16 de enero 2017 - 00:00

Guarany, cantor y amante de la vida hasta el último día

Horacio guarany. Dejó decenas de discos y canciones, media docena de libros, y un puñado de películas.
Horacio guarany. Dejó decenas de discos y canciones, media docena de libros, y un puñado de películas.
Una vez García Ferré le anunció la muerte de un amigo común. Su reacción fue memorable: "¡Pero qué tonto! ¡Con lo linda que es la vida!" Así es como Horacio Guarany estiró la suya, tratando de disfrutar hasta el último día. Fallecido el pasado viernes a los 91 años, sus restos fueron sepultados el sábado en el cementerio Jardín de Paz, después de una ceremonia íntima de despedida en su casa de Luján.

Nacido en Las Garzas, Chaco santafesino, hijo de criollo correntino y española, como Eraclio Rodríguez, y criado en Alto Verde, pueblo isleño frente a la ciudad de Santa Fe, Guarany se probó en varios trabajos duros y tuvo suerte como cantor. En 1957 grabó su primer disco, ya con temas sociales. Por entonces lucía bigote bien recortado y tenía la voz fina. En 1961 participó del primer Festival de Folklore de Cosquín, que los vecinos armaron a un costado de la ruta. A partir de ese éxito, crecieron al mismo tiempo el "boom del folklore", los festivales, la barba y melena del cantor, los temas de sentida poesía junto a otros de compromiso desafiante, el carisma, el estilo gritón, y la fama de bravo y desentonado.

En un tiempo simpatizó con el Partido Comunista, pero no aceptó su disciplina. También simpatizó con la guerrilla, al menos en un par de canciones. Y siempre desconfió de los dirigentes peronistas, aunque era amigo personal de Carlos Menem. En 1974 la Triple A lo amenazó de muerte si en 24 horas no se iba del país. Para entonces ya le habían puesto dos bombas. Vagó por diversas tierras, volvió en 1978, le pusieron una tercera, pero el entonces ministro del Interior lo autorizó a permanecer y actuar en el interior. Era un monumento indestructible, cada vez más lleno de carisma, grito y poesía, que siguió cantando hasta agosto del 2015, cuando se despidió en el teatro municipal de Ituzaingó.

De él quedan decenas de discos y canciones, centenares de anécdotas, media docena de libros, y un puñado de películas: las documentales "Argentinísima" y "Chamamé" (alemán), las demagógicas "Si se calla el cantor" (paráfrasis del "Martín Fierro" en tiempos modernos) y "La vuelta del Martín Fierro" (con Onofre Lovero como José Hernández), y, ya en la vejez, la excepcional "El grito en la sangre", basado en un cuento criollo de su autoría. Él aparece allí como narrador y coprotagonista, trotando a caballo con 88 años cumplidos. Le gustaba vivir. Volverá en vino, como prometía en uno de sus temas más populares.

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