3 de abril 2009 - 00:00

Elogiaron ayuda a otras transiciones

El ex presidente del Uruguay Julio María Sanguinetti despidió los restos de Raúl Alfonsín con un discurso florido -como es habitual en él- en el cual recordó la ayuda del ex presidente a las democracias recuperadas en los años 80. Lo flanquean en la Recoleta Mario Losada y Leopoldo Moreau.
El ex presidente del Uruguay Julio María Sanguinetti despidió los restos de Raúl Alfonsín con un discurso florido -como es habitual en él- en el cual recordó la ayuda del ex presidente a las democracias recuperadas en los años 80. Lo flanquean en la Recoleta Mario Losada y Leopoldo Moreau.
Los ex mandatarios de Uruguay y de Brasil fueron los dos representantes del exterior que participaron con discursos en los actos de despedida de los restos de Raúl Alfonsín.
El ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti tomó la palabra para rendir su homenaje, en el acto privado que se realizó en el cementerio de la Recoleta, del cual participaron familiares y allegados y un número reducido de radicales.
Sanguinetti afirmó que Uruguay «llora como la Argentina» la pérdida de Alfonsín y se emocionó al sostener que la vuelta a la democracia en nuestro país alumbró las esperanzas de los uruguayos por entonces.
«Siento hoy un alma en dos cuerpos», dijo Sanguinetti, amigo personal del ex presidente argentino después de resbalar en una evocación erudita. Recordó a Diógenes Laercio, aquel «que caminaba con una lámpara buscando a personas que no encontraba» (ni Macedonio imaginó esa fantasía), y explicó que en el 83 Uruguay, bajo una dictadura, festejó la asunción de Alfonsín.
«Su victoria», describió «se vivió como el principio del final de las dictaduras del Cono Sur, que empezó en la Argentina y siguió en Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile».
«Hoy en mi patria, Uruguay, lo lloran igual que ustedes, a nadie, a ningún político ni presidente, han querido tanto como a Alfonsín», aseguró Sanguinetti.
«Su figura histórica se va agrandando con los instantes», agregó el ex mandatario uruguayo, porque «un político, un estadista como Raúl, no muere, su obra lo mantiene vigente, sus ideas son perdurables».
«Eso es lo que percibíamos hoy en las calles, en la mirada esperanzada de la gente, como un símbolo de libertad, de democracia, de austeridad democrática», apuntó quien fue presidente de Uruguay en dos períodos, de 1985 a 1990 y de 1995 a 2000.
El ex presidente del Brasil José Sarney, quien ya había manifestado su tristeza, inclusive el llanto por el fallecimiento, ayer fue uno de los oradores en el acto institucional que se realizó en el Congreso, previo a la misa de cuerpo presente y al traslado del féretro hacia el cementerio de la Recoleta.
Sarney priorizó sobre Alfonsín que ayudó a «cambiar la historia del continente». En representación del Gobierno y pueblo brasileños, como se presentó, el ex mandatario dijo que estuvo en el Congreso para cumplir «con los deberes de la amistad» para quien definió como «uno de los hombres públicos más importantes de las Américas».

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