Historia curiosa de un encierro voluntario

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«Como bola sin manija» (Arg., 2010, habl. en esp.). Dir.: M. Frías, P. Osores, R. Testa. Guión: R. Testa. Documental.  

Manija le dicen a uno de los hombres que aparecen en este agradable documental. El es un viejo amigo y pariente del protagonista. Hace años que no se ven, ni tienen contacto. Por tal razón, hay quien quiere reunirlos, pero también quienes temen que el reencuentro de ambos provoque otro tipo de contactos, de esos que lo dejan a uno con los pelos parados y los cables quemados. Porque se trata de dos personas grandes, una de las cuales tiene un carácter bastante singular.

Frente a la cámara, sin embargo, se muestra afable. Es un hombre educado, septuagenario largo al momento del rodaje (2007, según se advierte por algún afiche de cine), ha sido bancario, ha disfrutado de la vida, no ha tenido familia propia. Vive en un anexo integrado a la casa de su hermana, que hoy es de su sobrino. Una de esas casitas amplias y medio pintorescas, resabios de mejores épocas, que todavía pueden verse en el Gran Buenos Aires. En este caso, en Bernal. Curiosamente, cerca de donde Víctor Iturralde tenía un cine club infantil, treinta años atrás, para la época en que este hombre todavía andaba por la calle.

Justo entonces tuvo un accidente estúpido, un ciclista lo dejó con fractura expuesta. Ahí terminó su carrera bancaria. Y terminó algo más, porque no volvió a salir a la calle. Desde aquella época, sólo llegó hasta el jardín del frente. ¿Le tomó un inconfesable miedo a los accidentes? ¿Lo abatió la conclusión de su vida laboral? ¿O hay algo más? ¿Quizás una decepción amorosa? El hombre era bastante mujeriego. Hoy sólo tiene trato con sus sobrinas que vienen a visitarlo, y, a través de la medianera, con la vecina que sale a comprarle algún numerito de quiniela. El ermitaño recibe también al médico, acepta con naturalidad la camarita digital, quietecita en la cocina o la sala, jamás en su pieza, recita algunos versos románticos, menciona a Calderón de la Barca, que en «La vida es sueño» imaginó un personaje metido en una cueva. Pero a ése lo metieron a la fuerza, y quiere salir. Este se metió solo, y quiere seguir adentro. ¿Podrá hacer algo la sobrina tarotista, psicóloga esotérica que sabe describirlo muy bien, pero no logra cambiarlo? Ahí es cuando la otra sobrina viaja hasta Rojas, donde vive Manija.

El resto, sin desbordes, no conviene anticiparlo. Historia curiosa de gente igual a uno pero más loca, o simplemente más hogareña, la registraron, con el debido respeto, tres comedidos. Uno de ellos, pariente político del viejo, que un buen día fue con la camarita y los amigos. Ellos son Miguel Frías, de oficio crítico de cine, Pablo Ozores, y Roberto Testa, dos de los documentalistas de «Flores de septiembre». La música, poca pero bien puesta, es de Gustavo Dinzelbacher y Sebastián Coll. La sala de estreno, el Gaumont, adonde concurre el público ideal para esa película, sin duda alguna. Cabe esperar sus reacciones afectuosas, burlonas, consustanciadas con tal o cual pariente, o acaso con el viejo, que es bastante simpático.

P.S.

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