6 de enero 2011 - 00:00

Gran reparto refuerza la fórmula “Fockers”

Como en el film anterior, grandes actores secundarios (como Harvey Keitel) aderezan el eterno duelo Ben Stiller-Robert De Niro, exacerbado en «Los pequeños Fockers» por la presencia de Jessica Alba.
Como en el film anterior, grandes actores secundarios (como Harvey Keitel) aderezan el eterno duelo Ben Stiller-Robert De Niro, exacerbado en «Los pequeños Fockers» por la presencia de Jessica Alba.
«Los pequeños Fockers» (Little Fockers, EE.UU.; 2010, habl. en inglés). Dir.: P. Weitz. Int.: B. Stiller, R. De Niro, O. Wilson, T. Polo, D. HoffB. Streisand, J. Alba, L. Dern, H. Keitel. 

La saga de las películas de los Fockers, es decir de las peleas entre Ben Stiller y su suegro ex agente de la CIA, Robert De Niro, nunca fueron un producto del que el espectador vaya a esperar demasiado, pero luego de verlas -o no- en el cine, son el tipo de divertimento que uno termina disfrutando una y otra vez en el cable y la TV abierta, que las repiten sin vergüenza, tal vez sabiendo que son perfectas para tapar cualquier agujero de programación.

Por eso tampoco tendría sentido pedirle algo más a esta tercera parte de la serie, donde cuando la familia está por festejar los cinco añitos de los gemelos Focker, el duelo eterno entre Stiller y el paranoico De Niro arrecia gracias a a la aparición de una bella representante de una pastilla contra la disfunción eréctil encarnada por Jessica Alba (que como es de esperar tiene a su cargo algunas bienvenidas situaciones audaces). En realidad todo el producto Fockers, sobre todo a partir de su película anterior, funciona a través de los grandes actores invitados. Así es como, esta vez, además de los abuelos Focker, Dustin Hoffman y Barbra Streisand, se agregan otros excelentes intérpretes en papeles secundarios, por ejemplo Harvey keitel como un capataz de obra sin desperdicio, y Laura Dern como la directora de una sofisticada escuela para «seres humanos en desarrollo».

Los chicos actores tienen algunas pocas escenas buenas, pero aquí todo depende de los adultos, y por otro lado los chistes más eficaces tienen que ver con guarradas de todo tipo, que tienen como momento culminante la inyección de adrenalina que Stiller le tiene que aplicar en su miembro a De Niro por razones totalmente absurdas y difíciles de explicar. Situación lamentablemente atestiguada por un pequeño Focker que luego se ocupará de ilustrarla en un extraño dibujito infantil.

No todos los gags son tan eficaces, y los que lo son no necesariamente son tan tremendos. En todo caso, «Los pequeños Fockers» hacen pasar un buen rato, y seguro lo seguirá haciendo cada vez que se repita en la pantalla chica.

D.C.

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