12 de octubre 2009 - 00:00

FIBA: Patagonia metafórica en un buen ballet de una compañía belga

Los oficiantes de «Patchagonia» (cuatro bailarines de Les Ballets C. de la B., y tres músicos), interesante parábola de la incomunicación.
Los oficiantes de «Patchagonia» (cuatro bailarines de Les Ballets C. de la B., y tres músicos), interesante parábola de la incomunicación.
«Patchagonia». Coreog.: L. Estaras. Les Ballets C. de la B. Mús.: T. Limberger. Dramaturgia: G. Cools. Esc.: P. De Blieck. Luces: C. Bourguignon. (Teatro Presidente Alvear).

La compañía Les Ballets Contemporains de la Belgique (nombre sintetizado como Les Ballets C. de la B.), que dirige Alain Platel ya es conocida en Buenos Aires por una visita anterior al Festival Internacional de Teatro. Esta vez este grupo fundado en 1984 estrenó «Patchagonia», una coreografía de la artista argentina Lisi Estaras, ligada a Les Ballets C.de la B. desde 1997. «Patchagonia» recorre metafóricamente el espacio patagónico a través del deambular de siete personajes (cuatro bailarines y tres músicos) por esa tierra yerma en la imaginación de Estaras, quien elabora con ellos una suerte de ceremonial, con varios estímulos sonoros y visuales. Cada uno de los bailarines tiene su soliloquio bailado, actuado, además, con una intensidad dramática que es un poco el sello estilístico, al modo expresionista, que Platel le ha impuesto a la compañía y que Lisi Estaras sigue al pie de la letra.

El eje del trabajo pasa por la manifestación de estados anímicos de los singulares personajes, una mujer y tres hombres, profundamente solos y sin posibilidades aparentes de comunicación. Así es la visión de Estaras de esta Patagonia argentina, que imagina como un páramo, donde las pérdidas se acumulan y no hay salidas aparentes.

La danza estrictamente hablando aparece menos que la palabra dicha o cantada, en castellano o en inglés. Los pocos diseños coreográficos poseen su impacto pero no es lo fundamental. Lo primordial de la mirada de esta argentina es la creación de un universo hostil, en una geografía árida (marcada por la dureza de la escenografía con un árbol rígido y seco y un caballo muerto de madera), donde las relaciones humanas son casi imposibles por el modo en que están enquisen sus propias ausencias los cuatro personajes centrales.

A ellos se suman los tres instrumentistas que recrean músicas folklóricas que permiten la danza y acompañan las acciones. Un paisaje de la desolación que en los tramos finales de «Patchagonia» se evidencia con mayor impacto emocional, siempre dentro de una tendencia coreográfica de orden expresionista, con diálogos del teatro absurdo y con un desplazamiento del septeto siempre vivaz e intimidante. Los amarillos pálidos y luego, restallantes, de las luces de Carlo Burguignon crean la atmósfera seca, apropiada para la obra, alejada del fácil folklorismo y casi una parábola de la incomunicación humana en un espacio cercano a lo irreal, un poco a la manera del Antonioni de «El desierto rojo».

Dejá tu comentario