2 de marzo 2009 - 00:00

Entusiasmo juvenil sin dirección

Compañía de danza Cultura Nación. Obras de R. Soñez, J. Syzard, B. Quintá, E. Chacón Oribe, V. Hidalgo, W. Ramírez y P. Fermani. (Centro Nacional de la Música y la Danza).
La presentación de la Compañía de Danza Contemporánea Cultura Nación tuvo varios aspectos a analizar. Resulta plausible la creación de una nueva compañía de danza contemporánea para actuar en el Centro Nacional de la Danza y de la Música de la calle México (antigua Biblioteca Nacional, que todavía exhibe su apabullante esplendor arquitectónico) y en espacios del interior del país, con entrada gratuita, por lo menos durante 2009, según anuncia el programa de mano. Pero ofrecer un espectáculo de danza con un escenario al ras del suelo, como ocurrió en este caso, es un despropósito. Desde la segunda fila, seguramente, los bailarines se habrán visto de la cintura para arriba.
Tampoco fue una buena idea anunciar una función de ballet con entrada libre en un espacio sumamente acotado. Hay teatros nacionales como el Cervantes que son los más aptos para recibir un espectáculo de estas características, y acoger a un verdadero público masivo. Innecesaria la inclusión de un locutor de entonación rimbombante que anunció a los seis integrantes de la compañía, incitando al «fuerte aplauso», y curioso el pedido del Secretario de Cultura, José Nun de un «bis» al finalizar la función (si se pidieran bises en el ballet, Julio Bocca estaría bailando todavía.
En los aspectos artísticos, el grupo de seis bailarines -algunos de ellos ex integrantes del Ballet Contemporáneo del San Martín, ofreció un programa con seis obras cortas, coreografiadas por ellos mismos. La compañía no tiene coreógrafos ni director artístico, no se entiende por qué, habiendo gente capacitada como Oscar Araiz, Ana María Stekelman o Mauricio Wainrot, por citar sólo algunos.
Entre lo destacable, figuró el solo de Jack Syzard, «In Memoriam», con música de Michael Galazo, donde el bailarín desplegó una serie de recursos físicos y anímicos muy respetables. También se destacaron «Charanda», con música de Raúl Malosetti, tocada por él mismo en vivo, junto al charanguista Rolando Goldman, y «Divina» con música de Joaquín Mora y Francisco Canaro, en arreglos de Atilio Stampone. Ambas obras de conjunto evidenciaron las nobles condiciones dancísticas de los seis oficiantes y, sobre todo, el entusiasmo puesto en el trabajo. Aunque, por ahora al menos, eso es insuficiente.

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