21 de noviembre 2011 - 00:00

Excepcional concierto de la familia Tiempo en el Colón

Los cuatro integrantes de la familia en el Concierto ofrecido en el teatro Colón.
Los cuatro integrantes de la familia en el Concierto ofrecido en el teatro Colón.
«Secretos de familia». L. Tiempo, S. Tiempo, K. Lechner y N. Binder (piano). Obras de F. Liszt, F. Chopin, R. Schumann, J. Brahms, S. Rachmaninov, M. Ravel y A. Vivaldi-J. S. Bach (Teatro Colón, 19 de noviembre)

No es frecuente encontrar una familia en la que la música y el amor sean una misma cosa. No sólo porque en ella la música se transmite de una generación a otra con la misma fluidez, sino porque cada uno de sus integrantes demuestra una pasión infinita por el arte que profesa, que se erige en herencia y también en elección personal.

Así es la estirpe pianística que comenzara con Antonio De Raco y su esposa Elizabeth Westerkamp (y que registra antecedentes musicales todavía una generación antes, ya que el padre de De Raco era trombonista); en este contexto, el concierto del sábado pasado en el Colón, «Secretos de familia», fue excepcional tanto por la cumbre musical que constituyó como por su carácter de celebración familiar, dado que era la primera vez que Lyl Tiempo (hija de Westerkamp y De Raco), sus hijos Sergio Tiempo y Karin Lechner y Natasha Binder, de 11 años (hija de Karin) compartían escenario.

Todo comenzó por un breve y memorable recital de Sergio Tiempo. Su interpretación de los «Tres sonetos del Petrarca» (de «Años de peregrinaje») de Liszt tuvo un perfecto equilibrio entre el énfasis declamatorio y el despliegue de un paisaje sonoro pleno de matices, desde la transparencia a la opacidad, según lo requiriera la partitura. Luego brindó una versión de 12 estudios de Chopin (de las dos series), personal desde la selección misma. Con «tempi» que llegaron al vértigo en los opus 10 n° 1 y 4 y una capacidad de concentración fuera de serie (ante un público gran parte del cual manifestaba su excitación a través de constantes ruidos), el fenomenal pianista tuvo una performance individual arrolladora que finalizó con los últimos números de los opus 10 y 25 en atormentada sucesión.

El inicio de la segunda parte estuvo en manos de la ya famosa Natasha Binder, quien vertió una selección de las «Escenas infantiles» de Schumann con una notable musicalidad y una expresividad y madurez interpretativa asombrosas. Su madre, Karin Lechner, se sumó para bellas versiones de dos valses del opus 39 de Brahms, y con la incorporación de Sergio Tiempo se pudo escuchar el «Romance» a 6 manos de Rachmaninov, donde fue notable la empatía de los tres intérpretes, lógica no sólo por el parentesco sino por haber sido todos alumnos de Lyl Tiempo.

Ella misma, «alma mater» por partida doble, mujer que transmite con su sola presencia gran fuerza y serenidad, completó el cuarteto para el «Concierto para cuatro claves» BWV 1065, el arreglo que Bach realizara del número 10 de «Lestro armonico» de Vivaldi. Es impensable una complicidad mayor que la de estos cuatro artistas, que pueden lograr una atmósfera magnética como la del segundo movimiento (bisado más tarde) y hacer olvidar que la partitura fue escrita para cuatro claves y orquesta: en esas ocho manos hubo un microcosmos sonoro de una magia inexpugnable. Tanto en el segundo bis (el «Joropo» de Moisés Moleiro) como en «La Valse» de Ravel, uno de sus favoritos, Lechner y su hermano electrizaron al público con la energía desbordante y el espíritu lúdico que caracteriza al dúo. Los abrazos de los cuatro en medio de la ovación final fueron un símbolo de la significación de ese concierto: tradición de un pasado, presente y futuro de excelencia.

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