28 de marzo 2014 - 00:00

Imperdible “Mesías” en versión Wainrot

La coreografía de Mauricio Wainrot no busca literalidad argumental, pero es fiel al espíritu de la música de Händel.
La coreografía de Mauricio Wainrot no busca literalidad argumental, pero es fiel al espíritu de la música de Händel.
"El mesías". Coreografía: M.Wainrot sobre fragmentos del oratorio G. F. H TMndel. Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín (Sala Martín Coronado, Teatro San Martín).

Por su carencia de un relato explícito, por la abstracción de sus líneas, por la universalidad de su alcance, por la genialidad de su construcción y la teatralidad de su música, "Messiah" (tal el título original del oratorio de Georg Friedrich HTMndel) es una materia prima de altísimo interés para un coreógrafo. Y allí es donde comienza la feliz cadena de factores que hacen de la reposición de "El mesías", la obra de Mauricio Wainrot que el Ballet Contemporáneo del San Martín ofrece por estos días, una experiencia imperdible.

El oratorio, estrenado en el Music Hall de Dublin en abril de 1742, lleva libreto de Charles Jennens (una hábil selección de textos del Antiguo y el Nuevo Testamento) y está estructurado en tres partes: la primera se centra en la llegada del Mesías, la segunda parte alude a la pasión de Cristo y la tercera en su resurrección y triunfo sobre el pecado.

Wainrot utiliza fragmentos de las dos primeras, tanto arias y recitativos como los poderosísismos coros que han dado gran parte de su fama y su brillo al "Mesías"; inteligentemente, su coreografía no busca literalidad argumental (salvo por algunos contados momentos), y casi podría decirse que explícitamente la elude. Pero a lo que sí es infaliblemente fiel el coreógrafo argentino es al espíritu de la música de HTMndel, una buena porción de ella adaptación de partituras anteriores.

El arte y su misteriosa alquimia: a través de una sensualidad que se respira de principio a fin, Wainrot potencia la espiritualidad del texto literario y del texto musical. No es necesario conocer el significado del libreto para ser partícipe de ese torrente de belleza, pero si se lo conoce el deleite es casi infinito.

Apenas un ciclorama que se va tiñendo levemente, apenas unos bancos y bastidores blancos y unos trajes de líneas sencillas (obra del inolvidable Carlos Gallardo), son el vehículo visual, el lienzo sobre el que Wainrot dibuja en los cuerpos de su impecable compañía una serie de cuadros que constituyen una celebración de la vida, de la música y del movimiento.

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