"Vamos a aprovechar el encuentro de los ministro de Defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)", mañana y el jueves en Bruselas, "para hablar de las posibilidades y sobre en qué medida puede ayudar a supervisar el mar, en apoyo al trabajo de Frontex y de los guardacostas turcos", declaró Merkel, de visita en Ankara.
Turquía y Alemania, que en 2015 recibió a más de un millón de refugiados principalmente sirios, afganos e iraquíes, acordaron "cooperar mejor", reiteró ayer el primer ministro Davutoglu.
Su país y la Unión Europea (UE) firmaron a fines de noviembre un "plan de acción" que prevé una ayuda europea de 3.000 millones de euros a las autoridades turcas, que a cambio deben controlar mejor sus fronteras y luchar contra los traficantes de personas.
Actualmente, cientos de refugiados se aventuran cada día desde las costas turcas para alcanzar las islas griegas del Egeo oriental y desde allí proseguir hacia Europa central y del norte. La travesía es sumamente peligrosa, y ayer al menos 35 personas, entre ellas 11 niños, murieron en un nuevo naufragio frente a las costas turcas.
Según datos publicados por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), unos 68.000 migrantes lograron entrar en Grecia desde Turquía en lo que va de este año. Por su lado, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dio cuenta de 284 muertos en esa ruta desde el 1 de enero.
En este contexto, la presión de la UE a Turquía para que abra sus puertas a los desplazados de Alepo, tras la ofensiva de las tropas del régimen sirio la semana pasada, irritó a los dirigentes turcos.
"Ustedes le piden a Turquía que contenga el flujo de refugiados hacia sus países, y ahora nos piden que abramos de par en par nuestras fronteras a los refugiados. ¿Nos toman por idiotas?", dijo indignado el viceprimer ministro turco, Yalçin Akdogan.
Unas 30.000 personas esperaban ayer ante el puesto fronterizo turco de Öncüpinar. Las autoridades turcas dijeron ayer que temen que los combates en Alepo provoquen una nueva ola de hasta 600.000 desplazados, en un momento en que el país ya alberga a 2,7 millones de refugiados sirios.
Los desplazados, en buena medida mujeres y niños, seguían esperando en la frontera en condiciones muy precarias. "Tenemos hambre y frío. La gente duerme en la calle", contó Mohamad Rahma, de 15 años, que fue autorizado a entrar en Turquía tras resultar herido en los ojos durante un bombardeo ruso en la ciudad de Azaz.
Los soldados de Al Asad, ayudados por los bombardeos aéreos rusos, seguían avanzando anoche en el norte de la provincia de Alepo con dirección a la ciudad rebelde de Tall Rifaat, situada a unos 20 km de la frontera turca, indicó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).
La batalla de Alepo podría marcar un giro en el conflicto sirio, que en marzo cumplirá cinco años. La caída de la segunda mayor ciudad del país, dividida desde 2012, supondría un duro golpe para los rebeldes "moderados", que ya están teniendo dificultades en otros frentes.
| Agencias AFP, EFE, ANSA, DPA y Reuters |

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