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El swing de Ron Carter volvió a deleitar a los amantes del jazz
Acompañado por el pianista Donald Vega y el guitarrista Russel Malone, el estupendo contrabajista Ron Carter deleitó a su público en el Gran Rex.
Cada vez que se habla de Ron Carter, la referencia es obligada. De muy joven, a fines de la década del 50, se sumó al que fue uno de los grupos emblemáticos de un artista fundamental del siglo XX, el trompetista Miles Davis. Desde entonces, este enorme contrabajista negro, adoptó una especie de segundo apellido que lleva con orgullo en su currículum. Pero es tanto más lo que ha hecho a lo largo de una vida ligada al jazz y, curiosamente, a la música brasileña y latina, que lo de Miles termina siendo una anécdota. Compartió escenarios y/o discos con Chick Corea, Chet Baker, Bill Evans, John Coltrane, Thelonious Monk, Sonny Rollins, George Benson, James Brown, Dexter Gordon, Jim Hall, Wes Montgomery, Wayne Shorter o McCoy Tyner, por citar apenas a algunos.Y ha estado al frente de proyectos personales diversos para los quemezcló "standards" jazzeros, samba, bossa nova y temas propios.
En este caso, volvió a la Argentina como parte de una pequeña gira (arrancó en Montevideo, pasó por Córdoba y Buenos Aires y continuará por Neuquén y Rosario) al frente de un trío sin batería, que le gusta y que ha repetido muchas veces. Cuenta para eso con dos compañeros de lujo. En el piano, está el nicaragüense Donald Vega, quien se formó en la música clásica y al que le está tocando reemplazar en este Golden Striker Trio nada menos que a Mulgrew Miller, fallecido en mayo pasado a los 58 años- En la guitarra, un músico que lleva ya años junto a Carter, el norteamericano Russel Malone, alguien que puede dar cuenta de un historial que incluye nombres como los de Kenny Barron, Jimmy Smith, BB King, Rollins, Natalie Cole, Harry Conick Jr, Diana Krall, Roy Hargrove, etcétera.
Lo que propone Carter -que entró y salió del escenario ayudado por un bastón, consecuencia de una operación de columna realizada hace un par de meses-, es una manera directa de comunicación. Armó un repertorio que abrió con dos composiciones suyas: "Parade" y la tremenda balada "Candle Light", dedicada "a mi amigo Jim Hall", que concluyó con un largo y original solo de Malone. Vinieron luego algunas piezas brasileñas: "Miedo de amar" + "Wave", y "Samba de Orpheus" (con lucimiento personal del contrabajista), todas obras que están siempre presentes en sus listas de conciertos. Y el resto fueron "standards": "My Funny Valentine" (aquí el solista destacado fue Vega), "Soft Winds" y un bis con "There Will Never Be Another You", la melodía de Mark Gordon que popularizara Frank Sinatra en los 60.
El modo de Carter, como dijimos ya, es sencillo. Los temas se dejan reconocer. Las improvisaciones están más apuntadas al desarrollo melódico/armónico que al gran despliegue virtuosístico. La pureza en el sonido de bajo y guitarra es una búsqueda constante. Y, sobre todo, el swing del que hace gala, junto a dos compañeros que no le van en zaga, termina siendo el punto saliente de un músico maduro que no sorprende pero que sigue deleitando en grado supremo.

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