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Híbrido sobre el amor en tiempos de Clinton
«Amor y otras adicciones» está bien filmada y actuada, con una trama que en otras manos hubiera dado para film de culto, pero así como está es un híbrido de tono desparejo que nunca termina de dar en el blanco.
Como comedia romántica se pasa un poco de la raya. Como comedia dramática sexy se queda demasiado corta. Como historia nostálgica de los buenos viejos tiempos de Clinton, es decir mediados de la década de 1990, ofrece algunas viñetas divertidas sin lograr que el espectador haga foco del todo en el supuesto atractivo de esa ambientación de época vintage, pero no mucho (algunos temas de gente como Fat Boy Slim o Spin Doctors ayudan un poco en este sentido).
Luego, en su descripcion del backstage del negocio de los laboratorios farmacéuticos, aun cuando la droga en cuestión a la que parece referirse el título original es el por entonces novedoso Viagra.
Edward Zwick, un director que suele brillar en temas épicos como los de «Tiempos de gloria» o «El último samurai», logró su primer gran éxito en la TV como productor ejecutivo de la serie «Treinta y pico», todo un hito de la pantalla chica de 1990 (hito semi olvidado, pero hito al fin). Da la sensación de que «Love & other drugs» surge de algún tipo de flashde Zwick con aquellos años más felices, menos estresantes y muchísimo menos belicosos de los que llegarían con los albores del siglo XXI. Sólo que la historia de amor, o mejor dicho de pasión desenfrenada entre la pareja protagónica -Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway, ambos en plena forma- demora bastante en arrancar, siempre está rodeada de diálogos interminables al estilo «Red social», pero más farmacéuticos y mucho menos interesantes, y, finalmente, cuando explota, tampoco explota tanto. En manos de un «auteur» más personal y desinhibido, si fuera posible europeo (o aunque sea un holandés hollywoodense tipo Paul Verhoeven) esto podría ser un film de culto. Así como está, es un híbrido bien filmado y actuado, con más de un par de escenas de romance al rojo fuego realmente atractivas, y un tono desparejo que nunca termina de dar en el blanco.
La presencia de muy buenos actores de reparto como Oliver Platt, George Segal y Jill Clay (en su último trabajo) ayudan a equilibrar levemente el conjunto.


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