12 de enero 2011 - 00:00

Fragmentos de un discurso amoroso, según Shakespeare

Mónica Viñao: «Cuando hablo de caída en el amor’, según la forma literal del inglés, me refiero a que uno debe estar vulnerable para enamorarse».
Mónica Viñao: «Cuando hablo de caída en el amor’, según la forma literal del inglés, me refiero a que uno debe estar vulnerable para enamorarse».
En su nuevo espectáculo, «Caer en el amor», la directora Mónica Viñao expondrá distintas facetas del vínculo amoroso a través de nueve «instantáneas» basadas en pequeños fragmentos de «Romeo y Julieta», «Hamlet», «La fierecilla domada» y otras obras de Shakespeare. Los actores Deborah Bianco, César Repetto y Cecilia Wierzba formaron parte de esta investigación. A ellos se sumará en escena el prestigioso contratenor Sergio Pelacani (especializado en música barroca e instrumentista de viola da gamba y octavino). El estreno de «Caer en el amor» está previsto para el viernes 28 de enero, en «El camarín de las musas». Dialogamos con la directora.

Periodista: ¿Cuál fue el punto de partida de esta puesta?

Mónica Viñao: La expresión idiomática «to fall in love» y de su traducción literal: «caer en el amor» que da cuenta de esa zona de fragilidad por la que atraviesa todo enamorado. Durante meses intercambiamos ideas y analizamos varios libros: «Los juegos de la envidia» de René Girard; «Shakespeare nuestro contemporáneo» de Jan Kott, y «La invención de lo humano» de Harold Bloom.

P.: En su espectáculo no parece importar quién es quién sino la circunstancia amorosa.

M.V.: Tal cual. Son voces -con identidad en algunos casos- que encarnan la figura del enamorado en sus distintas facetas. La escena en que Julieta toma el veneno antes de la llegada de Romeo es bien conocida por el público; en cambio en otras no importa quiénes son los protagonistas, porque se conducen como cualquier pareja de enamorados. Por eso «Antonio y Cleopatra» es apenas una viñeta en donde ella le pregunta a su amado cuánto la quiere. El público no tiene por qué saber quiénes son, pero se identifica plenamente con lo que están viviendo. Todo el material es de una gran universalidad y además nos ocupamos de que la actuación fuese lo más cercana posible al público argentino. Cuidé muchísimo la traducción. Eliminé el tú para aproximarla a nuestra cultura sin ir en desmedro de lo poético.

P.: Usted rescató el concepto de «caída en el amor», pero también hay mucha pelea entre sexos en Shakespeare.

M.V.: Cuando hablo de caída me refiero a que uno debe estar vulnerable para enamorarse. Si bajamos la persiana, no estamos receptivos ni abiertos a un encuentro. Aun cuando nos enamoremos de la persona menos esperada, para que esto ocurra antes debe haber una apertura interna, cierta disponibilidad. Si no, podemos pasar años sin sentirnos atraídos por alguien.

P.: En su selección incluyó escenas bastante picarescas.

M.V.: Así es. Las contradicciones del amor no aparecen solamente en las tragedias, también en la comedia se dan grandes desencuentros. Tomé, sin ingenuidad, un par de escenas de «Noche de reyes» y «Como gusten» en las que los personajes femeninos se disfrazan de varón. Como en la época de Shakespeare las mujeres no podían actuar, sus papeles quedaban en manos de hombres y estos hacían de mujeres que a la vez se disfrazaban de hombres para lograr determinados fines. Era un laberinto de identidades sexuales superpuestas. Como hoy las mujeres pueden actuar sin ninguna traba, esas mismas escenas adquirieron otra connotación, no menos inquietante.

P.: ¿Cómo cree que será leída por el público la escena en que Olivia se enamora de un caballero que en realidad es una chica disfrazada?

M.V.: La conclusión es que no importa el quién con quién. El amor circula por igual, ya sea entre dos hombres, dos mujeres, o entre un hombre y una mujer. La filiación sexual de cada individuo es un tema personal y privado y no cambia en nada las reglas del amor. Por suerte nuestra sociedad ha dado un gran muestra de apertura cultural con la ley de casamiento igualitario, aunque a ciertos sectores tal vez les tome más tiempo metabolizar el tema en profundidad. Fue un gran paso. Piense que años atrás -con el pretexto de que eso ofendía no sé a quién- dos personas del mismo sexo podían ir presas si intercambiaban en público una mínima demostración de afecto.

P.: Una de las escenas más fogosas de la obra proviene de «La fierecilla domada» ¿Qué nos puede decir al respecto?

M.V.: Cuando Catalina y Petruchio se miraron por primera vez fue una tormenta instantánea. Hay mucha violencia física en ese encuentro.

P.: Hay parejas que florecen en el combate...

M.V.: Exactamente, para mí es una escena en la que podrían estar haciendo el amor, y están haciendo la guerra. Pero es parte de lo mismo. Es una escena muy caliente de la obra, donde dos personas se insultan y se insultan, y en definitiva se están muriendo de calentura. Bloom sostiene que es el mejor de los matrimonios construidos por Shakespeare y el más duradero por su grado de hostilidad.

P.: ¿Cómo es eso?

M.V.: George Steiner decía que un matrimonio que continúa a lo largo del tiempo sosteniendo el deseo es un matrimonio en el que hay una cierta hostilidad, si no el deseo no se sostiene. No está hablando de daño, violencia o maltrato, sino de una situación en la que uno nunca posee al otro. En una convivencia sana siempre hay cierta fricción porque son dos individuos tratando de desarrollar su propio espacio. Si no todo es chirle y alguien se perdió en el otro.

Entrevista de Patricia Espinosa

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