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“Intento no estar nunca por delante de la obra”
Rita Cosentino dando indicaciones durante los ensayos de «Madama Butterfly» en La Plata: «No quise reproducir la estampa que se ve en todas partes, que no es la del Japón real».
Periodista: ¿Cuál es su enfoque de esta ópera?
Rita Cosentino: Voy a empezar por decir lo que no quería hacer, y era la estampa que se ve en todos lados, que por otra parte es una ficción, así que decidí llevar a cabo la puesta en un contexto que me permitiera hablar del drama real y profundo de los personajes. Está ubicada durante la ocupación americana, entre 1947 y 1952. También reconstruí algo que está apenas sugerido en el libreto: el ambiente en el que Butterfly se movía antes, algo que ella siempre recuerda como muy terrible, y así es como el primer acto transcurre en ese teatro donde ella bailaba y hacía de geisha. En esa época se inventó lo que se denominaba «mujeres de confort», se desvirtuó la profesión de geisha y éstas pasaron a ser prostitutas para poder comer. La segunda parte es mucho más realista, y lo que se ve no es una linda casita sino un lugar bastante feo que da cuenta del deterioro y el paso de los años, para que tenga más sentido el drama que se va a desarrollar.
P.: ¿Y en el caso de Pinkerton, cómo se aborda el personaje?
R. C.: Ya sabemos que encarna el poder superior que viene a colonizar, pero me interesó ir a la primera esencia de lo que sería este personaje, su motor. Creo que en su caso el núcleo del conflicto es la diferencia y la forma en que cada uno reacciona ante ella, la tolerancia o intolerancia ante la diferencia. Él en realidad no actúa diferente de otros soldados durante la ocupación: le ofrecen a una mujer para pasar el tiempo, y él la toma como algo utilitario; recién toma conciencia del drama cuando ve las consecuencias que desencadena, justamente por esta falta de comprensión ante el otro y la conciencia de lo que le puede estar pasando.
P.: ¿De qué manera se puede conciliar en una puesta de «Butterfly» el contraste entre la interioridad de la cultura oriental y el canto que Puccini desarrolla, tan visceral y extrovertido?
R.C.: Sí, hay una contradicción, pero es el imaginario de lo que sería el Japón, no es el Japón, y si partimos de ahí podemos asumir la contradicción. Además en la época en la que yo sitúo la acción se dio un fenómeno de transculturación, las mujeres empezaron a vestirse a la occidental, o a mezclar ropa de ambas culturas, lo oriental dejó de ser puramente oriental. De hecho Butterfly se dice americana e imita algunos rasgos de esa cultura.
R.C.: ¿Qué metodología utiliza para desarrollar la concepción escénica de una obra?
R.C.: Lo primero que hago es una gran investigación de la obra, de su contexto histórico y de las razones de que sea así y no de otra manera. La misma obra me va dando señales, y se va armando un rompecabezas. Por supuesto recurro a las fuentes literarias, lo cual en este caso me conmovió mucho porque advertí el tema de la diferencia. En «Madame Chrysanthème» no hay demasiada acción, pero la descripción que hace Loti de ella y de todo lo que lo rodea está hecha de una forma muy despectiva, me sorprendió el tono en el que está escrita, porque por momentos está diciendo cosas tremendas y la describe como a un animalito, sin ningún tipo de conciencia de si lo que pasa está bien o está mal. Volviendo a la puesta en escena en general, uno puede hablar de muchas cosas siempre y cuando esas temáticas estén presentes en el original. A veces uno ve planteos escénicos que están por delante de la obra, y eso esprecisamente lo que yo trato de evitar.
Entrevista de Margarita Pollini

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