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Guillo Espel: “La música es sólo una”
Guillo Espel: con su propio cuarteto y músicos invitados actuará el domingo próximo en el Colón.
Guitarrista y compositor, su vida artística ha navegado con igual buena suerte entre lo clásico y lo popular. Sus obras se han estrenado en el Teatro Colón y en numerosas salas del mundo. Escribió para distintas formaciones de cámara y para organismos sinfónicos de prestigio. Hizo músicas para la escena, el cine, y arreglos y obras para artistas tan variados como la Compañía Oblicua (un colectivo argentino dedicado a la música contemporánea), Anna Netrebko, David Lebón, Antonio Agri, Abel Pintos, Teresa Parodi o la Orquesta Sinfónica de Praga. Participó en unos 60 discos, también en sus distintas facetas de compositor, guitarrista, productor, director y/o arreglador. Recientemente, escribió una serie de originales arreglos pianísticos de músicas populares para que los interpretara Fernanda Morello en el álbum "Once mujeres".
El eje de su trabajo personal en vivo gira alrededor de su Guillo Espel Cuarteto, una formación de timbre poco convencional de marimba/vibráfono, bandoneón, violoncello y su guitarra. Así, se ha transformado en un referente en la composición de obras clásicas para marimba, a partir de la enorme aceptación internacional que ha tenido su "Zamba para escuchar tu silencio".Su agenda, como siempre, está cargada. Dialogamos con él:
Periodista: ¿Cómo llegó a esta mezcla de músicas?
Guillo Espel: Desde muy chico. Mi viejo era un gran melómano que tenía discos de Piazzolla, Bill Evans, Tom Jobim, Oscar Peterson, Beethoven, Los Beatles, Manolo Juárez o Eduardo Lagos. A los 10 años, yo dejé de jugar a la pelota como todos mis amigos y empecé a interesarme por esa discoteca, a buscar, a conocer. Y todo me llegaba junto; no tenía idea de quién era quién y menos hacía distinciones entre clásico o popular. Y ahora se repito esto como profesional: me siento cómodo y me buscan igual para trabajar en una obra atonal como para arreglar una chacarera para Abel Pintos.
P.: Sin embargo, más allá de las particularidades, conociendo su obra uno descubre que lo folklórico atraviesa de alguna manera todo su trabajo.
G.E.: Sí, es cierto. Y de hecho, aún cuando me busca gente ligada a otras expresiones Elías Gurevich, Marcelo Delgado o alguien del exterior, por nombrar al azar- me sugieren que les interesa mi ligazón con lo nativo. Pese a haber nacido y de vivir en Buenos Aires, a lo mejor el tango me es un poco más ajeno, aunque me gusta mucho. Y no tengo capacidad de improvisación, por lo que no me siento parte del mundo del jazz. En tal caso, quizá tenga que ver con la fuerte influencia que ejerció sobre mí Manolo Juárez, mi gran maestro.
P.: Usted se reparte entre varias tareas relacionadas con la música. ¿En cuál o cuáles se siente más a gusto?
G.E.: Todo me gusta porque si no dejaría de hacerlo. Tengo la suerte, a esta altura de la vida y después de 30 años de trabajo, de darme ese lujo. Reduje a lo mínimo las clases particulares y las mantengo para algunos alumnos especiales. Sostengo con placer lo que hago en el Conservatorio. Me gusta tocar con el cuarteto y producir o arreglar aún para lenguajes que en principio parecerían muy lejanos a mí, como por ejemplo las orquestaciones de cuerdas que hice para Abel Pintos. Y componer y orquestar son tareas que me fascinan. Otra vez, afortunadamente, tengo muchos encargos, me llaman constantemente para eso, y a veces digo que no. En general, la elección, a esta altura, tiene más que ver con que sean proyectos que me planteen algún desafío, que me saquen de lo más conocido de mí, que me obliguen a cambiar la cabeza.
P.: ¿Piensa distinto los arreglos o los plantea de otro modo cuando escribe para el mundo clásico o para el mundo de lo popular?
G.E.: A lo mejor mi cabeza es la de un músico clásico, en el sentido de que toda mi música está escrita, absolutamente. Inclusive, intento dejar asentados en la partitura hasta los menores detalles de dinámica y de rítmica, como para que pueda ser leída por cualquiera en cualquier lugar del mundo. En lo personal, cuando toco con el cuarteto, diría que todo está escrito como para que después, sobre eso, mis compañeros puedan tocar con la libertad de la música popular.
P.: ¿Cómo viene su agenda en los próximos meses?
G.E.: Con bastante tarea por suerte. El próximo domingo 19, a las 11, vamos a tocar con mi cuarteto junto a un quinteto de cuerdas y otros invitados en la sala mayor del teatro Colón, con entrada gratuita. En julio, vamos a estrenar un espectáculo en Hasta Trilce que se llama "Zona canción", un trabajo sobre el género canción que estamos haciendo con Martín Liut, que tendrá puesta de Ariel Farace y las voces de Cecilia Pastorino y Lucas Werenkraut, para un instrumental de vibrafón, cello y clarinete. Estoy haciendo una obra para dos percusionistas y dos pianos, que se estrenará en agosto en La Plata; y eso tendrá una versión orquestal que se va a tocar en la Universidad de Pensilvania. El 2 y 3 de octubre, se va a estrenar un ballet sinfónico mío, en el que estoy trabajando, en el teatro Provincial de Salta, por la orquesta sinfónica de esa ciudad dirigida por Jorge Lhez. Sigo con mis clases y algún otro concierto que pueda surgir con el cuarteto. No tendré tiempo de aburrirme.
Entrevista de Ricardo Salton


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