2 de diciembre 2010 - 00:00

Ideal para curiosos del cine experimental

En «432 uno», de Mercedes Farriols, nada está explicitado y todo es libre de ser reinterpretado; película de climas que puede envolver al espectador que se deja llevar o ser repelido por éste en forma terminante.
En «432 uno», de Mercedes Farriols, nada está explicitado y todo es libre de ser reinterpretado; película de climas que puede envolver al espectador que se deja llevar o ser repelido por éste en forma terminante.
«432 uno» (Argentina, 2010, habl. en español). Guión y dir.: M. Farriols. Int.: M.Lorenzutti, G. Felperin, L. Chapman, A. Allué, R. Capurro.

Diversas interpretaciones alienta el nuevo trabajo de la puntana Mercedes Farriols. Ella ha expresado una, por escrito, en los textos de presentación. Pero se recomienda no leerla, no sentirse condicionado para nada. Encontrarse con la película de buenas a primeras. Sacar uno mismo las asociaciones y reflexiones. Interpretar lo otro que quizá la propia autora también tenía dentro suyo, y que puede ser complementario de lo que aflora en primer término.

Es que aquí parecen convivir el dolor y la calma, la muerte recordada y la vida naciente, la soledad y la compañía, en fin, se ve muy poco, apenas cuatro mujeres descansando frente al mar y un niño que pasa corriendo, acaso el hijo de una de ellas, mujeres de cuya charla apenas oímos fragmentos dispersos. Por ahí hablan sobre la condición de la viudez, pero sólo escuchamos unas pocas palabras, como esos fragmentos de conversación ajena que el viento suele traernos cada tanto en algún lugar despejado.

¿Será acaso ese paisaje sólo la representación de un estado de ánimo, tras un primer capítulo de viaje angustioso por una ruta desierta? El color del film ha sido lavado hasta parecerse a esas preciosas fotografías en blanco y negro artísticamente compuestas de décadas atrás, y en ocasiones también a las viejas fotos de recuerdos veraniegos que, según pidiera el cliente, el laboratorio entregaba con unos pequeños detalles coloreados. Por ejemplo, el horizonte marino, la gorrita del niño.

¿Será tal vez ese niño la representación del padre de la autora, cuando niño? La obra está dedicada a su memoria. O más bien en su honor, como dice la leyenda final. Nada está explicitado, así que todo es libre de ser reinterpretado. Película de climas, imágenes abiertas a más de una lectura, música a veces envolvente, símbolos universales, y cuatro actrices capaces de sugerir quién sabe qué mundos detrás de sus miradas (a veces las miradas típicas de esas mujeres de la familia que lo observan todo y, con sonrisa triste, ya autorizan que pase casi todo), ésta es una de esas películas capaces de envolver al espectador, o ser repelidas por éste en forma terminante, como quien desvía su mirada de un cuadro, o se detiene y se deja llevar por el movimiento de las pinceladas, aunque después no sepa explicar de qué se trata, o qué lo atrajo exactamente.

Puede interesar particularmente a los curiosos del cine experimental argentino, sobre todo el que hacen las mujeres. Hay, por ejemplo, un vínculo inasible entre ciertas creaciones de Ana Hirsch y ésta que ahora vemos de Mercedes Farriols. Es cuestión de mirar.

P.S.

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