14 de junio 2013 - 00:00

ESTADÍSTICAS PARA CREYENTES

Nadie reconoce confiar en la inflación que informa el INDEC, salvo, esporádicamente, algún funcionario en una declaración formal. Este lesivo escenario disparó un festival de números alternativos que, algunos, revolotean a piacere y vienen como anillo al dedo a los polarizados, sean políticos, economistas, encuestadores o medios, y a quienes quieran creer. El lugar de la credibilidad que dejó vacante el "índice Moreno" lanzó a gobiernos locales a ocupar el espacio, aunque con puntería muy distinta, por caso, entre el "índice Macri" y el de Santa Fe. Viernes recorrió estadísticas y consultó a medidores y académicos decepcionados, hartos y a algún esperanzado; y también, a una responsable impactada por "la rigurosidad impresionante de las consultoras privadas".

ESTADÍSTICAS PARA CREYENTES
Nacidas teóricamente para contrarrestar la manipulación del INDEC, las mediciones alternativas sobre variación de precios ofrecen indicadores a gusto del consumidor. Si usted percibe pocos, casi imperceptibles cambios en las góndolas, puede adoptar la inflación de Moreno, la marca en la que devino el alicaído INDEC. Si lo que está buscando es un índice de actualización para cobrar un retroactivo, lo más conveniente será apelar al IPC-Congreso o al flamante índice de Macri, como lo desestiman sus críticos. Ahora, si lo que se procura es negociar un aumento salarial, el mejor negocio es esperar a que Hugo Moyano cumpla su promesa de crear el IPCCGT.

Las propuestas se multiplican y con ellas la incertidumbre crece entre los desconcertados consumidores. Hay ahora indicadores que se obtienen sin siquiera salir a la calle. Con un software diseñado para descargar precios que se publican en internet, se puede tener un dato que si bien no es comparable al del INDEC, no son muchos los que podrán advertirlo. Todo es cuestión de creer.

Para los que están en la arena política, el verdadero índice de evolución de los precios de bienes y servicios -tal es su nombre científico completo- devino en una bandera de lucha como lo fue en otras épocas el riesgo-país o la más reciente cotización del dólar blue. En este contexto dramático, los números no pasan de uno al que sigue sino que perforan techos o voltean barreras.

Pero en el más desapasionado ámbito académico, la ausencia de indicadores robustos y creíbles es una catástrofe. Para un investigador, los datos oficiales suelen ser el principal insumo, el basamento de su tarea. El Centro Interdisciplinario para el Estudio de la Política Pública, presidido por el economista Alberto Barbeito, arranca en su sitio con un manifiesto a favor de toda iniciativa que busque reconquistar la credibilidad e independencia del INDEC al que considera imprescindible para la investigación y la formulación de políticas.

Entretanto, algunos van encontrando atajos. Elaboran promedios en base a las mediciones oficiales que llegan de las provincias que, antes de la intervención del INDEC, corrían parejos con el organismo.

Surgió así el IPC-9 o el IPC-7, de acuerdo con el número de provincias tomadas para el cálculo. El Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, vinculado a la CTA y coordinado por el economista Eduardo Basualdo -hasta hace poco miembro del directorio de YPF-, es uno de los que utiliza esos promedios. No es lo ideal, pero es lo más potable de lo que se ofrece.

Otros, en cambio, se lanzaron a elaborar índices propios como el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA que hace sus encuestas, elabora sus canastas y obtiene datos de pobreza e indigencia cinco veces más altos que los oficiales y hasta más altos que lo que sugiere la percepción del sentido común.

La nueva diversidad de índices es hija de la manipulación que arrancó en 2007. Entonces, la intervención del INDEC -que parecía una reacción impulsiva de un Gobierno preocupado por la repercusión de la inflación incipiente en el precio de los bonos atados al coeficiente CER- devino en una enfermedad crónica.

La última esperanza para una institución en agonía, afirman los más optimistas, será el IPC-Nacional en el que están trabajando sin estridencias el INDEC, las direcciones de estadísticas provinciales y técnicos de universidades de todo el país. El indicador estaría listo para ver la luz en octubre, aseguran en el organismo. ¿Será cierto?



Dibujos estadísticos

Hasta diciembre de 2006, el INDEC calculaba el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para Capital Federal y el Gran Buenos Aires, rememora para Viernes el economista Víctor Beker, que fue director de estadísticas del organismo estatal hace muchos años y hoy dirige el Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano, que se las apaña con los indicadores de las provincias.

En enero de 2007, el INDEC decidió discontinuar el IPC y reemplazarlo por el IPD (el Índice de Precios Dibujado), se mofa Beker. El nuevo índice cayó de inmediato en el más absoluto descrédito. Nadie cree en él, ni siquiera las propias autoridades, como lo señalara recientemente el legislador oficialista Fernando 'Chino' Navarro remarcando que los aumentos salariales que homologa el Ministerio de Trabajo, más que duplican las cifras del INDEC, apuntó.

Efectivamente, en un arranque de sinceridad, el líder del Movimiento Evita reconoció hace algunos días que hay inflación y que las estadísticas oficiales no reflejan cabalmente lo que pasa en la realidad. El Gobierno otorga unos aumentos para las jubilaciones y para la Asignación Universal por Hijo que son mucho más generosos que lo que aconsejaría el INDEC. Es una de las contradicciones que acarrea la manipulación y que el Gobierno cree que subsana con esos incrementos.

Beker advirtió que a partir de la intervención se generó un agujero negro informativo que fue paliado por la utilización de estimaciones de variaciones de precios difundidas por las direcciones de estadísticas provinciales -que no se sometieron al INDEC, dijo- y con los datos provenientes de las consultoras privadas difundidas a través del Índice Congreso.

Pero cuando empezó a resultar un arma letal contra el oficialismo, la información que apuntaban las consultoras fue acallada por denuncias judiciales y amenazas de multas. Buena parte de la oposición legislativa resolvió entonces acoger a los perseguidos y desde hace un par de años, en una práctica también bastante insólita, se difunde el IPC Congreso que da el doble del oficial.

El indicador prohijado por la oposición recoge investigaciones de una treintena de consultoras. La metodología es la misma que la del INDEC, arriesga ante Viernes María del Carmen González, asesora de la diputada Patricia Bullrich, de Unión por Todos, al explicar los secretos de la receta que se cocina en la Cámara baja.

Ella misma, asesora en temas de libertad de expresión y comunicaciones, se encarga de recibir la información de los privados. Son consultoras grandes, medianas, chicas, de Buenos Aires y del interior. Todas dan casi igual, con una décima de diferencia. Hacen un trabajo de una rigurosidad impresionante, confía González admirada.

Una vez recibida la información, González saca el promedio que luego presentan los legisladores. Para remarcar la solidez del dato obtenido en la calculadora, la asesora aseguró que llaman a su despacho embajadas, empresas y estudios de abogados interesados en conocer el índice para tomarlo como referencia en juicios por cuotas de alimentos.

Con una opacidad similar a la que se condena, González prefiere no revelar la lista con los nombres de las consultoras que aportan datos. Lo hace, dice, para protegerlos de sanciones. La Justicia se pronunció recientemente por dejar sin efecto las multas sobre cinco de las firmas, pero son más las cuestionadas que aguardan un fallo. Igualmente los referentes de algunas de las consultoras se muestran junto a los legisladores al momento de presentar esos números, que son de todos y no son de nadie. Como fachada de la difusión alternativa se utiliza al Congreso, la institución que representa a uno de los tres poderes de la República.



Indicadores con nombre propio

En este contexto, la gestión de Mauricio Macri elevó la apuesta y sacó su propio indicador, una forma de medir su propia credibilidad entre el electorado. El IPCBA de abril, el primero que se conoce, dio casi tres veces más que el INDEC. Todavía son pocos los detalles que se informaron sobre el trasfondo de la nueva medición. En la oficina de estadísticas alardean de contar con una certificación de calidad ISO 9001. Lo que se dejó entrever no resulta prometedor.

Entre los rubros medidos para la comparación mensual se toman las prácticas de gimnasia con un arancel mensual de 175,26 pesos, y como parte del sano esparcimiento se concede la lectura de una novela de suspenso (70,78) y el imprescindible manual de autoayuda (88,93), un ingrediente vital en la canasta básica de supervivencia de cualquier porteño.

Para Beker, el IPCBA es una decisión que debe celebrarse. Abre la esperanza de que los porteños volvamos a tener un índice confiable que mida las variaciones de precios del consumo en esta ciudad. Es demasiado temprano para evaluar la calidad del índice. Pero es significativo que se haya prometido publicar un listado de precios de productos relevantes utilizados en la estimación del índice. Eso lo hacía el INDEC pero dejó de hacerlo porque dejaba en evidencia la falta de relación con la realidad de los precios empleados en el cálculo del IPD, insistió.

Desde el oficialismo, la iniciativa se vive casi como una provocación. Esperemos que Macri, cuando tenga que aumentar los salarios de los trabajadores públicos de la Ciudad, les aplique este nuevo índice, chicaneó el economista Alejandro Robba, de La Gran Makro, en diálogo con Viernes. No soy especialista en IPC ni conozco en profundidad la metodología que utilizaron, pero creo que tiene una finalidad política.

Para Robba, toda la incertidumbre que hay en torno a los indicadores se va a dilucidar cuando se dé a conocer el IPC-Nacional, que será el resultado de la medición oficial en todo el país. Entretanto, admitió que hay una gran diversidad de canastas y metodologías, algunas muy desactualizadas que habrá que mejorar.

Es interesante la discusión entre el INDEC y el IPCBA, sobre todo por la forma en que los indicadores se utilizan luego para medir la pobreza, dijo. A la UCA la pobreza le da en unos niveles que parecen los de 2001-2002, exageró. Eso es lo que hay que poner en duda, cuestionó.

Como no podía ser de otra manera, para Robba la única verdad es la realidad.

Cualquier medición que se tome arroja una mejora de la pobreza y la indigencia y además, sostuvo que cuando se mide pobreza hay que ponderar los bienes públicos gratuitos que se adicionan al ingreso como cloacas, escuelas, netbooks o espectáculos que supuestamente abaratan el costo de la canasta.

La discusión se va a poner negro sobre blanco cuando se conozca la encuesta de gastos nueva del IPC-Nacional, anticipó. Entretanto, y ante las alternativas del menú, Robba prefiere el indicador de las provincias antes que el de las consultoras. El IPC-Congreso es el IPC del INDEC multiplicado por dos, ninguneó.



Todos miran a Santa Fe

Entre las direcciones provinciales que miden la variación de precios hay una que sobresale en las últimas semanas porque sus resultados no parecen alinearse ni con unos ni con otros. Mientras el INDEC aseguraba que la variación de la canasta de abril era del 0,7 por ciento, el IPC Congreso subía al 1,52 y el IPCBA llegaba a dos por ciento, el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos de Santa Fe medía 1,1 por ciento para el mismo mes. Es decir, ni tanto ni tan poco.

Si se observa la variación de los cuatro primeros meses del año, el INDEC arroja 3,1 por ciento, el IPCBA 7,1 por ciento. El indicador de Santa Fe, de nuevo, promedia el 4,4 por ciento. Los opositores -y otros desconfiados- creen ver un quintacolumnista infiltrado en el instituto que opera en el Gobierno del socialista Antonio Bonfatti.

Y es que la oficina de estadísticas de esa provincia no aplica la metodología del IPC-Congreso (el promedio de todos los otros) sino que realiza su propia medición en la calle. Desde la intervención, sus resultados estaban lejos de los del INDEC hasta que comenzaron a acercarse, se cree que a raíz del congelamiento de precios.

Así lo explicó a Viernes el director del Instituto, Jorge Moore. Tuvimos un período de baja en el que estábamos parejos con el INDEC. Después se abrió una brecha y ahora, en los últimos meses, de nuevo se achicó la distancia sobre todo en el rubro de alimentos y bebidas que es el que más gravita en la canasta, dijo.

Moore manifestó tener expectativas respecto del IPC Nacional en el que están trabajando junto al INDEC desde hace tiempo. Era necesaria una actualización, admitió.

Nosotros, por ejemplo, trabajamos con una canasta de 1988 y los consumos cambiaron. Hay que introducir elementos de tecnología. Ahora, en abril, empezamos con un nuevo IPC. Se hizo un seguimiento durante todo un año, midiendo gastos cotidianos, periódicos y otros de mayor envergadura como electrodomésticos o automóviles, abundó.

Detalló que también se analizaron gastos en función de los barrios, de los integrantes de cada familia y de los distintos ingresos económicos. Esa será la base del nuevo IPC que se va a tomar próximamente como indicador nacional, dijo. Para ello, en Santa Fe, trabajó muchísima gente en la relevación de gastos. Muchos fueron contratados específicamente para ese fin Hay que relevar más de 600 comercios en Santa Fe y 900 en Rosario, precisó y con el nuevo índice se incorpora otra ciudad más. El nuevo indicador tomará la medición en ciudades de más de 5.000 habitantes.

Lo que hay que lograr es que el indicador que se va a producir sea absolutamente veraz, dijo Moore, dando en la clave del asunto. Si bien el IPC es un promedio, la variación de precios de un mes a otro no puede estar disociada de lo que la gente percibe cuando va al supermercado, advirtió el director del Instituto santafesino. No puede haber una dispersión tan grande, añadió.

Moore evitó opinar sobre el IPCBA. A su juicio, cualquiera puede hacer un IPC. El tema es que se den a conocer las canastas tomadas como base. En este punto, aseguró que elaborar un índice es algo muy complejo. Lleva muchísimo tiempo porque hay que saber qué se consume, cómo, dónde se compra y después medir los distintos estratos para establecer el tipo de canasta, puntualizó. Todo debe estar clarito para evitar las dobles interpretaciones, aconsejó.



Diaria y virtual

Entre tantas alternativas, el mercado local lanzó otro producto que corre con la ventaja de la imagen de objetividad que viene asociada a la informática. La consultora Elypsis, del economista Eduardo Levy Yeyati (coautor de Vamos por Todo, escrito junto al sociólogo Marcos Novaro), realiza un relevamiento online que arroja un índice de variación de precios diario. 

No es un IPC, aclaró a Viernes el economista jefe de la firma, Luciano Cohan. Está concentrado en supermercados, comercios de electrodomésticos y galpones donde se venden materiales para la construcción. Pero no mandan encuestadores. Relevan 250 mil precios diarios en base a listas que se publican en internet. El software está preparado para descargarlos día a día de 60 fuentes de información.

La mitad de lo que se publica, lo tomamos. Son ponderaciones parecidas a las del INDEC. No es un promedio, sino que se evalúa el peso de cada cosa en función de lo que se consume, precisó. Por ejemplo, el pan no tiene el mismo peso que las frutillas, puntualizó. La consultora asegura que mide una canasta parecida a la del INDEC, pero no la misma. Y además abarca todo el país.

El INDEC mide una canasta fija de 440 bienes y servicios en Buenos Aires y 24 distritos del conurbano, para lo cual manda a la calle cada día a cincuenta encuestadores que relevan más de 100 mil precios en unos 6.000 negocios.

La medición virtual da el índice diario pero de ahí se puede sacar el dato mensual. Esta semana, el índice mensual varió un 2,5 por ciento, informó Cohan, todo un anticipo si se piensa que los demás indicadores, que están dando más bajos, se conocen siempre a mes vencido.

Cohan explicó que el objetivo que se propusieron fue tener una medición propia que les permita hacer un seguimiento de cerca de la economía. La inflación va a ser un tópico caliente por mucho tiempo en la Argentina, y tener información propia sobre esta variable no es algo menor, admitió. La información abarca una escala ambiciosa y no requiere de equipos de gente trabajando en la calle.

Respecto del IPCBA, celebró tener competencia. Como economista y como ciudadano, lo aplaudo y espero que sea fructífero, auguró. Lamento que hayan tardado tanto en sacarlo, pegó después. Lo ideal -admite- sería contar con un IPC-Nacional, pero a estas alturas desconfían. Hace rato que dicen que va a haber un nuevo índice, pero nunca sale.

La idea de la consultora de Levy Yeyati remite a la propuesta de Roberto Rigobón y Alberto Caballo, profesores del MIT (Massachussets Institute of Technology en Cambridge, Estados Unidos). Los economistas elaboraron una iniciativa académica (The Billion Prices Project) que toma precios de cientos de retailers que publican listas online alrededor del mundo, también sobre bases diarias.

Para ver los datos de la Argentina, se puede acceder al sitio que tiene un nombre más que elocuente: www.inflacionverdadera.com; y un lema: un aporte a la transparencia en Argentina. Atentos a la certidumbre que se clama, los economistas crearon la empresa Price Stats que calcula índices de inflación en todo el mundo, incluyendo la Argentina. En las últimas semanas, gracias al congelamiento, sus datos muy moderados eran difundidos en off the record por economistas cercanos al oficialismo. La consultora externa daba 17 por ciento anual, un porcentaje similar al de Santa Fe, no tan bajo como el del INDEC ni tan alto como los que difunde el Congreso Nacional o la CABA.

El índice de Price Stats fue adoptado por el semanario británico The Economist en febrero de 2012 en reemplazo de los datos oficiales del INDEC. En una columna titulada D'ont lie to me, Argentina, la revista explicó las razones que la llevaron a remover los números del INDEC de su página de indicadores del mundo.

The Economist reveló que si bien no ponían las manos en el fuego por todos los países que aportaban al listado, la mayoría actúa de buena fe, con una sola excepción...¿Adivinen quién? Sí. "Desde 2007 la Argentina publica unas cifras en las que nadie cree", sentenciaron. Esa subinformación, acusan, significó una pérdida de miles de millones de dólares para los bonistas.

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