Bagdad - Irak se propone juzgar a yihadistas locales y extranjeros, pero sus cárceles podrían convertirse en “universidades de la yihad”, como ocurrió en el pasado, debido al hacinamiento y a la corrupción que carcome el sistema, advierten los expertos.
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Irak, ante el peligro de que sus cárceles sean universidades de yihad
Las condiciones no podrían ser más propicias para eso. Hasta 50 presos se apiñan en celdas de 20 metros cuadrados y cunde la ideología extremista.
Muchos líderes yihadistas, empezando por Abu Bakr al Bagdadi, jefe del grupo Estado Islámico (EI), que perdió su último bastión a finales de marzo en Siria y cuya suerte se desconoce, pasaron por ellas.
Después de que Estados Unidos invadiera Irak en 2003, Al Bagdadi estuvo detenido en Camp Bucca, una inmensa cárcel instalada por los estadounidenses en el sur de Irak y cerrada en 2009.
Este centro de detención, donde había dignatarios del derrocado régimen de Sadam Husein y miembros de la nebulosa yihadista, era conocido como “la universidad de la yihad”.
Más allá de las células activas en las cárceles, la detención puede facilitar el alistamiento, afirma Fadel Abu Reghif, experto en temas estratégicos.
“Muchos detenidos son ideólogos que hacen proselitismo, tienen un gran poder de persuasión y pueden adoctrinar a los otros presos”, afirma.
La solución es el “régimen de aislamiento”, estima Hisham al Hashemi, experto en movimientos radicales, pero eso requeriría obras costosas.
Además, añade Belkis Wille, de la ONG Human Rights Watch (HRW), “las celdas están superpobladas, tanto que hay casos de reclusos muertos en prisión, no sólo por torturas, sino por ese factor”.
Según fuentes judiciales, las celdas de 20 metros cuadrados previstas para 20 presos acogen a hasta 50. Fuentes de seguridad señalan que el nivel de ocupación de las cárceles iraquíes es del “150%”.
Para Wille, las cárceles de Irak no pueden en ningún caso “acoger a miles de presos que potencialmente se podrían enviar a ellas”. Por eso, por el momento se hallan en calabozos de los servicios de seguridad y algunos sufren “torturas”, según defensores de los derechos humanos.
Todos o casi todos vienen de las regiones sunitas ocupadas por el EI y devastadas por los combates librados para expulsar a los yihadistas. Unas zonas cuyos habitantes siguen a la espera de que las autoridades, entre las que predominan los chiitas, emprendan las obras de reconstrucción.
El EI, una organización ultrarradical sunita, podrá sacar provecho de esta frustración “y de la sensación de injusticia que sienten”, advierte Abu Reghif.
Con 20.000 personas detenidas por presuntos vínculos con el EI, según varios estudios (muchas más según los defensores de los derechos humanos), el caldo de cultivo penitenciario “dará nacimiento a un nuevo Bucca”, recalca el activista.
“El EI ya creó (en la cárcel) una red entre presos yihadistas con enlaces de comunicación”, añade.
De esta manera sale y entra información o se transmite entre distintas prisiones, “sobre todo a través de las esposas, madres y hermanas, las únicas autorizadas a acudir al locutorio”, afirma una fuente penitenciaria.
Para el centro Sufan especializado en seguridad, Bagdad y sus aliados no han encontrado una solución a esta amenaza.
“El sistema judicial iraquí está completamente saturado”, acusa. Al mismo tiempo “los países occidentales, de donde son originarios muchos combatientes, no asumen sus responsabilidades respecto a sus ciudadanos”.
Recientemente, Irak les propuso juzgar al millar de extranjeros en poder de los kurdos de Siria a cambio de al menos 2.000 millones de dólares.
Pero, recuerdan fuentes occidentales, en el pasado hubo fugas o ataques a cárceles.
En los años de insurrección y de violencia interconfesional posteriores a la invasión estadounidense de 2003, cientos de yihadistas, de aquella de Al Qaida, lograron huir de los centros penitenciarios.
Y es que en uno de los países más corruptos del mundo algunos compran su libertad, asegura Hashemi, que estima que “la corrupción en las cárceles ha alcanzado un nivel muy alto”.
Lo único seguro, añade Wille, es que “las autoridades no quieren de ninguna manera un nuevo Camp Bucca”. “En parte por eso muchos acusados están condenados a pena de muerte o a cadena perpetua” para que “no salgan nunca”.
Agencia AFP


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