22 de febrero 2012 - 00:00

Estremecedor retrato del “nazi perfecto”

Estremecedor retrato del “nazi perfecto”
Laurent Binet «HHhH» (Bs.As., Seix Barral, 2012, 391 págs.)

El 20 de enero de 1942 en el distrito berlinés de Wannsee frente a representantes civiles, militares y policiales del gobierno del Tercer Reich, Reinhard Heydrich, secundado por Adolf Eichmann presentó el plan de «Solución final del problema judío», que significó la masacre de 11 millones de personas, masificando el genocidio de modo industrial a través de cámaras de gas. Reinhard Heydrich, llamado «La bestia rubia», «El carnicero de Praga» y por Hitler «el nazi perfecto, el hombre de corazón de hierro», había sido comisionado por su jefe, Heinrich

Himmler
, como jefe de la Gestapo, para explicar y luego iniciar el plan establecido en esa conferencia interna. Cinco meses más tarde, el 26 de mayo de 1942, en Praga, donde lo ha enviado Himm, receloso de la creciente fama de su «mano derecha», como «Protector de Bohemia y Moravia», Heydrich es herido en un atentado que fue pogramado en Londres y que llevaron a cabo dos partisanos de la resistencia checa. El «Organizador de comandos de exterminio» sobrevive, pero como no se deja curar por un médico que no sea alemán,ocho días después muere de septicemia.


Este libro, que fue galardonado con el «Premio Gouncourt a opera prima», cuenta la historia de la «Operación antropoide», nombre de guerra para la legendaria emboscada consumada a uno de los seres más siniestros de la legión que formó las huestes del nazismo. Más que novela es un libro inclasificable, con mucho de experimental. Si bien narra un hecho real, el autor busca escrupulosamente no novelizar una historia que tiene mucho de thriller, de novela de acción y aventuras. Para lograr eso se incluye como personaje, en una especie de autobiográfico «making of», de «cómo se hizo», de cómo llegó al tema, cómo lo investigó, de las dudas que tuvo, de, por caso, tras unas páginas corregir errores de algo que había escrito, buscando tanto conseguir un tono de relato oral como el lograr alcanzar el imperativo de exactitud que se había propuesto, y que lo lleva hasta, en algún párrafo, a caer en un comentario ingenuo.

Mientras en «Las benévolas», consagrada novela con la que ésta ha sido comparada, Jonathan Littel bucea «la banalidad del mal» desde el interior de un culto oficial de la SS, en «HHhH» Binet se abstiene de entrar en la psique de sus personajes, porque «es imposible entrar en la mente de un nazi», Él prefiere acumular detalles, fichas, transcribir diálogos, establecer todo lo objetivo, dejando lo subjetivo a cómo encara lo que esta erscribiendo, algo que le permite hablar de su amigos, de su pareja o de su amor por la ciudad de Praga.

«HHhH», el curioso nombre del libro, que en alemán suena a «jajajaja», es una risotada tenebrosa que remite a la frase «Himmlers Hirn heisst Heydrich», o sea «el cerebro de Himmler se llama Heydrich», usada por los miembros de la SS para mencionar al jefe de la Gestapo, que era visto como el más peligroso de los jefes nazis, el que no paraba de crecer, el que no tenía límites, el que era consultado por Hitler. Un tipo frío, elegante, cultivado, familiero, buen marido, músico, deportista, buscador de honores y bienes materiales y, de modo fundamental, probadamente aterrador. Un jefe tan nazi que sabía inculcar a sus tropas su perversa malignidad.

Escrita con un ritmo trepidante, con párrafos que pasan de unas pocas líneas a los que precisan de páginas porque estalla la acción del atentado, es la salida de 800 Waffen-SS a la caza de los autores del ataque, el suicidio de los partisanos luego de enfrentar durante horas a los alemanes, el haber mostrado al mundo que «los nazis no eran inmortales ni invencibles» y la espeluznante venganza de un escuadrón de la SS que arrasó la ciudad de Lídice, ejecutando a sus 1331 habitantes, matanza que es comparada a la del bombardeo de Guernica. Con acierto Mario Vargas Llosa ha escrito que un buen libro, como éste, perdura en la conciencia y nos hace pensar qué debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse.

M.S.

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