4 de agosto 2014 - 00:00

Irán envió tropas de élite a Irak a frenar a los yihadistas

Agencias estatales de Irán difundieron la fotografía de los funerales de Shojaat Alamdari Mourjani, muerto en combate en Samarra a principios de julio. El régimen de los ayatolás mantiene un profundo silencio sobre su participación armada en el vecino Irak.
Agencias estatales de Irán difundieron la fotografía de los funerales de Shojaat Alamdari Mourjani, muerto en combate en Samarra a principios de julio. El régimen de los ayatolás mantiene un profundo silencio sobre su participación armada en el vecino Irak.
Beirut - A principios de julio, cientos de dolientes se reunieron para el funeral de Kamal Shirkhani en Lavasan, una pequeña ciudad al noreste de la capital iraní de Teherán. La multitud acompañaba el ataúd con decenas de carteles que mostraban a Shirkhani con el uniforme verde de la élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y lo identificaron como un coronel.

Shirkhani no murió en una batalla dentro de Irán. Perdió la vida a casi un centenar de kilómetros de distancia de la frontera de su país durante un ataque con morteros perpetrado por los militantes del Estado Islámico (EI) mientras cumplía con la "misión de defender" un santuario chiita en la ciudad de Samarra, según un informe sobre Basij Press, un sitio de noticias afiliado a la milicia Basij, supervisado por la Guardia Revolucionaria.

La muerte de Shirkhani en el Irak profundo demuestra que Irán comprometió sus botas para defender el territorio iraquí. Al menos otros dos miembros de la Guardia también murieron en Irak desde mediados de junio, en una clara muestra de que el régimen de los ayatolás aumentó su presencia en Irak para contrarrestar la amenaza de combatientes sunitas del Estado Islámico, una rama de Al Qaeda que se apoderó de gran parte del norte de Irak desde junio.

Las fuerzas de seguridad iraquíes prácticamente desaparecieron en el camino ante el avance del EI en Bagdad, lo que demuestra que el Gobierno liderado por los chiitas apenas podía defenderse.

A finales de junio, un portavoz del grupo militante, antes conocido como el Estado Islámico en Irak y el Levante, anunció que estaba acortando su nombre al Estado Islámico y gobernaría su territorio como un califato musulmán sunita supervisado por su líder Abu Bakr al-Baghdadi.

El EI considera a los chiitas herejes merecedores de la muerte, por lo que no ha dudado en ejecutar a cada miembro de esa rama del Islam. Por este motivo, los chiitas iraníes e iraquíes lo ven como una amenaza existencial.

Aliados


Irán, con profundos lazos con el Gobierno iraquí y una serie de milicias chiitas iraquíes, intervino para detenerlo. Sin embargo, altos funcionarios iraníes negaron que combatientes de la Guardia Revolucionaria o comandantes estén dentro de Irak. No obstante, el presidente iraní Hasán Rohaní prometió el apoyo de su Gobierno para ayudar a contrarrestar la amenaza planteada por el EI si el Gobierno iraquí lo pidiese.

A finales de junio, un clérigo iraní de alto rango, el ayatolá Nasser Makarem Shirazi, sostuvo en un comunicado que libraría la yihad para defender todo Irak, especialmente los lugares sagrados que son visitados cada año por millones de peregrinos chiitas, de acuerdo con un informe de la agencia semioficial Fars News. Samarra, una ciudad en el Tigris al norte de Bagdad, donde fue asesinado el coronel Shirkhani, cobija uno de los grandes santuarios chiitas, y fue el primeros en intentar ser dominados por los terroristas sunitas.

Las fuerzas gubernamentales iraquíes y las milicias chiitas fueron rápidamente movilizados, y hasta ahora, han tenido éxito en la defensa. Las muertes de Shirkhani y sus colegas son la prueba más fehaciente de la respuesta iraní.

"Cuando el EI alcanzó zonas chiitas en Irak, la Guardia Revolucionaria tenía fuerzas allí, dijo Mohsen Sazegara, su miembro fundador que ahora es un disidente con sede en Estados Unidos. "Murieron varios de ellos".

Qassem Soleimani, el jefe de la rama de operaciones exteriores de la Guardia conocidos como la Fuerza Quds, viajó recientemente a Bagdad, de acuerdo con informes publicados en varios sitios de noticias iraníes. Un parlamentario iraquí publicó una foto en internet de sí mismo con Soleimani en Irak a mediados de junio.

Los críticos culpan al primer ministro chiita de Irak, Nuri al-Maliki de exclusión de los sunitas del Gobierno en Bagdad, inflamar las tensiones sectarias y permitir que organizaciones como el EI cultiven apoyo entre la comunidad sunita de Irak.

El ascenso del Estado Islámico fue en parte culpa de Irán por hacer muy poco para frenar los impulsos sectarios de su aliado Al-Maliki, sostuvo Reza Marashi, un exoficial de escritorio de Irán en el Departamento de Estado de EE.UU., hoy director de investigación de la American Council National Iranian.

"Irán exageró el poder de su mano. Ellos se excedieron", dijo. "Al tratar de promover sus intereses con sus aliados iraquíes, a expensas de otros jugadores extranjeros y nacionales, mire lo que pasó: el Gobierno de Al-Maliki ayudó a dar lugar a ISIS".

A lo largo de la ocupación de Irak por EE.UU., que terminó en 2011, Washington acusó a Teherán de financiar, armar y entrenar a militantes chiitas acusados de estar detrás de algunos de los ataques más sangrientos contra las tropas norteamericanas y los homicidios por venganza de los sunitas. Esas milicias resurgieron en los últimos meses para unirse a la lucha contra los combatientes sunitas.

Un funcionario de seguridad iraquí de alto nivel que pidió no ser identificado, afirmó que Irán movilizó al menos a 20.000 milicianos iraquíes que financió y entrenó. Varios miles de combatientes iraquíes también fueron llevados a Siria, donde estaban ayudando a defender el Gobierno del presidente Bashar al Asad, sostuvo el mismo funcionario. Por otra parte, hay docenas de miembros de la milicia chiita libanesa Hizbulá en Irak, sostuvieron fuentes familiarizadas con el grupo.

Al contrario que en Siria, Washington y otras capitales occidentales esperan que Teherán utilice su influencia en Irak para ayudar a lograr un Gobierno más incluyente en Bagdad que desactive la crisis.

"Los iraníes aparentemente calcularon que no pueden preservar sus intereses en Siria sin Asad, no hicieron esos mismos cálculos sobre Maliki", afirmó Karim Sadjadpour, analista iraní de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. "Pero la pregunta es si existe una alternativa unificadora a Al-Maliki, un político iraquí que es a la vez un firme aliado de Irán y todavía aceptable para los iraquíes sunitas y kurdos."

Agencia Reuters

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