5 de octubre 2015 - 00:00

Histórica obra de Cedrón y Gelman lucía más en versión de cámara

El Tata Cedrón reeditó “La cantata del gallo cantor”, que cocreó con Juan Gelman, y lo está presentando en vivo con su quinteto más el numeroso grupo La Lija, y el efecto no es el mejor comparado con el original camarístico.
El Tata Cedrón reeditó “La cantata del gallo cantor”, que cocreó con Juan Gelman, y lo está presentando en vivo con su quinteto más el numeroso grupo La Lija, y el efecto no es el mejor comparado con el original camarístico.
"Cantata del gallo cantor" de J. Cedrón y J.Gelman y otras obras. Por J. Cedrón (voz, guitarra), M. Praino (viola), M. López (bandoneón), D. Frascoli (guitarra, acordeón) y J. García (cello). Grupo La Lija: J. Botello, S. Bradley, P. Bradley, T. Bradley, F. Cosentino, F. Fernández Sobrino, N. Galpasoro, F. García, S. Iriarte, M. Martínez e I. Savid. (Hasta Trilce, 3/10; repite el 10 y el 17/10).

Como pasa con los tangos viejos que hablan de faroles, malevos y "yuyetas", a los que se escucha con cierta ternura antropológica, muchas obras que fueron duras políticamente, que significaron riesgos de vida para quienes las hicieron y las escucharon, hoy se redimensionan en un sentido histórico; en tal caso, para mirar el presente pero en relación con un pasado que no volverá.

Poco después de los fusilamientos de Trelew de guerrilleros fugados del penal de Rawson, en agosto de 1972, Juan "Tata" Cedrón compuso una cantata con textos de poesía rota, propios del estilo de Juan Gelman. Eran cinco partes: "Ruidos", "Cambios", "Glorias", "Cartas" y nuevamente "Ruidos", a manera de una cantata, que fue grabado en versión monumental por el Cuarteto Cedrón, con Paco Ibáñez y François Rabbath como invitados, y editada en París al año siguiente.

Ya en democracia algunos dicen que por los problemas personales que tendría tiempo después con Gelman-, el "Tata" decidió no volver a interpretar esta obra. Pero con el poeta ya fallecido y con el tiempo que todo lo cura, se decidió a reeditar el álbum original, que es sin dudas una joya, y a volver a hacerla en vivo.

Para el caso, eligió rodearse de su propio quinteto del presente (cuarteto más cellista invitada) y sumar al grupo La Lija, una formación numerosa que, aunque formada por jóvenes, tiene una fuerte impronta sonora setentista. Conceptualmente, la suma de tanta gente, debería dar mayor contundencia a la interpretación en relación al original más camarístico. El efecto, sin embargo, es contrario. En parte por los problemas de sonido que no permiten escuchar a tantos intérpretes con claridad, en parte porque los arreglos corales no terminan de estar bien trabajados y en parte porque no siempre el ajuste rítmico es el esperado habiendo, por caso, tantas cuerdas rasgueadas y tantas voces.

Antes de la reiterpretación de la cantata, que en cualquier caso y más allá de lo apuntado, merece ser conocida en vivo, Cedrón hizo algunos temas fiel a sí mismo, con un par de instrumentales (muy bueno lo de "Silencio de corchea") y algunas canciones, con lo mejor en su antigua "La cerveza del pescador de Schiltigheim" sobre poesía de Raúl González Tuñón.

Luego, La Lija también tuvo su momento particular. Trabajan con una multiplicidad de instrumentos: guitarras, mandolinas, cuatros, acordeón, violín, arpa, piano, flauta, percusión, que van intercambiando a lo largo de su actuación. Y hay muchas voces, entre las que se destacan las de las dos chicas, Paula Bradley y Florencia Cosentino. Con esos elementos, desgranaron esta vez una serie de canciones propias, en un estilo que deja ver la influencia del histórico grupo Huerque Mapu, aunque también de los chilenos Inti-Illimani y Quilapayún o del uruguayo Alfredo Zitarrosa.

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