19 de mayo 2009 - 00:00

Faltó público en una cumbre de folkloristas

«La fiesta. Juntos de verdad». Actuación de Soledad, Los Nocheros y «El Chaqueño» Palavecino. Con S. Fucci (teclados, dir. musical), R. Vivas, P. Santos (bajos), P. Sosa (batería), M. Berrios (guitarra eléctrica), J. Calcaterra, O. Bazán (guitarras criollas), J.J. Castelli (acordeón), J. Alzogaray bandoneón), D. Villa, R. Helguero, F. Pereyra (violines), T. Izkierdo (percusión), P. Toledo, S. López (bombos), S. López (charango) y M. Coletti (aerófonos). (Estadio Vélez; 16 de mayo; repite el 22/5 en el estadio Orfeo de Córdoba).

La crisis está haciéndose evidente, también, en el terreno de la música. Ya no es tan sencillo, como en los tiempos de bonanza de unos años atrás, llenar teatros o estadios con precios delirantemente altos; y el público -porque no puede o porque se hartó- está empezando a darle la espalda a muchos shows. Recientemente, el gran maestro Ornette Coleman y el brasileño Egberto Gismonti debieron actuar en un Gran Rex con muchísimos claros; y ahora fueron los tres artistas más convocantes del folklore los que tuvieron que disimular la jugada fallida de armar un concierto en la cancha de Vélez.

Las «más de 25.000 personas» de las que habla el comunicado oficial son un atentado a la inteligencia de cualquiera con cierta experiencia en estas cosas. Con el escenario reformulado sobre uno de los laterales, en lugar de sobre la cabecera, como es habitual y como estaba planeado, con dos tribunas cerradas, con el público del campo -que se ofuscó por eso y lo hizo saber acaloradamente- reubicado en la platea frente al escenario, la estimación entre periodistas era de unas 10.000 personas; muchísimas para cualquier artista, sin dudas, pero muy pocas para un estadio como el de Liniers. Tampoco ayudó la fresca noche otoñal, a la que se llegó después de una postergación (iba a ser originalmente en abril), justamente por la venta pobre, aunque se atribuyeran a argumentos técnicos nada creíbles.

Por lo demás, los artistas se tomaron muy en serio este desafío. Se los vio «juntos, de verdad», haciendo un concierto compartido desde el comienzo hasta el final, repartiendo repertorios en los lugares solistas, bien ensayados, con algunos dúos bien trabajados, y hasta con gags «alla Pimpinela» como en el dúo de Soledad y el Chaqueño Palavecino para «Que hable con ella».

Una banda muy numerosa -en la que se mezclaron músicos de los tres- dirigida por el pianista Sebastián Fucci fue un marco profesional para unificar estilos y aprovechar las virtudes de cada uno: el canto coral de Los Nocheros, la voz potente y el carisma de Soledad -con un crecimiento evidente en ese aspecto- y la fuerza tribunera de Palavecino. En el repertorio se mezclaron las canciones de todos y se alcanzó el mayor pico de entusiasmo de la gente -que, quizá por el frío, quizá por la mezcla de fanáticos de cada cual, no fue tanto- sobre el final, cuando llegaron canciones como «A Don Ata», «, «La yapa», Amor salvaje», «El humahuaqueño» y «Fiesta del alma», el tema compuesto especialmente para la ocasión por el Nochero Kike Teruel y Teresa Parodi.

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