsito, palabras que el poeta ha calificado como "anfibias", término que configura su condición de inestable. Podrían, además, llamarse crisálidas: son formas que esconden y prometen una belleza futura. En estos poemas abundan estas criaturas, tal vez como manera de que el poeta hable con el mundo de los muertos, ya que este libro constituye una elegía que busca a su hijo Marcelo, desaparecido durante el "Proceso". Aunque las elegías tienden a caminar sobre el borde del abismo -de la tristeza y la sentimentalidad- este libro es heroico, una poesía "de pie contra la muerte", citando otra vez al poeta. Sus invenciones lingüísticas disyuntan y, a su vez, unen imágenes en la mente de los lectores, atisbando el sufrimiento, la frustración y la recolección a través de su poderoso ritmo lírico.

El año pasado se publicó el libro "Hoy", y antes de su presentación en la Biblioteca Nacional, lo vi por última vez para charlar de los caballos y de mis poemas, ya que se fastidiaba de que yo me dedicara más tiempo a la traducción de sus poemas que a la publicación de los míos, pero yo sentía ya la urgencia de poder seguir conversando con él sobre las traducciones, y si bien, voy recién por la mitad de este libro, es, como sugirió Jorge Bocannera, una colección de "pulidas joyas diminutas" que me dan enorme placer recrear en inglés. Estas meditaciones sobre el arte y la justicia se compusieron de una manera tan profundamente inquietante, con una percepción y estética que aviven la pasión y el desafío de la lectura y la traducción.

Originariamente titulados "Condenas", estos poemas se provocaron por las llamas de las sentencias dictaron en el caso de la ejecución de su hijo, Marcelo, y cada texto forma parte de las capas de pensamiento de su "hoy": el dolor incesante de perder a un hijo, la ambivalencia de la justicia, la perversidad del mundo, y la gracia salvadora de la pasión y la belleza.

Estos poemas destilan lo mejor de la poética de sus sesenta años de escritura: los juegos de palabras, neologismos, ritmos, paradojas e imágenes extraordinarias. Algunos los clasificaron como poemas en prosa, tomando en cuenta las palabras de Baudelaire: un sueño del milagro de la prosa poética, música sin rima, flexible y muscular como para acomodar el movimiento del alma, las undulaciones del ensueño, los sobresaltos de la conciencia. Las reflexiones de "Hoy" abundan en ternura y músculo, y la extrema condensación de pensamiento e imagen se leen con una conciencia lírica. Aunque parecen fluir hacia una narrativa o una escena, las expectativas "sobresaltan" en los vacíos y aposiciones de frase a frase que se tienen que suturar con la imaginación.

Desde la publicación de "Oxen Rage" en 1968, las preguntas han sido un tour de force en su poesía: "¿por qué bajo la gloria de este sol / tristeo como un buey?"; y siguen pulsando en esta colección: "¿Cuánta sangre cuesta/ir de saber a la contradicción/del olvido al horror/de la injusticia a la justicia?" ("VIII") y concluyen con frases enigmáticas o irónicas: "Se derraman hilitos contra la muerte irresponsable en una copia de la línea borrada" ("LX"). Muchas de estas imágenes son indelebles, casi surreales: "Rocío seco en el pulso de un niño dejó el vuelo" ("LV") y su acumulación se vuelve vertiginosa: "El olvido encalla en movimientos del deseo/la madrugada que tembló en un combate/la media luna cortada de la noche vol-vida a su prolongación." ("LXIX")

La colección cierra con aún más preguntas: "¿Y? si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre / una delicia falsa / una fuga en mí mayor / un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle / la bosta de un caballo / el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es un cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?".

"El sufrimiento perene tiene tanto derecho de expresarse como un hombre torturado tiene de gritar", dijo Adorno para enmendar su sentencia respecto de la poesía después del Holocausto; sin embargo, ¿cómo encuentra un sobreviviente una voz para atestiguar contra la tortura y el asesinato? ¿Darle una voz a la memoria? ¿Expresar la barbarie? No a través del lenguaje convencional. Pero la pregunta perdura: ¿puede la poesía inventar "lo que nunca se podrá decir?. Gelman nunca se estremeció; generó poemas de pasión, una pasión que marca la alianza erótica entre poeta y lector. "Ni pájaro ni silbo ni hoja del verano separa a la cabeza de limpiar las ranillas del caballo que galopa mejor."

Y ahora, "La alondra dijo fin", pero los lectores, y en especial esta traductora, dirán "siempre".

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