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España: relatos de una clase media que se ahoga en la crisis
Contra los consejos de, incluso, economistas ortodoxos, Mariano Rajoy no duda en profundizar
el ajuste en España, supeditando la recuperación del crecimiento y de la generación
de empleo al objetivo de reducir el déficit fiscal.
«No vivíamos mal, la verdad, y de golpe y porrazo, se te acaba todo», recuerda Mercedes González, una enérgica mujer de 52 años, que se quedó sin trabajo el día que cerró la tienda de calzado en la que trabajaba.
En su departamento de Fuenlabrada, una pequeña ciudad-dormitorio al sur de Madrid, en un salón lleno de cuadros, fotos y objetos decorativos, Mercedes siente siempre el mismo miedo cada vez que abre una factura, ya sea del gas o la electricidad, que van royendo el presupuesto familiar.
«Al principio dije bueno, me ha tocado esto, pero mi familia estaba trabajando entonces, tampoco me preocupaba mucho», aunque un año después, en 2008, su marido Juan José, de 55 años ahora, y su segundo hijo perdieron también su empleo.
Ambos trabajaban en la construcción, el primer sector golpeado por la crisis tras haber llevado adelante las esperanzas de la clase media que surgió en España en los años 80, tras la dictadura.
«Vienen por la noche, y se acabó, sin nada, sin cobrar. De 2.500, 2.700 euros al mes» terminaron «con 850 euros para cinco personas», resultante de la ayuda familiar que perciben Mercedes y su marido, 426 euros cada uno.
Todo cambió entonces. «Hay que empezar a bajar el consumo de luz, el consumo de gas, la alimentación también se nota, empiezas a recortar cosas que realmente a lo mejor no son necesarias para comer, ¿no? El ocio se terminó».
Ahora, la familia va sobreviviendo gracias a los dos resortes que ayudan a la sociedad española: el trabajo en negro y la solidaridad familiar.
Y es que, frente a una realidad social catastrófica -casi un 25% de desempleados, 1,7 millón de hogares con todos sus miembros desocupados-, solamente las «chapuzas» ayudan a muchos españoles a llegar a final de mes.
Para completar sus ingresos, Mercedes limpia en casas por 600 euros al mes que no declara: «Nos da un poco de respiro. Con 850 euros no se puede vivir. En facturas tenemos unos 500 euros, hasta los 850 es lo que nos queda para comer».
«La solidaridad familiar es la que nos ayuda a vivir», reconoce.
Sus tres hijos, Juan Pedro, de 32 años, David, de 29, y Daniel, de 18, todavía viven con sus padres.
Juan Pedro traza planos. En cuatro años, su salario ha bajado 400 euros por mes y gana 900, insuficientes para independizarse y justito para ayudar a sus padres.
David está desocupado. Daniel acaba de terminar una formación en Informática, para mantener computadoras, busca trabajo y está tramitando el permiso de conducir, para el que ha contribuido toda la familia.
Su madre se preocupa sobre todo por ellos, «porque no pueden hacer su vida». «El futuro de mis hijos lo veo muy negro», dice.
«Mis suegros, mis padres, con los años han conseguido ahorrar un dinerito. Nosotros no. Si nos pasa algo... tengo este miedo de no poder echarles una mano», dice.
Los abuelos están ahora muy presentes. «Mis suegros cobran 850 euros, mis padres igual. Este domingo hemos comido en casa de mis padres... luego llévate unas patatas, llévate unos huevos, llévate un poco de chorizo, un poco de queso, y si necesitas dinero para algo, pues siempre han estado ahí, tanto los unos como los otros».
A las siete de la tarde, Juan Pedro vuelve del trabajo como todas las tardes, agotado tras una hora y media de trayecto en subterráneo, colectivo y a pie. Se sienta en el sofá familiar.
«Diez años atrás», recuerda que se imaginaba «casado y con hijos, con mi piso (departamento) ya, y con otra vida diferente. A lo mejor con un trabajo más estable, pero bueno, sí casado con hijos, independizado, sobre todo independizado».
Ahora «estoy viendo que mis hermanos, que tienen toda la vida por delante y no tienen nada, no tienen nada», concluye.
Agencia AFP


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