Nueva York - Un eventual conflicto armado a gran escala y de consecuencias imprevisibles es lo que frena el impulso del presidente Donald Trump, cuando piensa en darle una "lección" a Corea del Norte.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tanto la Casa Blanca como el Pentágono tienen en claro que si Estados Unidos decidiera realizar un ataque preventivo contra el régimen comunista, para aliados como Corea del Sur y Japón el "apocalipsis" sería casi seguro. Tendría lugar una guerra devastadora que podría luego desatar un conflicto más amplio.
Ningún experto -ni dentro ni fuera del gobierno Trump- esconde que, incluso frente a una intervención a gran escala de las fuerzas armadas estadounidenses (incluida la intervención de tropas de tierra), la represalia de Pyongyang sería inevitable.
Además, al menos 25 millones de surcoreanos que devendrían objetivo de la artillería y los proyectiles de Kim Jong-un.
llo, sin contar los casi 30 mil estadounidenses que viven en la región. En tanto, Japón sabe bien cómo los misiles norcoreanos pueden atacar en cualquier momento.
Por lo tanto, pese a la amenaza de Washington de una "masiva respuesta militar", los más estrechos consejeros y colaboradores de Trump frenan su ardor belicoso: desde el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, al jefe del Pentágono, el ex general James Mattis.
Las opciones militares existen y están desde hace tiempo sobre el escritorio del Salón Oval, pero no son practicables. Son, un último recurso, en clave defensiva.
Por lo tanto, Trump aparece con las manos atadas, obligado a tener que perseguir la única vía que parece hoy factible: la del diálogo con el régimen de Kim.
Una solución diplomática (a decir verdad, jamás vista tan lejana como en las últimas horas y definida por Trump como "inútil") depende en gran parte de la actitud que asuma China. Y es precisamente sobre Pekín donde cada vez más dirige su atención Washington.
"Quien sigue haciendo negocios con Pyongyang, ayuda al régimen", dijo Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante la ONU.
En tanto, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, prepara nuevas sanciones unilaterales para castigar duramente a los países que continúan teniendo vínculos económicos con Corea del Norte, frenando su acceso al mercado estadounidense. Un camino no libre de riesgos, con el peligro de represalias por parte de China.
Por otra parte, crece la presión sin precedentes al Consejo de Seguridad de la ONU para que bloquee definitivamente los flujos de petróleo y dinero hacia Corea del Norte. Esos flujos sobre los que se financian, de hecho, los programas nuclear y misilístico de Pyongyang.
Dejá tu comentario