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Ensaya Kirchner sobria tregua con el campo
Néstor Kirchner
El patagónico encontró en el desastre de la sequía, que amenaza con dañar un 50% las cosechas y derrumbar en una proporción mayor los ingresos fiscales provenientes del sector rural, el atajo para permitirse una concesión que, una semana atrás, era inconcebible.
Fue un proceso trabajoso. El pedido silencioso de gobernadores, el llanto de intendentes y la inédita sintonía de los ministros políticos, Florencio Randazzo y Sergio Massa, se combinaron para que Kirchner autorice, por cuentagotas, un armisticio con los chacareros.
Premios y castigos
En parte, Kirchner asumió que como mínimo debe ensayar una tregua con el campo, siquiera como apuesta táctica. En verdad, se trató de un mix entre presiones, pronósticos turbios sobre el escenario electoral y, además, su propia falla en el reparto de premios y castigos.
«La sequía no puede ser otra 125: debe ser la oportunidad para dejar atrás la 125». La frase repiqueteó en la Casa Rosada, la semana pasada, durante los días frenéticos en que se discutió la irrupción, como siempre destemplada, de Guillermo Moreno en la zona sudoeste de Buenos Aires, repartiendo de manera discrecional el auxilio para productores golpeados por la sequía. Cambió, siquiera temporalmente, la actitud sobre ese conflicto y desde allí comenzó a verse esa crisis como una oportunidad. Fue, luego, flanqueada por otra mirada: «Si vamos a pelear no les demos nada; pero si les damos algo (por las medidas) tratemos de acercar posiciones». Unas horas después, el sábado, Randazzo desglosó un puñado de párrafos bondadosos hacia el campo, inimaginados poco tiempo atrás, menos en boca de un ministro que expresa, como pocos, el pensamiento vivo de Kirchner.
El movimiento tuvo una escala puntual y clave en la provincia cuando Daniel Scioli se desmarcó de la postura rancia de la Casa Rosada y emitió señales claras de consideración hacia el sector rural. Lo acotó, para no desatar una tempestad sobre su figura, al tema de la sequía pero abrió la puerta para otros gestos -se trata de las retenciones, claro- y, sobre todo, para imitaciones: Jorge Capitanich, del Chaco, tuvo una actitud similar y ayer, en un paso más arriesgado, el entrerriano Sergio Urribarri recibió al emblema de la protesta rural: Alfredo de Angeli.
Lo actuado por Scioli, Urribarri y Capitanich, de probada lealtad -a pesar de los riesgos- a la indicación de Kirchner durante el tramo más ácido del conflicto con el campo, acarrea un pase de factura: díscolos en aquella batalla, Carlos Lole Reutemann y Juan Schiaretti gozan ahora de las bondades del oficialismo. El patagónico se quedó sin argumentos para impedir, otra vez, que los gobernadores intenten en sus territorios algún tipo de pacificación. De todos modos, ese permiso no será eterno.
La clave de todo, sin embargo, es la cuestión electoral. Todo dirigente que pasó por Olivos, con algún mapeo serio del interior, ha advertido una y otra vez el terrible, y por ahora imposible de cuantificar, impacto que la continuidad del conflicto con el campo tendrá en las urnas en octubre próximo en todo el país. Randazzo y Massa han sido permanentes escuchas de esa advertencia. La visión es la siguiente: aplacar el nivel de confrontación con el campo no aportará más votos de un sector, el rural, que -afirma ese análisis- ha sido históricamente reacio a votar al peronismo. Sin embargo, el conflicto predispone negativamente a sectores medios e independientes contra el Gobierno, y es por allí donde se produce la fuga de votos.
A favor de un recrudecimiento de la tensión -alternativa que expone el pingüinismo- se aporta que, con los números actuales, Kirchner podría ganar la elección en la provincia de Buenos Aires con los votos del conurbano y sin tener que «negociar» con el campo. A modo de simplificación: con tregua duradera, el candidato del FpV será Massa; sin tregua, el postulante K será Kirchner. Por lo pronto, con Moreno fuera de la mesa, el reparto de entre 500 y 1.000 millones de pesos para asistencia a los chacareros afectados por la sequía operará a través de Randazzo y los intendentes. No hay ningún atisbo de que ese auxilio circule a través de entidades agropecuarias.
Tampoco, por ahora, hay señales de la Casa Rosada de levantar el veto a los tres puntos centrales que reclama el campo: retomar el diálogo con la Mesa de Enlace, bajar las retenciones a la soja y reabrir las exportaciones de carne. La foto de hoy muestra que no hay chances de que eso se modifique en lo inmediato. Pero, asimismo, un indicio de tregua puede más adelante destrabar al menos alguno de esos ejes. Por lo pronto, sin que se admita en público, el Gobierno reconoce parcialmente que la cúpula chacarera evitó que estalle en enero la protesta en las rutas.


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