21 de octubre 2010 - 00:00

“Franzie”: piedad y simpatía por partes iguales

Mimí Ardú brilla en su primer protagónico: una solitaria que, por cariño, puede llegar al ridículo. La madre es Norma Pons, otra buena actriz no suficientemente apreciada.
Mimí Ardú brilla en su primer protagónico: una solitaria que, por cariño, puede llegar al ridículo. La madre es Norma Pons, otra buena actriz no suficientemente apreciada.
«Franzie» (Argentina, 2010, habl. en español). Dir.: A. Marino. Guión: F.A. Saad. Int.: M. Ardú, E. Liporace, V. Carreras, N. Pons, M.L. Cali, N. Argentina.

Parece mentira pero éste es recién el primer protagónico de Mimí Ardú, una actriz excelente que pasó varias etapas, llegó a las puertas del retiro, y empezó a ser debidamente apreciada sólo cuando, con «El bonaerense», le cayó en las manos un rico personaje de mujer madura. La aplaudieron, pero el cine se tomó su tiempo para darle otro personaje de similar riqueza. Ese es el que ahora desarrolla, en tono de comedia medianamente triste. Así se percibe en buena parte del relato: una tristeza, y un dejo de humor vecino al grotesco, que causan simultáneamente la conmiseración y la suave burla del espectador, ya que su criatura es una solitaria tan ansiosa de cariño que puede llegar al ridículo con tal de conseguirlo. Hasta que surge la alegría, para ella y para el público. Ardú sabe representar muy bien ambos estados de ánimo, y es un gusto ver cómo puede hacerlos creíbles y hasta casi tangibles.

La asiste un coprotagonista igualmente capaz de crear una «verdad» casi palpable, Enrique Liporace, a quien se le puede creer incluso esto que en el papel suena imposible: ella lo contrata como acompañante. Aclaremos: el hombre perdió su trabajo, debe atender a su esposa embarazada, y también tiene ganas de escribir una novela, para lo que esa mujer le serviría de inspiración. Y ella no tiene a nadie. Mejor dicho, tiene una hermana con entripado, una sobrina que se casa por formalidad, una tía que la observa, pero nadie que le ponga una mano en el hombro. Y menos en otras partes.

Falta todavía la posible causa original de sus males. La madre. De nuevo: parece mentira, pero ésta es recién la primera aparición notable de Norma Pons en cine desde su papel en «Sotto voce», hace ya años. No digamos cómo es su personaje, porque la historia quiere sorprendernos con su aparición. Digamos sólo que tiene un perro ovejero ya medio viejo, y que ambas actrices, Pons y Ardú, están debidamente desmejoradas por el maquillaje y el peinado, y asimiladas entre sí por una forma de clavar la mirada que uno realmente las puede sentir como madre e hija. Cabe agradecer, además, el momento en que eso ocurre, muy bien resuelto, ajeno a cualquier americanada. Nos han empalagado tanto las películas norteamericanas de conflictos parentales resueltos con abrazos y reconciliaciones, que esto de «Franzie» es una originalidad muy bienvenida. En suma, un argumento medio loco en varias partes, con un dibujo tan reconocible de caracteres y sentimientos que da gusto seguir, sobre todo encarnado por este buen elenco, donde también calzan justo Victoria Carreras (la esposa embarazada del escritor), María Laura Cali (la hermana) y, como la tía, Norma Argentina, otra actriz que a esta altura también está mereciendo un buen protagónico. Empezó muy bien con «Cama adentro», pero desde entonces solo está haciendo apariciones, casi un desperdicio.

Guionista debutante, el puntano Fernando Fernando Andrés Saad. Directora debutante, Alejandra Marino. Cabe algún que otro reproche menor, pero el conjunto es agradable y la gente sale contenta. Rodaje en San Luis. Lindas sierras al fondo, lindo trasfondo en una historia que causa piedad y simpatía por partes iguales.

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