19 de noviembre 2010 - 00:11

Instancias finales en Mar del Plata

Emmanuelle Seigner y Vincent Gallo en una escena de «Essential Killing», de Jerzy Skolimowski, que se vio en Mar del Plata.
Emmanuelle Seigner y Vincent Gallo en una escena de «Essential Killing», de Jerzy Skolimowski, que se vio en Mar del Plata.
Mar del Plata - Una morochita de camiseta y minifalda invade la casa de un tipo maduro, lo domina, lo ata y le pone el pie encima. Así empieza «La vigilia» (Augusto Tamayo, Perú), que no es, como podría pensarse, algo para pervertidos, sino un drama de acción acerca de las diferencias sociales en la noche limeña. También dramas de acción, «Essential Killing» (Jerzy Skolimowski, Polonia y siete países más), con Vincent Gallo huyendo de los norteamericanos en Afganistán y en algún lugar nevado de Europa adonde sus captores lo llevaron, y «Shekarchi», el cazador (Rafi Pitts, Irán), con un tipo que decide apuntar su fusil de mira telescópica contra la policía. Esas fueron tres de las cuatro obras vistas este jueves en competencia. Interesantes las tres, y bien tensas, con un plus de rareza la última dado su origen (pero no debería extrañarnos, porque este festival luce también una sección de cine iraní contestatario, muy distinto del que conocemos).

La cuarta película no es de acción. Es de un catador que perdió el paladar y sale a buscarlo por tierras cuyanas, «El camino del vino» (Nicolás Carreras, Argentina). Por ahí también la propia película se pierde un poco, pero es fresca, simpática, y finalmente hasta emotiva, cuando el hombre encuentra su «terroir» junto a su familia, como debe ser. Pieza agradable, para disfrutar con un pinot.

Hoy se verá lo que resta de competencia: «Beli, beli svet», blanco blanco mundo (Dieg Novkovic, Serbia, drama de amores torturados), «Abel» (Diego Luna, México, que ya ganó lo suyo en San Sebastián), y las nacionales «Antes del estreno» (Santiago Giralt), con Erica Rivas en papel cassavettiano, «La palabra empeñada» (J.P. Ruiz, Martín Masetti), sobre el discutido periodista y guerrillero Jorge Ricardo Masetti, con testimonios de sus compañeros de letras y de armas, y la esperada «Aballay, el hombre sin miedo» (Fernando Spiner), suerte de western criollo con Pablo Cedrón, Nazareno Casero, Claudio Rissi, Moro Anghileri, sobre cuento de Antonio Di Benedetto. Hay buena expectativa.

Se definen también las competencias de cortos argentinos y latinoamericanos, y el working progress con trece trabajos en busca de dineros, entre ellos «La mujer del eternauta» (la viuda de H.G. Oesterheld, autor de la historieta) y «Grisel» (la mujer que inspiró el tango de Mores y Contursi, que muchos hoy adjudican a Fito Páez y el «flaco» Spinetta). Pero el festival sigue hasta el domingo, con varios títulos en secciones informativas, charlas (Hal Hartley, Dominique Sanda), presentaciones, y un concierto de la Sinfónica de Mar del Plata.

Recientes actividades especiales dignas de mención, el homenaje en memoria de Salvador Sammaritano con sus cortos preferidos, una charla de especialistas australianas y argentinas sobre conservación, tres talleres, una singular función de «cine sonoro» tucumano (dos cortos que el público siguió con los ojos tapados), un documental de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA registrando la movida del año pasado, cuando entre alumnos y egresados se llevaron casi la mitad de los premios en juego, y varias películas fuera de competencia, dignas de verse. Entre ellas, las comedias «La peluquera», de Doris Dörrie, «Mammouth», con Gerard Depardieu, y todas las del ciclo Pierre Etaix, verdadero deleite. Otro deleite, muy bueno, instructivo y divertido, el Tomo III de «Homero Alsina Thevenet. Obras completas», editado por el propio festival.

No precisamente deleitable pero sí una curiosidad, «Kindergarten», delirio kitsch de Jorge Polaco, 1989, dos veces prohibido por la justicia en defensa de los niños que allí actuaban, dos veces declarado libre de culpa y cargo, 21 años maldecido por sus productores, pero no por el público, mayormente adulto, que lo siguió sin deserciones y charló después con el autor. La pregunta reiterada, «¿por qué la prohibieron?» la contestó Polaco mostrando los amenazadores volantes que en aquel entonces lanzaba contra la película una organización moralista de armas tomar (más concreto, de piedras tirar, porque rompían las puertas de las salas teatrales).

Una lástima que no estuvieran el director de fotografía Pucho Courtalon, gran artista, su camarógrafo José Trela, los niños, que ahora ya estarán en la universidad, ni Arturo Puig, que aparece desnudo recibiendo las atenciones de una maestra jardinera.


* Enviado Especial

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