31 de mayo 2010 - 00:00

El show más teatral del Cirque du Soleil

Uno de los números que desafían los límites físicos en «Quidam», un espectáculo más indicado para los adultos que para los niños y que no defraudará a los fans de la compañía canadiense.
Uno de los números que desafían los límites físicos en «Quidam», un espectáculo más indicado para los adultos que para los niños y que no defraudará a los fans de la compañía canadiense.
Alegre y sombrío, popular y de gran refinamiento estético. Así es «Quidam» el tercer espectáculo que el Cirque du Soleil acaba de estrenar en Buenos Aires tras el éxito obtenido con «Saltimbanco» (2006) y «Alegría» (2008). Aunque, a diferencia de éstos, «Quidam» no abunda en «¡wow! moments» (esos números de riesgo que cortan la respiración) sino que apela a una ambientación más teatral. De esta manera cada rutina circense gana en dramaticidad y capacidad simbólica, siempre con el respaldo de un variado cancionero interpretado en vivo junto a una pequeña orquesta.

La figura central de este show es una preadolescente, aburrida y curiosa, que ante la desatención de sus padres, se lanza a conocer mundo, tanto en el plano real como imaginario. Así se va cruzando con seres fantásticos y otros más terrenales, con misteriosas criaturas circenses y grupos de menesterosos. La pista es invadida también por individuos encapuchados y de overol blanco, que representan a esa masa anónima que pulula por toda gran ciudad. De hecho la palabra latina «quidam» equivale a «cualquiera», que es como decir un «don nadie».

El clima de ensueño y de melancolía que caracteriza a este espectáculo fuertemente ligado a la pérdida de la inocencia infantil, sólo se ve interrumpido por los alocados sketchs de Toto Castiñeiras. El talentoso clown argentino arranca carcajadas de la platea, primero al intentar seducir a una chica del público durante un fingido paseo en auto y luego cuando obliga a cuatro espectadores a protagonizar una película muda que poco a poco desemboca en un delirio chaplinesco.

Los doce números que integran el espectáculo están resueltos con elegancia y buen criterio coreográfico. Estos incluyen acrobacias en cámara lenta, malabares, una gran rueda alemana y variadas destrezas aéreas (con telas, sogas y aros), entre otras disciplinas que desafían los límites físicos.

La adorable troupe de adolescentes chinas enfervoriza al público con su rutina de diábolos (especie de yo-yos gigantes) y también se destaca la eficacia y dinamismo de dos atrayentes cuadros grupales: «Salto de soga» y «Banquine». En este último número, varios acróbatas rusos y ucranianos se lanzan al aire como pájaros para luego hacer pie sobre los hombros de sus compañeros. Todo un ejemplo de unión y confianza en el otro.

«Quidam» no defraudará a los fans de la compañía canadiense, pero cabe advertir que aquí los ritmos son más lentos, la atmósfera más penumbrosa y los símbolos que se utilizan (un globo enjaulado, el color rojo asociado a la muerte, figuras con el rostro velado, etcétera) son más afines a un público adulto. Los niños muy pequeños difícilmente puedan resistir 2 horas de show más un intervalo de 30 minutos.

«Quidam» Compañía Cirque du Soleil. Dir. creat.: G. SteCroix. Dir.: F. Dragone. Compositor y Dir. Mus.: B.Jutras. Coreog.: D. Brown. Esc.: M. Crête. Vest.: D. Lemieux. Ilum.: L. Lafortune. (Complejo Alrio - Laprida y B. Cruz, Vte López).

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