12 de agosto 2014 - 00:00

Giro desesperado para rescatar un Estado moribundo

Haider al Abadi
Haider al Abadi
 Bagdad - El caos político que vive Irak alcanzó ayer su cénit con el nombramiento del chiita Haider al Abadi como nuevo primer ministro, lo que en principio desaloja del poder al jefe de Gobierno interino, Nuri al Maliki, aunque éste no parece dispuesto a renunciar al cargo.

En medio de la ofensiva yihadista del Estado Islámico (EI) en el norte de Irak y de una polarización política sin precedentes, el presidente del país, Fuad Masum, encargó la formación del Gobierno a Al Abadi, hasta ahora vicepresidente del Parlamento.

En el acto participaron algunos de los principales líderes políticos del país, como el presidente del Parlamento, el sunita Selim al Yaburi, o el jefe de la mayor coalición chiita, la Alianza Nacional, Ibrahim al Yaafari, que postuló al primer ministro designado.

"La seguridad de Irak está en sus manos. Los asuntos deben volver a su cauce normal", dijo el presidente a Al Abadi tras encomendarle su misión.

Sin embargo, sobre el futuro más próximo de Al Abadi se ciernen diferentes amenazas.

La primera es saber cuál será la reacción de Al Maliki a su sustitución por Al Abadi -quien, por cierto, es miembro de su mismo partido, Dawa-, después de que el domingo a la noche en un discurso insistiera en que su intención era proseguir un tercer mandato y que anunciara que va a demandar al presidente por violar la Constitución. Desde la noche del domingo, las fuerzas de seguridad se desplegaron en los puntos neurálgicos de Bagdad, pese a que la situación permanecía tranquila.

En segundo lugar, Al Abadi deberá conseguir formar un Gobierno que respalde el Parlamento en un plazo de 30 días, algo que no está ni mucho menos asegurado teniendo en cuenta la volatilidad de las alianzas y el cambiante entorno político.

Y, por último, tendrá que hacer frente desde el primer minuto a la ofensiva yihadista del Estado Islámico (EI) en el norte de Irak, que consiguió dejar buena parte del país fuera del control del Gobierno central.

Existen dudas fundadas sobre si finalmente Al Abadi podrá llegar a gobernar, como las que expresó un portavoz de los "peshmergas" (tropas kurdas) en una entrevista en Erbil.

"Los cambios (en el Gobierno iraquí) no están claros. Se ha elegido al nuevo primer ministro, pero no está claro que Al Maliki le vaya a dejar su puesto", consideró Helgurd Hikmet Mela Alí, director de la oficina de medios del Ministerio de los "peshmergas".

Washington y Bruselas aplaudieron de inmediato el nombramiento del nuevo primer ministro en lugar de Al Maliki, a quien acusan de dividir el país y alienar a la minoría sunita. Incluso Irán, tradicional aliado de Al Maliki, se había distanciado en el último tiempo de su antaño estrecho colaborador.

La brecha con Teherán se hizo evidente con las repetidas advertencias lanzadas por la máxima autoridad religiosa chiita, Alí al Sistani, a Al Maliki para que se apartara.

Al Abadi tuvo una presencia prominente en la política iraquí en la última década, y su nombre ya sonó como posible relevo de Al Maliki en 2010.

Nacido en Bagdad en 1952 y doctorado en Ingeniería Electrónica, vivió en Londres como opositor en el exilio al régimen de Sadam Husein hasta la caída de éste en 2003.

De 2003 a 2004, desempeñó el cargo de ministro de Telecomunicaciones y posteriormente fue también consejero del primer ministro y presidente de las comisiones de Economía y Finanzas en el Parlamento.

Agencia EFE

Dejá tu comentario