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Ilusiones criollas: Sandri ya paga más que Bergoglio

Como el rumbo de la Iglesia sigue una derrota sometida a una hermenéutica de la cual surgen lecturas a veces contradictorias, el público buscaba ayer detalles sobre lo que pasará en lugares insólitos. Por ejemplo, los primeros vaticinios que recogió la página de apuestas Ladbrokes, conocida en el negocio del deporte, pero que también recoge apuestas sobre hechos de interés político en todo el mundo. Ayer su página web mostró cuáles son las tendencias entre los apostadores. Encabeza las preferencias el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, responsable hoy del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz del Vaticano, hombre de color que nació en un país que saltó a los titulares argentinos con la incautación de la fragata Libertad: Ghana. En los aprontes de Ladbrokes, Turkson manifiesta preferencias 3/1 entre los apostadores que se van anotando hora ahora en ese pronóstico.
La silla de Pedro es una monarquía de electores cuyos príncipes -los cardenales- eligen al jefe de la Iglesia; esa decisión que la Iglesia remite al Espíritu Santo que se manifiesta en el voto colectivo de los integrantes del cónclave y no surge del voto popular. Lo que digan los apostadores no determina ningún resultado, pero tampoco es un indicador despreciable. Quien apuesta por un papa y arriesga dinero es presumible que ha estudiado el contexto de la elección papal y muestra algún compromiso, hasta confesional, en el resultado. Si además se juega unos pesos ante una contienda tan hermética, lo que digan esos apostadores vale tanto como los vaticinios de los vaticanistas que presumen de saberlo todo, aunque después se equivoque. También es seguro que los apostadores han leído las profecías de los vaticanistas con lo cual el cuadro de preferencia de las agencias de apuestas va más allá del entretenimiento. Santa Teresa les decía a sus hijas que estaban en la cocina que "Dios se mueve entre los cacharros". ¿Por qué no habría de estarlo en las apuestas?
El listado de Ladbrokes sobre la tendencia entre apostadores sobre el nuevo papa parece privilegiar las chances de Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales y consejero de la Comisión Pontificia para América Latina. Un hombre de Lomas de Zamora -Tercera Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires- que estuvo en el despacho de Cristina de Kirchner antes de la última Navidad visitando una muestra de pesebres. Su mejor amigo hoy en la política es el sindicalista de los taxistas Omar Viviani, quien visitó la semana pasada al renunciante papa y que ayer recibía chanzas de todo tipo. Las de mal gusto le atribuían un flujo negativo en la suerte de Benedicto XVI; las más joviales imaginan que el gremio de los taxistas pueda poner al nuevo papa. Sandri es además muy amigo del exembajador ante el Vaticano Esteban Caselli y fue noticia hace algunos años por la defensa que hizo del banquero Trusso, enredado en un caso judicial.
En la lista de preferencias de los apostadores, ayer Sandri ocupaba un promisorio cuarto puesto -paga 6/1, y relega al fondo de la lista a Jorge Bergoglio, obispo de Buenos Aires hasta fin de año, cuando se cumplen los dos años de gracia que la Santa Sede les da a los renunciantes por edad, a los 75 años-.
Bergoglio fue una de las estrellas de la última elección papal cuando en una de las rondas logró 40 votos por sobre el centenar de quienes votaban. Es un crítico de la dirigencia criolla, a la que atiende con precisión cuando se pone frente al micrófono y, a diferencia de Sandri que se recuesta en los sectores más conservadores del cardenalato, sostiene una posición moderada y de fuerte convicción al momento de hacer balances entre progresistas y tradicionalistas. Jesuita, tiene un pasado juvenil en el peronismo y es el segundo elector y elegible en un cónclave para el cual los apostadores le daban ayer pocas posibilidades: pagaba 25/1.
En el Gobierno y hasta entre los políticos se activaron ayer las usinas informativas sobre esta elección que, como ocurre con otras contiendas off shore, enfilará las posiciones en defensa de una o otra chance. El embajador Juan Pablo Cafiero informó que se había enterado por la TV de la renuncia de Benedicto y prometió para hoy un informe completo de lo que puede pasar, porque es una puja en la buscará su lugar el Gobierno argentino, que siempre ha buscado tener la mejor relación con el Vaticano. Lo hacen todos los gobiernos, en realidad, que ponen embajadores que más bien representan a Roma ante Buenos Aires y no al revés. En 2004, cuando asumió la presidencia, Néstor Kirchner designó al sindicalista más pío, Carlos Custer, hombre de ATE; eran momentos de romance entre el kirchnerismo y esa liga sindical.
Cuando se produjo el relevo en 2007, Cristina de Kirchner propuso al exministro Alberto Iribarne, a quien vetó Roma por su estado civil. Tras un año de vacancia, designó a Juan Pablo Cafiero, exministro aliancista y del peronismo bonaerense que además pertenece a una etnia de fuerte aroma confesional, como que su padre fue también embajador ante el Vaticano.
Los vaticinios de los vaticanistas de aquí, allá y acullá explican que el listado de apuestas de Ladbrokes figure en el puesto 5, debajo de Sandri, el arzobispo de Milán Angelo Scola. La mayoría de los observadores decía ayer que su perfil conservador y el rol que le dio Benedicto a Scola, que antes fue Patriarca de Venecia y a cuya asunción en Milán concurrió el Papa en persona, le dan las mejores posibilidades de ganar la elección. Del centenar de electores 61 son europeos y 21 de ellos son italianos. Con ese sector conservador está identificado el actual secretario de Estado Tarcisio Bertone, una especie de primer ministro de la corte vaticana a quien Benedicto le dio además el cargo de Camarlengo, es decir, quien maneja las finanzas del Vaticano. Cuando renuncie el papa Ratzinger al cargo el próximo 28 de febrero deberán renunciar todos los secretarios y funcionarios de la primera línea de la administración. Quedará a cargo del Papado Bertone, quien organizará el cónclave para la elección.
El entusiasmo criollo por tener a dos elegibles para el Papado es irrefrenable, aunque se apoye en un entendimiento de la Iglesia y de sus ministros más cerca de lo humano que de lo divino. Claro que esta insólita renuncia -no ocurría desde el siglo XV- exhibe el costado humano de tan altas dignidades que a veces parecen fuera de lo cotidiano y que sostienen uno de los motores de la sociedad que es la nostalgia de realeza. Mirar al Papa como hombre es lo que transmite esta noticia en la que un intelectual como Ratzinger aparece con una decisión de gran humanidad. Eso justifica la mirada prosaica de políticos y observadores, que ayer ganó a hombres de la Iglesia. El exsecretario de Juan Pablo II Stanislaw Dziwisz (hoy arzobispo de Cracovia) pareció hacerle un reproche al renunciante: "Wojtyla se quedó, entendía que de la cruz nadie se baja". Marcó una diferencia y fue como decirle pecho frío. Humano, demasiado humano.


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