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Ezra Pound, un traidor que albergaba un héroe

Hay grandes escritores del siglo pasado, poderosamente innovadores e influyentes, en los que asombra su devoción por los autoritarismos. El noruego Knut Hamsum quedó marcado como traidor a su patria cuando en 1943, en un mitin, le regaló a Joseph Goebbels su medalla de Premio Nobel de Literatura. El francés Louis-Ferdinand Céline tras la victoria de los Aliados fue declarado «Desgracia nacional» en Francia por haber sido colaboracionista de los nazis y antisemita.
Un caso que no deja de asombrar es el del poeta estadounidense Ezra Pound, al que T.S. Eliot trata de «il miglior fabbro» (el mejor hacedor) acaso porque le corrigió «La tierra baldía», obra que lo llevó al Premio Nobel. Pound se sintió fascinado por Mussolini al punto de ir a vivir a Italia, y lanzar desde Radio Roma su programa «Aquí la voz de Europa» donde hacía la apología del fascismo, una sarcástica crítica de los Aliados, ensalzaba a los trabajadores igual que Ernst Jünger, pregonaba su visión antisemita, hacía de forma paranoica al capitalismo usurario la causa de todos los males. Cuando cayó Il Duce, Pound fue apresado por partisanos y entregado a tropas norteamericanas que lo encerraron en una jaula y lo enviaron a Estados Unidos, donde pasó 12 años en manicomios para salvarlo de se fusilado por traición a la patria.
«Pound será siempre un enigma porque es difícil entender cómo alguien tan cordial, generoso y dispuesto al conocimiento, que nunca obedeció a prejuicios económicos, raciales o religiosos, se mostrara por radio un fanático antisemita que consideraba a los judíos, entre los que tenía buenos amigos, la raíz de la Guerra Mundial. Cuando me enteré de que funcionarios de la Italia fascista sospecharon que Pound usaba sus charlas radiales para enviar mensajes cifrados a los Aliados, no me pareció un disparate», explicó el escritor granadino Justo Navarro como el punto de partida de su novela «El espía».
Durante 11 capítulos, Navarro recupera la vida de Pound durante el fascismo, alejado ya de sus amigos James Joyce, Marcel Duchamp y Ernest Hemingway, entre muchos otros. Se interna en las vidas de quienes rodean a Pound porque son los dueños del poder o son sus panegiristas, como Lord Haw-Haw, inglés que fue modelo del adulador del totalitarismo, en su caso del nazismo. Cuenta de las dos mujeres de Pound, su esposa y sus amante, la violinista con la que tuvo una hija. Navarro va construyendo una apasionante novela histórica. Pero en el último capítulo el autor cambia el rumbo, apresurando en tener que dar sentido a los datos ofrecidos y explicar su versión de la conducta de Pound, se vuelve una especie de protagonista de la historia, lo que al estar en esa especie de epílogo empobrece lo logrado. Un tal J.N., traductor de oficio, va a Italia a verse con un escritor de novelas policiales, y allí encuentra a un hombre que fue miembro del Servizio Informazioni Miliatari que le explica que si bien Pound estaba enamorado del condottiero Mussolini, sus arengas con su incongruencia y desconexión lógica que parecían no significar nada, podían significar mucho si sabía descifrarlas. Pound era, entonces, un doble agente. Un traidor, que a diferencia del personaje de un famoso cuento de Borges, escondía un héroe.
M.S.


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