18 de abril 2012 - 00:00

Impacta a Uruguay hallazgo de restos de otro desaparecido

El hallazgo de huesos del sindicalista de izquierda Ricardo Blanco Valiente en un predio militar, donde ya habían sido encontrados restos de otro desaparecido, alimenta la hipótesis de que allí funcionó un cementerio ilegal.
El hallazgo de huesos del sindicalista de izquierda Ricardo Blanco Valiente en un predio militar, donde ya habían sido encontrados restos de otro desaparecido, alimenta la hipótesis de que allí funcionó un cementerio ilegal.
Montevideo - La identificación de restos óseos hallados en marzo en un cuartel a las afueras de Montevideo, los segundos descubiertos allí en los últimos meses, reforzó ayer la teoría de que el recinto militar fue usado como cementerio clandestino por la dictadura (1973-1985).

Según informó la Presidencia uruguaya en su página web, a partir del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, que colabora en la investigación, se pudo determinar que los huesos hallados el pasado 15 de marzo pertenecen a Ricardo Blanco Valiente, un militante comunista desaparecido en 1978.

Tras conocer la noticia, Ana Cecilia Blanco, hija de la víctima, indicó al Canal 10 de televisión tener «sentimientos encontrados».

«Sentimos que nos sacude tanto, pero a la vez es un alivio para el alma», dijo Blanco, que aseguró no haber perdido nunca «la esperanza de que en algún momento la verdad iba a salir».

Su padre nació el 27 de diciembre de 1938 en la ciudad de Mercedes, a unos 280 kilómetros al noroeste de la capital uruguaya, y era propietario de un almacén en Montevideo.

En su ciudad natal fue empleado de la compañía pública UTE (Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas) y dirigente del Plenario Intersindical de la ciudad de Mercedes.

Casado y padre de dos hijos, en el momento de su detención militaba en el Partido Comunista Revolucionario (PCR).

En el lugar del hallazgo de sus restos, el cuartel del Batallón 14 de Paracaidistas del Ejército, ya habían sido descubiertos otros en octubre pasado, en aquel caso los del maestro Julio Castro, una de las víctimas emblemáticas de la dictadura porque fue asesinado a los 68 años tras ser torturado brutalmente.

En el caso de Blanco, la Presidencia uruguaya informó ayer que «no hay indicios de que en este caso haya habido ejecución», un punto sobre el que no se quiso pronunciar el experto José López Mazz, que lidera el equipo de arqueólogos y antropólogos que trabaja en la zona, formado por ocho personas.

López Mazz sí enfatizó, en cambio, que «se maneja como hipótesis que el lugar se usaba como un cementerio clandestino que los represores llamaban con humor negro Arlington», como el famoso cementerio de Washington.

Trasladados

Las primeras excavaciones en el recinto militar se remontan a hace siete años, cuando Tabaré Vázquez (2000-2005), el primer gobernante de izquierda del país y correligionario del actual, José Mujica, ordenó buscar allí los restos de otra víctima emblemática del régimen de facto, María Claudia García, nuera del escritor Juan Gelman, y de la abuela de Plaza de Mayo Berta Schuberoff.

Se cree que una veintena de uruguayos fueron trasladados de Buenos Aires a Montevideo, asesinados y enterrados en el cuartel del Batallón 14, aunque el hallazgo de Castro y de Blanco abre la posibilidad de que en ese espacio fueron sepultadas también otras víctimas.

Existe asimismo otra teoría, respaldada con testimonios de exmilitares procesados, de que en el recinto militar se llevó a cabo en los últimos años de la dictadura la llamada Operación Zanahoria, un intento desesperado de los militares de desenterrar los restos y volverlos a ocultar para que no fueran encontrados.

Esto explica la posible dispersión de los restos, que obliga a López Mazz y su equipo a trabajar con maquinaria pesada en el cuartel.

«Cuando tenés 400 hectáreas para trabajar el peligro es que no encuentres, no que rompas los huesos», argumentó.

Agencias EFE y ANSA

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