2 de julio 2010 - 00:00

Fiebre de cuartos

Fiebre de cuartos
Nada se modifica; a las 16.15, cuando el sol empieza a caer en el invierno de Pretoria, el plantel comienza a enfilar hacia la cancha principal del predio de la universidad de la ciudad, más conocido como HPC (High Performance Centre). A la mañana, la mayoría de los jugadores había pasado por el gimnasio y luego del almuerzo y la siesta, cada uno iría enfilando para el entrenamiento. Diego había llegado antes que el grueso de los jugadores y después de los sparrings y Sergio Batista, que comanda el grupo de juveniles. En grupitos de dos o tres fueron llegando todos, hasta que apareció Lionel Messi, enfundado en la ropa de entrenamiento, con zapatillas de tiempo libre y los botines en la mano, junto con su compañero de habitación, Juan Sebastián Verón, y su amigo, el Kun Agüero.

«Diego, perdoname, pero no me siento bien, y no paro de estornudar». Las palabras del 10 al seleccionador sonaban con la evidencia del caso: congestionado y con mucha mucosidad. Maradona lo llamó a Donato Villani, el médico del plantel, para que constate lo que él mismo estaba viendo. Leo estaba con un estado congestivo y hasta tenía algunas líneas de fiebre; conclusión, lo mandaron de vuelta a su habitación, la número diez.

El estado no era ni por asomo grave, pero no tenía ningún sentido correr riesgo. La Pulga se fue caminando solo los casi doscientos metros que separan el campo habitual de entrenamiento hacia el edificio central donde están las habitaciones de todos. Reposo y nada más. Al mismo tiempo, Diego repartía las pecheras y ponía a Javier Pastore para los titulares en el lugar del 10, bien parado de enganche detrás de la posición de Gonzalo Higuaín y Carlos Tevez en el partido que los titulares iban a enfrentar a los sparrings, que tenían en su arco, como es habitual, a Sergio Romero.

A medida que los periodistas iban arribando a la universidad de Pretoria para asistir a los últimos veinte minutos del entrenamiento, la noticia de la tarde ya tenía forma de reguero de pólvora. Gripe, alta temperatura, descartado, infección urinaria fueron sólo algunos de los términos que los hombres de prensa más sensacionalistas elegían para ganar un segundo más de fama, en un marco que alojaba más de trescientos periodistas de todo el planeta. Los españoles, por ser Messi la gran figura de la liga, los alemanes por ser el hombre que despierta el mayor temor para el partido de cuartos, los argentinos por la presencia del ancho de espadas en el equipo y los del resto del mundo, por estar en duda la presencia en el cruce de cuartos, ni más ni menos, del mejor futbolista de la Tierra. La histeria duró hasta que terminó el entrenamiento, cuando el doctor Villani le oficializó a este enviado que sólo era un cuadro de congestión, con algunas líneas de temperatura. Nada más. Messi juega el sábado; sólo a algún afiebrado podría ocurrírsele lo contrario.

Dejá tu comentario