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Grecia, un espejo en el que nadie desea mirarse
La imagen muestra los daños que un artefacto explosivo causó en oficinas del Ministerio de Reforma Administrativa en Atenas. La crisis económica y las dramáticas medidas de ajuste del Gobierno están recibiendo respuestas cada vez más violentas de grupos ultras.
Huelgas en hospitales, desórdenes de los farmacéuticos ante la falta de pago de los medicamentos por la caja de salud, spots de radio de la Orden de Médicos que denuncian que se está liquidando la seguridad social de los griegos: los síntomas del descontento se acumulan, mientras que las organizaciones humanitarias se quejan de que están desbordadas por el flujo de personas comunes que no pueden costear su atención.
Con un presupuesto público de unos 10.000 millones de euros, un 25% menos desde 2009, la salud «puede convertirse en un privilegio», advierte el universitario Haralambos Economou, autor de varios estudios para organizaciones internacionales sobre el sistema griego.
«Desde las últimas reformas que imponen a los no asegurados pagar por el acceso a los servicios, tenemos cada vez más pacientes que inventan urgencias para hacerse examinar, ante la falta de dinero para acudir a una consulta», dice Meropi Manteou, neumonóloga del hospital Sotiria, uno de los mayores de Atenas.
«Todavía conseguimos filtrar a los que menos tienen, pero ¿por cuánto tiempo?», dice esta doctora, que advierte de un «aumento de patologías de la pobreza, como la tuberculosis».
UNICEF Grecia acaba de lanzar una campaña para recaudar fondos para luchar contra el retroceso de la vacunación infantil.
Entre el aumento fulgurante del desempleo, a más del 20%, y la persistencia de una importante economía sumergida que priva de cobertura social a un tercio de la población activa, entre el 8% y el 10% de la población sólo puede contar con sus propios ahorros para acudir al médico, estiman los expertos.
Incluso para los asegurados, la austeridad tiene un precio: se ha reducido la lista de medicamentos y los exámenes reembolsados, poniendo bajo tensión a los hospitales, que deben recibir un 30% de pacientes más para los que el sector privado es demasiado caro.
Con la limitación del crédito, la reducción de los salarios de los médicos en un 25%, un déficit crónico de enfermeras y guardias no pagadas desde diciembre, el sector está en «situación de guerra», se indigna Yorgos Kalliabetsos, jefe de la clínica de patología del hospital Volos (centro).
Su servicio «recibe a menudo 45 pacientes, con 35 camas, cuatro internos en lugar de siete y sólo dos enfermeras de noche», sin contar la falta frecuente de material médico, señala este profesional.
En el Ministerio de Salud minimizan las críticas y recuerdan que es necesaria una reforma de un sistema que agoniza debido al despilfarro, la corrupción y la mala gestión. De hecho, igual que en el resto del aparato del Estado griego.
Ejemplo escandaloso
«Hay un gran margen para reducir los créditos sin tocar los órganos vitales», insiste Stavros Karvounis, consejero financiero del ministro.
Lo ilustra con la escandalosa multiplicación por dos, a través de sobrefacturación y desvíos de todo tipo, de los gastos farmacéuticos nacionales antes de la crisis de la deuda surgida en 2010.
Sin esperar a las prescripciones de rigor de la UE y el FMI, el sistema sanitario público, copiado en los 80 del modelo británico, estaba lejos de proporcionar la cobertura gratuita y universal que debía garantizar.
En un país con un exceso de médicos y con una reputación de corrupción, los griegos se habían acostumbrado a pagar de su bolsillo cerca del 40% de los gastos totales de salud, uno de los más altos entre los países desarrollados.
Pero en un momento en que la caída libre del nivel de vida nacional impone precisamente construir un verdadero servicio público, muchos dudan de que sea posible en épocas de escasez.
Incluso entre los partidarios de la limpieza, la reciente y emblemática introducción de la receta electrónica no convence a todos.
«Por el momento, es un desorden, el sistema se cae a menudo, no hay ninguna clasificación racional de medicamentos», dice un médico de familia que pide el anonimato.
«No se ha previsto nada para las visitas a domicilio a los inválidos si no tienen computadora ni impresora en casa. Lo único que un funcionario me ha dicho es que, en estos casos, se paguen sus medicamentos».
Agencia AFP


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