3 de diciembre 2012 - 00:00

Fanatismo islámico levanta vuelo en el nuevo Egipto

Miles de manifestantes islamistas, incluso de los sectores más radicalizados, rodearon el edificio de la Corte Constitucional. Ante ello, los jueces se declararon amedrentados.
Miles de manifestantes islamistas, incluso de los sectores más radicalizados, rodearon el edificio de la Corte Constitucional. Ante ello, los jueces se declararon amedrentados.
Estambul - Es la hora de las largas barbas en Egipto, y de la «zebiba», la marca marrón que supuestamente se produce en la frente de tanto rezar y que hoy es común ver entre los hombres. El país del Nilo se encuentra en crisis desde hace año y medio, cuando una revolución destituyó a Hosni Mubarak y lo envió a la cárcel. Y este fin de semana demostraron su fuerza quienes más se han beneficiado del cambio: los islamistas.

Ayer, miles de islamistas radicales rodearon el Tribunal Constitucional en el barrio de Maadi, donde estaba previsto que los jueces analizaran la legitimidad de la Asamblea Constituyente (ver nota aparte). Y que podrían haber declarado nulo al texto que poco antes había aprobado en tiempo récord una carta magna que rechazan los partidos de izquierda y seculares. Los islamistas impidieron a los jueces entrar en el recinto, sin que la Policía interviniera. «Esto es un asesinato moral de la Justicia egipcia», declaró poco después la Corte.

La tarde anterior, decenas de miles de simpatizantes del presidente Mohamed Mursi habían salido a las calles. «¡Digan: Allahu Akbar!», gritaban los predicadores islámicos desde un escenario ante la Universidad de El Cairo. «Dios es grande», respondían los asistentes al acto.

«El Corán es nuestra Constitución», señalaban los carteles aludiendo al conflicto constitucional. Dios es el que mejor sabe lo que necesitan las personas, añadían los participantes. Las mujeres, vestidas con el niqab, el velo negro completo hasta los pies, levantaban pancartas en las que se leía: «Mursi, estamos orgullosos de vos».

La manifestación fue convocada principalmente por la Hermandad Musulmana, para demostrar su fuerza a la oposición que lleva días protestando contra Mursi.

Detonante

El gran detonante de las marchas opositoras fue el decreto en el que Mursi se atribuyó poderes por encima de la justicia la semana pasada, restando poder a los jueces. Unos días más tarde, la Asamblea Constituyente, dominada por los islamistas, aprobó un texto que rechazan liberales, izquierdistas y cristianos. Todos temen que la consecuencia de la nueva Constitución sea que se utilice de manera estricta como base para impartir justicia la ley islámica, la «sharia».

Las imágenes de las manifestaciones a favor de Mursi en El Cairo y otros lugares de Egipto no calman en absoluto estos temores. Porque entre los participantes estaban los salafistas, que aspiran a vivir como Mahoma y se ven, de hecho, como él. Llevan pantalones similares a los que se supone llevaba el profeta, largas barbas y rechazan la música y todo lo que no tenga que ver con su religión.

A causa de ello, los salafistas se negaron el sábado por la tarde a ponerse en pie al escuchar el himno nacional egipcio durante una sesión en la Asamblea Constituyente con el presidente Mursi, según el diario Al Ahram.

Otra importante presencia en las manifestaciones fue la de Gamaa Islamiya (Unidad Islámica), que en la época de Mubarak estaba prohibida por ser considerada un grupo terrorista. Después de la «Primavera árabe» algunos de sus representantes incluso llegaron al Parlamento. Para ellos, la Hermandad Musulmana es demasiado moderada. Junto con los salafistas intentan convencer a Mursi de tomar más medidas para convertir a Egipto en un estado islámico.

Mientras tanto, al otro lado del Nilo, los opositores al presidente continúan con sus protestas en la plaza central de Tahrir. Rechazan el poder que están consiguiendo los islamistas y afirman que Mursi se está aprovechando del sentimiento religioso de los egipcios para sus propios fines.

Desde hace tiempo en los taxis y en muchas tiendas se oyen de manera regular grabaciones con rezos del Corán. Pero ahora llegan además noticias alarmantes sobre fanáticos que ante el éxito político de los islamistas se sienten justificados para actuar como policías religiosos.

Por ejemplo, el pasado verano (boreal) un joven fue asesinado en Suez por salir a pasear con una mujer. En Luxor, una profesora que llevaba velo completo cortó el pelo a dos alumnas que se negaban a ponerse el pañuelo.

Agencia DPA

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