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Éxodo de focos rebeldes por feroz contraataque
«No sigan avanzando, quédense aquí, debemos proteger el petróleo», repetían ayer los altavoces de un coche, tratando de contener el éxodo, en el puesto de control de los milicianos en las puertas de Ras Lanuf, donde la aviación fiel a Gadafi bombardeó en varias ocasiones para amedrentar a los milicianos. Al menos en tres ocasiones las baterías antiaéreas de esta posición rebelde intentaron sin éxito derribar a los aviones que atacaron primero a varios kilómetros de la ciudad, después a cinco y finalmente a menos de mil metros de donde se concentraban unos dos centenares de jóvenes milicianos.
Con cada explosión, el mismo ritual: gritos, disparos de las baterías antiaéreas, huidas despavoridas hacia el desierto y el retumbar de la polvorienta explosión.
Después, los inexpertos rebeldes volvían a unirse y a celebrar que la explosión no había caído sobre ellos disparando al aire sus pistolas y metralletas y cantando canciones patrióticas y contra el líder libio, Muamar el Gadafi.
«Son como niños con ropa nueva en un día de fiesta», confesaba Ibrahim al Jodeiri, un exmilitar de 50 años que abandonó el Ejército hace tres tras sufrir una trombosis una vez cumplidos 21 años de servicio.
En Misrata (tercera urbe del país, entre Trípoli y Sirte), los tanques de Gadafi bombardeaban la ciudad desde el domingo, indicaron residentes, que advirtieron del riesgo de una «carnicería» sin una intervención de la comunidad internacional. La represión dejó aquí al menos 21 muertos, «en su inmensa mayoría civiles», y 91 heridos, nueve de ellos graves, informaron fuentes médicas.
«Nadie dirige a nadie, cada grupo hace lo que quiere, avanza o retrocede, dispara o no, tienen armas, son suyas y hacen con ellas lo que quieren», aseguró Ahmed Fathi, otro rebelde en Ras Lanuf.
Sólo el domingo, siete rebeldes murieron y otros 55 resultaron heridos en los combates entre Ras Lanuf y Ben Yauad, localidad tomada por los rebeldes el domingo y recuperada ayer a la madrugada por las fuerzas de Gadafi, después de que los rebeldes se retiraron.
Los enfrentamientos y el temor a que la situación se atasque en este enclave petrolero han empujado a decenas de familias a abandonar la localidad en dirección a Bengasi, la segunda ciudad del país y en manos de los rebeldes.
En Al Zauiya, a 92 kilómetros al suroeste de Trípoli, ayer por cuarto día consecutivo las denominados «revolucionarios» resistían un nuevo ataque de artillería.
Agencias EFE y ANSA


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