20 de agosto 2010 - 00:00

Hollywood e Irak, la otra batalla

«La conspiración» de Paul Haggis, uno de los varios films sobre la guerra de Irak que fracasaron en la taquilla de EE.UU. La única más o menos rentable fue la oscarizada «Vivir al límite».
«La conspiración» de Paul Haggis, uno de los varios films sobre la guerra de Irak que fracasaron en la taquilla de EE.UU. La única más o menos rentable fue la oscarizada «Vivir al límite».
Bagdad/Los Angeles - El cine inspirado en la guerra de Irak no tiene el mismo éxito en la taquilla estadounidense que Saddam Hussein habría tenido en una boda kurda. Tanto las películas que indagan directamente en la contienda, su terrible impacto en el pueblo iraquí o los traumas que ha causado a los soldados estadounidenses y sus familias, ni una sola de las decenas de películas filmadas hasta ahora sobre el conflicto podrían considerarse un éxito de público.

«Somos un reality show del que todo el mundo está aburrido», apuntó un soldado estadounidense. Un sentimiento de desidia que apenas sacudió un poco el éxito de «The Hurt Locker» (Vivir al límite) en los Oscar. El drama de un experto desactivador de bombas a las órdenes de un sargento que no considera los riesgos fue elegida mejor película del año, pero se celebró más que su directora fuera la primera mujer en conseguirlo que la mirada arrojada sobre un conflicto que la mayoría prefiere ignorar.

Aunque al menos fue rentable (ganó 16 millones de dólares en Estados Unidos y 32 millones en el mercado internacional, con un presupuesto de 15 millones). Muy diferente de lo ocurrido con «Green Zone», la película de mayor nivel hecha hasta ahora sobre el conflicto. El film protagonizado por Matt Damon, que encarna a un antihéroe con principios en la historia de un soldado estadounidense que desobedece a sus superiores y acaba descubriendo cómo mintió la cúpula política sobre la guerra, costó más de 100 millones de dólares, pero sólo recaudó 35 millones en casa y 60 millones de dólares fuera (en la Argentina acaba de editarse directamente en dvd como «La ciudad de las tormentas»; ver comentario en pág. 5)..

Y peor aún: la mayoría de los films que abordan la guerra de Irak apenas pueden soñar con cifras así. Películas como «Stop-Loss», «Battle for Haditha», «Body of Lies» (Red de mentiras», «In the Valley of Elah» (La conspiración) y «The Messenger» se desplomaron en taquilla, pese a sus críticas positivas y premios.

«La gente no quiere enfrentarse a algunas de las duras verdades de lo que ocurre allí», dice el crítico de cine estadounidense Stephen Farber. Y es que en una era de taquilleras sagas vampíricas y comedias facilonas hollywoodenses, el público parece querer escapar de la realidad, no analizarla.

En el propio Irak, la guerra asestó un golpe mortal a la industria cinematográfica nacional, que ya había sufrido un férreo control durante la era Saddam. Desde la invasión estadounidense en 2003, la mayoría de las salas de cine iraquíes han cerrado. Unicamente en mayo se proyectó en un cine de Bagdad «Son of Babylon», la historia dirigida por Mohammed al Daradji sobre un chico y su abuela en busca de su padre, desaparecido desde 1991.

Apenas se han rodado un puñado de films desde la invasión estadounidense. En 2004, Uday Rashid intentó reavivar la industria cinematográfica con «Underexposure», la historia de un cineasta, un poeta y un soldado herido filmada entre los escombros de Bagdad. Le siguieron los «Dreams» de Al Daradji un año después. Pero aunque ambas películas lograron el reconocimiento internacional, no fueron exhibidas en los cines iraquíes.

«El cine es una industria que necesita financiación, y la financiación del gobierno se detuvo desde la ocupación. Creo que la invasión liderada por Estados Unidos es plenamente responsable de lo que ocurre ahora en el país», afirmó la actriz Awatef Naeem.

Shafiq Mahdi, experto en cine y teatro en Irak, se mostró un poco más optimista, insistiendo en que el cine iraquí «no está en una fase oscura.» «Sólo se le ha apagado la luz, y necesita que alguien vuelva a encenderla», dijo.

Y es que ciudadanos como Amjad Daoud, de 52 años, cuentan que no han llevado a su familia al cine desde mediados de los 80. Y en esa época «nuestro estado mental no estaba preparado para ver películas, aunque la situación de seguridad era normal y los cines mostraban las últimas novedades».

«Cada vez que hoy veo las salas de cine, me da pena de su bonito pasado, porque su presente está lleno de tristeza después de que muchas acabaran convirtiéndose en almacenes llenos de basura», añadió.

También muchos dirían que la oferta es basura. Y lo cierto es que entre sagas taquilleras y comedias de humor escabroso hay poco espacio para reflexionar sobre la guerra más larga que ha vivido el país. Expertos del sector opinan que todo se debe a una causa muy sencilla: el conflicto, que va por su séptimo año, está demasiado cerca para que quienes van al cine puedan verlo como una fuente de entretenimiento. En realidad, el rechazo a analizar la inmensa injusticia de la guerra significa que el conflicto ya apenas importa, ni siquiera como tema de cobertura periodística.

Agencia DPA

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