18 de octubre 2010 - 00:00

Europa no sabe cómo financiarse

Bruselas - ¿Necesita la Unión Europea nuevas fuentes de financiamiento para mantener a flote sus propias arcas? ¿Llegará incluso a introducir un nuevo impuesto europeo?

Cuando se trata de dinero las sesiones en Bruselas se alargan especialmente. Los diplomáticos están ya mentalizados para enfrentarse a una reunión maratónica en la que tendrán que acordar un nuevo marco financiero para la UE que entrará en vigor en 2014. El comisario europeo de Presupuestos pondrá mañana en marcha la batalla por los miles de millones de la UE.

Se prevén arduas discusiones, ya que los países del bloque deben reducir sus déficits y apretarse el cinturón. Muchos quieren disminuir por ello sus contribuciones a Europa, en lugar de aumentarlas.

El nuevo Gobierno de minorías en Holanda, por ejemplo, aspira a recortar su aporte en 1.000 millones de euros. «¡Más Holanda, menos Bruselas!», reza la nueva consigna del populista ultraderechista Geert Wilders, el que ha servido de comodín para proporcionarle una mayoría al nuevo Gobierno de coalición integrado por la derecha liberal y los cristianodemócratas.

El actual marco financiero para un período de siete años por un importe superior a los 860.000 millones de euros expira a finales de 2013. La UE debe decidir ahora si continuará aceptando la rebaja en lo que a la contribución británica respecta, lograda en su momento por la entonces primera ministra Margaret Thatcher bajo el lema «I want my money back!» («Quiero que me devuelvan mi dinero»). El más reciente descuento del que se benefició Reino Unido ascendió a 5.600 millones de euros. Muchos consideran que el privilegio británico debería desaparecer.

Otro tema espinoso, especialmente para Alemania, son las nuevas fuentes de financiación de la UE. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, promete un debate sin tabúes sobre las finanzas, en el que incluirá los llamados medios propios. Hasta ahora la UE se financiaba sobre todo por medio de contribuciones de los países miembros. Ahora Bruselas no descarta que se aplique una cuota al tráfico aéreo o que los ingresos de la planeada subasta de derechos de emisión de CO2 vayan a parar directamente a las arcas de Bruselas.

El término «impuesto europeo» no agrada demasiado en los dominios de Duaro Barroso, ya que al fin y al cabo el ciudadano europeo no paga nada directamente de su bolsillo, según se argumenta.

Se llame como se llame, en cualquier caso países como Alemania se oponen rotundamente a la implantación de impuestos europeos y también a la emisión de bonos europeos con los que se puedan financiar proyectos de infraestructura. El credo de Berlín es que la UE aún no ha alcanzado la madurez suficiente para ello.

Otros socios de la UE, también el grupo de los contribuyentes netos a Bruselas, discrepan completamente de la postura alemana. Éstos consideran que no se debe despreciar ninguna posibilidad.

El ministro austriaco de Finanzas, Josef Pröll, es por lo visto uno de los políticos del ramo que no descarta elevar la contribución de su país a la UE. ¿Un impuesto europeo? «A mí eso no me asusta», aseguró el ministro conservador, quien opinó también que deben tomarse en cuenta todas las posibilidades.

También España, que recibe cada año más de 1.000 millones de euros de las arcas de Bruselas, podría estar dispuesta a hacer concesiones a los planes de la UE.

Otro de los escollos para la confección de los presupuestos de la UE son los subsidios a la agricultura, que siguen lastrando las cuentas de Bruselas con más de 50.000 millones de euros anuales. La Comisión exige que en adelante estas subvenciones sean «más transparentes, comprensibles y justas». Los países que podrían verse beneficiados por un reparto más equitativo de las ayudas son los de Europa del este, a costa de la reducción de subsidios a los agricultores de otros Estados.

Los analistas están a la espera de la reacción de Francia, que hasta ahora ha defendido con uñas y dientes sus subvenciones agrarias. Tal vez el próximo marco financiero de la UE contenga un acuerdo en materia agraria que beneficie a un pequeño número de países.

Agencia DPA

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